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Signo de los tiempos: los ricos todavía más ricos

Jef Brezos, fundador de Amazon, el hombre más rico del mundo. (Foto: www.https://www.entrepreneur.com)
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Jef Brezos, fundador de Amazon, el hombre más rico del mundo. (Foto: www.https://www.entrepreneur.com)

LA CRÍTICA, 12 NOVIEMBRE 2020

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Hace tres años Putin, refiriéndose a la Inteligencia Artificial (IA), dijo: “El país que lidere la IA, gobernará la Tierra”. El mundo científico le ha dado la razón: durante los últimos años los artículos más citados tratan de la IA. También está confirmado por lo que se ha llamado la “II Guerra Fría”, esta vez, entre EE.UU. y China. (...)

... A diferencia de las tres revoluciones más importantes de los últimos tiempos: máquina de vapor, generador eléctrico y técnicas de información y comunicación (TICs); la IA, es la más radical, la más profunda con relación al equilibrio entre las naciones, la que la más está incidiendo en la Sociedad y el comportamiento humano.

El último avance de la IA, el aprendizaje automático, es lo que permite que una máquina nos lea un texto, nos escriba lo que le dictemos, los asistentes personales, el internet de las cosas (IoT), los sistemas de recomendación y búsqueda de información y contenidos de todo tipo (objetos, servicios, películas, noticias, datos, referencias, citas, música, clima, eficiencia energética, respuesta a consultas legales o a preguntas sobre la declaración de la renta y un larguísimo etcétera), que en un futuro próximo abarcará la mayor parte de las motivaciones, estímulos e intereses del hombre y de la sociedad.

Ahora bien, aunque el progreso de la IA es extraordinario, es difícil saber o que va a pasar en la próxima década, si se produce, por ejemplo, un avance significativo en la computación cuántica.

Ya en 1995 las máquinas manifestaron algunas actividades que cabe considerar propias de la inteligencia humana, Así, aquel año, demostraron ser invencibles en el juego de damas, sabiendo que en el mismo existen 10 elevado a 20 posiciones inteligentes en su tablero; y lo mismo ocurrió dos años después con el yang que dispone de 10 elevado a 30 posiciones en su tablero de juego; y dio la vuelta al mundo la noticia de que aquel mismo año, el ordenador de IBM, Deep Blue, venció al campeón del mundo de ajedrez, Kasparov, dado que el ajedrez alcanza la cifra de 10 elevado a 120 de posibles posiciones.

El paso siguiente, cualitativamente diferente, fue el avance conseguido por la IA denominado, con acierto, aprendizaje automático, puesto que la máquina va aprendiendo de los distintos datos que se le van facilitando. Así, el 2011, el ordenador de IBM Watson venció en el concurso de preguntas y respuestas Jeopardy!, que emite la cadena de televisión estadounidense ABC, al imponerse a los dos mejores concursantes de la historia del programa, habida cuenta que algunas de las preguntas contenían palabras de doble sentido.

En 2016, una nueva hazaña de la máquina sobre el hombre -que se contó con detalle en este periódico-, en el apasionante torneo entre la máquina de Inteligencia Artificial Alpha Go de Google y el surcoreano Lee Se-dol, campeón mundial del llamado ajedrez oriental o go. La competición fue a cinco partidas y hubo un momento emocionante, cuando el campeón, después de perder las tres primeras partidas, consiguió vencer a Alpha Go en la cuarta, tras casi 5 horas de juego. Sin embargo, fue derrotado definitivamente en la quinta. Se da noticia de esta victoria porque, AlphaGo constituye un tipo de tecnología desconocido hasta el presente; a diferencia de Deep Blue, la máquina que venció a Kasparov -dado que el go entraña una cantidad de movimientos tan superior a los del ajedrez que, en la actualidad, no hay ordenador capaz de calcularlos-, AlphaGo debió aplicar redes de neuronas artificiales que van aprendiendo automáticamente, para encontrar la estrategia adecuada. En 2018, DeepStack ganó en la modalidad de póker más compleja, ¿Acaso las máquinas de IA saben ya mentir?

La victoria de EE.UU. con AlphaGo sobre China en el go, puede suponer para los americanos lo que el Sputnick ruso, una carrera tecnológica, que por ahora va ganado China.

Kai-Fu Lee, en su libro, de obligada lectura (KAI-FU LEE, Superpotencias de la inteligencia artificial: China, Silicon Valley y el nuevo orden mundial Ed. DEUSTO; también he consultado el libro de Luis Moreno y Andrés Pedreño, Europa frente a EE.UU. y China. Prevenir el declive en la era de la inteligencia artificial, de los que no puedo citar las páginas porque los he leído en Kindle), demuestra que el líder en IA, se lo lleva todo y que en la lucha entre EE.UU. y China, la victoria parece que se inclinará a favor de China. Este autor analiza cuatro factores, en los que coinciden otros expertos, que van a determinar el éxito y predominio en este campo.

En primer lugar, la cantidad de datos disponibles para entrenar el correspondiente algoritmo; aquí, es claro, que China supera a Norteamérica. En segundo lugar, el espíritu empresarial y los ecosistemas, y aquí, también, de manera sorprendente, los chinos están por encima de los americanos. Los chinos estuvieron copiando durante años, pero posteriormente crearon sus propias empresas que compiten entre ellas con una fuerza desconocida, incluso para el capitalismo más radical. En China vale copiarlo todo, de manera que ello ha provocado que aumente el acopio de datos. Kai- Fu Lee, propone el siguiente ejemplo. A diferencia de un empresario americano, si uno chino diseña un algoritmo para repartir comida a domicilio, no se queda ahí, sino que contrata desde los distribuidores, hasta las bicicletas o motos, y cada una de ella lleva el correspondiente chip, que está recogiendo continuamente datos, de manera que si otro empresario chino le copia el algoritmo, no puede competir con el del primero, dado que la inmensa cantidad de datos recogida por éste, ha perfeccionado de tal forma su algoritmo, que ya no tiene rival, lo expulsará a él y a cualquier otro del mercado, se lo quedará todo el primero, puesto que no tendrá ya posible competidor.

El tercer factor, los ingenieros de élite y aquí es claro el predominio de EE.UU., pero lo que sucede es que por bueno que sea un ingeniero, si se enfrenta con otro de menor capacidad, pero que le centuplica en datos disponibles, siempre el algoritmo del ingeniero menos capacitado funcionará mejor que el de mayor capacidad. Finalmente, el cuarto factor es el gobierno, y aquí igualmente, sin discusión posible, resulta superior el Gobierno chino, que no tiene que dar cuentas a casi nadie.

La conclusión es que, dado que las ganancias procedentes de la IA superarán los 15 billones de dólares, ello llevará necesariamente a una modificación de la geopolítica mundial, porque, en mucha mayor medida que lo ocurrido con Internet que parecía pertenecer a todos, pero que ya en la actualidad es un oligopolio, la IA, junto con las tecnologías complementarias en mayor o menor medida, parece destinada a convertirse en un monopolio o quizá en un duopolio.

Naturalmente el escenario es mucho más complejo y requiere plantearse, por ejemplo, que ocurriría si Europa se une y planta batalla en estas y otras tecnologías y qué papel desempeñarán Rusia, el Reino Unido, Israel, Canadá o Corea del Sur; así como que sucederá con el empleo y con los avances que suponen una modificación del comportamiento humano y un cambio en el mundo sanitario, el educativo, el financiero, etcétera.

En todo caso, es preciso no acabar este artículo sin una referencia a lo más importante: a la ética (si bien de ella, con relación, precisamente a la IA, se trató con detalle en otro artículo publicado en este mismo periódico).

La esencia de esa ética la establece en unas pocas frases el papa Francisco en un video del día 8 de este mes: “La inteligencia artificial está en la raíz del cambio de época que estamos viviendo”, y “puede hacer posible un mundo mejor si va unida al bien común… porque si el progreso tecnológico aumenta las desigualdades, no es un progreso real… Los futuros avances deben estar orientados al respeto de la dignidad de la persona y de la Creación”; y refiriéndose al avance y desarrollo de la IA pide, que esté “siempre al servicio del ser humano… podemos decir ‘sea humano”. De manera, que de no cumplirse con estas exigencias, la riqueza se concentrará en muy pocas manos, y como consecuencia de ese abrumador poder económico, esas personas tendrán el poder político, mediático, sanitario, militar, laboral, de ocio…

Francisco Ansón
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