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Madrid será la tumba del “antifascismo”

Los 'antifascistas' toman las calles de Madrid  el pasado 7 de abril. (Foto: Europa Press).
Los "antifascistas" toman las calles de Madrid el pasado 7 de abril. (Foto: Europa Press).

LA CRÍTICA, 19 ABRIL 2021

Por Manuel Pastor Martínez
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Se atribuye a Huey Long, gobernador y senador demócrata disidente de Louisiana, la aguda predicción en los años 1930s de que el fascismo si algún día llegaba a América sería disfrazado de “antifascismo”.

Por las misma fechas y de manera similar, en España, el honrado socialista Julián Besteiro insinuó que el “antifascismo” de Francisco Largo Caballero y los radicales del PSOE durante la insurrección en octubre de 1934 era más parecido al fascismo que la propia CEDA, cuya victoria electoral democrática y participación en el gobierno republicano fue el pretexto o justificación para la agresión violenta y anti-constitucional de las izquierdas. (...)

... Huey Long sería asesinado en 1935 por los “gansters” en su propio partido. Besteiro sería marginado y liquidado políticamente por el PSOE en 1939, tras participar en el golpe anticomunista de Casado.

Los tristes sucesos en Vallecas el pasado 7 de abril (tristes para la pobre y enferma democracia española) ilustran cabalmente la gran confusión existente en los debates y discursos políticos de nuestras izquierdas, manipulando obscenamente la opinión pública.

En su última obra F. A Hayek (Fatal Conceit. The Errors of Socialism, Chicago, 1988) cita un aforismo de Confucio: “Cuando las palabras pierden su significado las personas pierden su libertad”. Sería conveniente recordarlo siempre que se discutan los auténticos significados de palabras como comunismo, anticomunismo (y “anti-anticomunismo”, expresión inventada por los conservadores norteamericanos William F. Buckley Jr. y L. Brent Bozell en 1954), fascismo, antifascismo (y “anti-antifascismo” expresión propuesta por mí en La Crítica, 6 de julio de 2020).

Durante la Guerra Civil, en noviembre de 1936, las izquierdas colocaron una gran pancarta en la calle Toledo de Madrid con un texto que se haría famoso:

¡No pasarán! El fascismo quiere conquistar Madrid. Madrid será la tumba del fascismo”.

Ya se sabe lo que pasó. Ahora vemos repetirse los eslóganes y manifestaciones de una quimérica resistencia contra un quimérico fascismo. El título que he elegido para este artículo, cautelosamente, lleva entrecomillado antifascismo. Lo cual es plausible en cuanto al posible resultado real de las elecciones en la Comunidad de Madrid el próximo 4 de mayo.

Lo verdaderamente triste y despreciable de la situación que estamos viviendo es la sucia retórica guerracivilista que padecemos, impuesta por los partidos radicales y desde las propias instancias gubernamentales. El inevitable y terrorífico pensamiento que invade nuestras mentes es obvio.

¿Estamos ante un nuevo tipo de Guerra Civil? Otra vez España está polarizada y tenemos un Frente Popular social-comunista, con el apoyo de los separatismos, en el gobierno de la Nación. En 1936-39 las izquierdas se beneficiaron de la colaboración militar de la URSS, aunque al final resultó insuficiente. Ahora esas izquierdas se han beneficiado de la colaboración –accidental o no- de la China comunista en una guerra de nuevo tipo, con armas invisibles pero trágicamente eficaces, ya que en solo un año las víctimas mortales están cerca de 140.000, según algunas estimaciones.

Mi pensamiento desiderativo es que ahora también resulte insuficiente la contribución china y que Madrid, siendo la tumba del “antifascismo”, marque el rumbo para re-encontrar la necesaria senda democrática, liberal y constitucional.

Probablemente ya caducó la era del bipartidismo que hoy añoran Pedro y Pablo (Sánchez y Casado). El Trumpismo en EEUU ha sido un ejemplar revulsivo, un “disruptor” del Establishment y de la partitocracia. Conscientes o no, partidos como VOX y otros representan el mismo fenómeno en la vieja Europa. Pero el bipartidismo no debe sustituirse por un multipartidismo de asociaciones narcisistas y rivales por el poder, fragmentando disfuncionalmente la representación parlamentaria, sino por una estructura bipolar de grandes coaliciones o alianzas concurrentes (especialmente necesitadas en el centro-derecha).

Volviendo al lamentable 7 de abril vallecano. Rigurosamente, el “antifascismo” puede presentar rasgos de fascismo, pero esencialmente es comunismo (ya que ambas ideologías usan por sistema la violencia y el terror). Porque en España, hoy, el fascismo no existe. Como ha escrito el maestro Stanley G. Payne, máximo especialista en la materia, es un enemigo imaginario, solo creíble desde el delirio o el cinismo de la extrema izquierda: “Aunque el fascismo prácticamente ha desaparecido, el antifascismo no. Un antifascismo sin fascismo permite crear exactamente el tipo de enemigo, uno que de hecho no existe.” (“Antifascismo sin fascismo”, La Gaceta, 26 de enero de 2021).

Mi opinión es totalmente coincidente con la del maestro Payne, como ya la expresé hace más de dos años (“¡Que viene el fascismo!”, La Crítica, 25 de marzo de 2019).

Hablando claro, y asumiendo que el “antifascismo” es una quimera porque el fascismo no existe, el próximo 4 de mayo Madrid más bien pudiera ser la tumba de un socialismo y un comunismo anacrónicos.

(Artículo publicado también en Libertad Digital el 16.04.2021)

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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