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Fuerzas Armadas sostenibles

El Congreso de los Diputados. (Foto: RTVE)
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El Congreso de los Diputados. (Foto: RTVE)

LA CRÍTICA, 1 DICIEMBRE 2020

Por Luis Feliú Ortega
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Es esta una idea que varios grupos políticos están difundiendo y exigiendo. Algunos como forma de debilitarlas, controlarlas y por lo tanto eliminando un posible obstáculo para sus objetivos. Pero otros probablemente por desconocimiento de lo que realmente significa. (...)

Recuerdo que un día, comentando con algunas personalidades las necesidades de la Defensa me decían que no dijera que los presupuestos de las Fuerzas Armadas (FAS) eran insuficientes, a lo que yo respondí que efectivamente, así dicho, sin otras consideraciones, no lo eran. Todo depende de lo que se pretenda y espere de ellas. En el límite, si la nación no está dispuesta a defenderse ni a cumplir con sus obligaciones internacionales, no se necesitan FAS y no es que sea insuficiente, es que sobra todo el presupuesto de Defensa.

Las FAS, por principio deben estar preparadas para actuar con éxito contra cualquier amenaza, especialmente las amenazas armadas, provengan de donde provengan y que afecte a la Seguridad Nacional, es decir a los ciudadanos e instituciones y a la soberanía e integridad territorial de España. Asimismo deben también estar preparadas para apoyar la política exterior de España y para contribuir a la Seguridad de nuestros socios y aliados de acuerdo con nuestros compromisos internacionales. Lo ideal, sin embargo, es que no hiciera falta su actuación sino que fuera suficiente con la disuasión.

El problema es que para que la disuasión sea eficaz es necesario que se den para las FAS las siguientes condiciones: Que sean suficientes para en su caso hacer frente a la amenaza y neutralizarla, que haya voluntad política de utilizarlas y que lo anterior sea creíble y percibido así por el posible adversario.

Así pues, lo primero es identificar las amenazas, riesgos y desafíos a nuestra Seguridad Nacional. Para ello, el nivel político cuenta con el Sistema de Seguridad Nacional y especialmente con el asesoramiento de las FAS representadas por el Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) y de los servicios de inteligencia representados por el CNI. El siguiente paso debe ser el determinar las capacidades necesarias que deben poseer las FAS para garantizar la Seguridad Nacional. Finalmente deben preverse los fondos necesarios para sostenerlas.

Aquí viene el problema de nuestro enunciado: si no se proveen los fondos suficientes las FAS no serán sostenibles, pero entonces la disuasión no será eficaz frente a las posibles amenazas y llegado el caso no podrán neutralizarse. El discurso político puede hacer oídos sordos y minusvalorar las amenazas o discutir a los profesionales las capacidades necesarias y peor aún, mantenerlas en condiciones de ineficacia por falta de recursos.

Es muy posible que sea ésta última la situación actual de nuestras FAS y la solución que se propone es reducirlas para que sean sostenibles pero lo que no se dice es si entonces tendrán las capacidades necesarias y suficientes. En el probable caso de que así no sea, los poderes públicos están obligados a asumir los riesgos y hacerlo saber a la sociedad. Muchos conflictos y guerras se han perdido a lo largo de la Historia por mantener engañada a la población sobre las posibilidades de sus FAS. Luego vienen las lamentaciones y exigencia de responsabilidades a los que menos culpa tienen que frecuentemente son los militares. Porque si bien la responsabilidad es siempre del mando político, el mando militar debe también denunciar la situación, en los niveles adecuados y con la debida confidencialidad, pero esto es difícil porque el político ya se preocupa de poner en la cúpula militar a personas adictas y si no, destituirlas o forzar su dimisión. Desgraciadamente, en España tenemos ejemplos recientes.

Se puede argüir que el presupuesto del Estado no permite sostener a las FAS que serían necesarias, en cuyo caso habrá que admitir los riesgos correspondientes, pero si extrapolamos esto a otros campos, podríamos también preguntarnos si es necesario y se puede sostener el número de cargos y asesores políticos o un Gobierno tan numeroso o tan numerosos parlamentos autonómicos o unas subvenciones tales a partidos políticos, sindicatos y medios de comunicación.

En conclusión, nuestras Fuerzas Armadas deben ser sostenibles pues en caso contrario no pueden cumplir sus misiones pero lo principal no es esto sino que deben tener las capacidades necesarias para hacer frente a las posibles amenazas y por lo tanto garantizar la Seguridad Nacional. Lo contrario puede ser suicida, además de constituir un engaño a la Nación, a sus instituciones y a su población.

Luis Feliu Ortega
Teniente General (r)
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