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EL FIN, EL CAMBIO, EL PRINCIPIO (2)

Ilustración: https://mundo.sputniknews.com/
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LA CRÍTICA, 21 JULIO 2020

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¿Estamos, pues, ante el Fin de los tiempos? “Pero acerca de aquel día y hora nadie sabe, ni los ángeles de los Cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre.” (Mt. 24, 36 y Mc. 13, 32). Naturalmente, Jesucristo se refiere a Él en cuanto hombre, dado que en cuanto Dios, por supuesto lo conoce y por ello avisa que estemos preparados, porque “el Día del Señor vendrá cuando menos se espera, como ladrón por la noche” (2 Ptr. 3, 10; 1 Tes. 5, 2 y Apoc. 16, 15). (...)

... No obstante, en numerosas ocasiones, falsamente, se han fijado no sólo el año, sino incluso el mes y el día de ese fin. Es lo cierto que según van pasando los siglos cada vez estamos más cerca del Fin de Los tiempos. De hecho, en el momento actual existen algunos signos de esos tiempos que antes no se habían dado en la Historia de la Humanidad.

Un texto que se ha relacionado con el Fin de los tiempos es el del capítulo 13 del Apocalipsis: “…Toda la tierra seguía admirada a la bestia. Adoraron al dragón, porque había dado el poder a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia? ¿Quién podrá guerrear con ella? Diósele asimismo una boca, que profiere palabras llenas de arrogancia y de blasfemia, y fuele concedida autoridad para hacerlo durante 42 meses. Abrió su boca en blasfemias contra Dios, blasfemando de su nombre y de su tabernáculo. Fuele otorgado hacer la guerra a los santos y vencerlos. Y le fue concedida autoridad sobre toda tribu, y pueblo, y lengua, y nación. La adoraron todos los moradores de la tierra, cuyo nombre no está escrito, desde el principio del mundo, en el libro de la vida de Cordero.

Si alguno tiene oídos, que oiga….. En esto está la paciencia y la fe de los santos. Vi otra bestia que subía de la tierra y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero pero hablaba como un dragón. Ejerció toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella e hizo que la tierra y todos los moradores de ella adorasen a la primera bestia, cuya llaga mortal había sido curada. Hizo grandes señales, hasta hacer bajar fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Extravió a los moradores de la tierra con las señales que le fue dado ejecutar delante de la bestia, diciendo a los moradores de la tierra que hiciesen una imagen en honor de la bestia. Fuele dado infundir espíritu en la imagen de la bestia e hiciese morir a cuantos no se postrasen ante la imagen de la bestia, e hizo que a todos, pequeños y grandes ricos y pobres libres y siervos, se les imprimiese una marca en la mano derecha y en la frente, y que nadie pudiese comprar o vender sino el que tuviera la marca, el nombre de la bestia o el número de su nombre. Aquí está la sabiduría. El que tenga inteligencia calcule el número de la bestia, porque es número de hombre. Su número es el seiscientos sesenta y seis”.

Hay que tener en cuenta que el capítulo 13, como el resto del Apocalipsis, lo escribe san Juan adoptando el género apocalíptico, que es un género literario muy extendido entre los judíos desde el siglo ll a. C hasta el siglo ll d. C. y su contenido lo forman revelaciones acerca del futuro (escatología), por lo que se le ha relacionado, no sólo con aquel tiempo sino con el futuro de la Humanidad, de forma que lo que en él se describe es la lucha, que llega al final de la Historia, entre el Bien (en este capítulo representado por el pueblo elegido, por los cristianos) y el Mal (Satán).

De forma que para san Juan la bestia es un remedo de Cordero, que lleva la cicatriz igual que Cristo su herida mortal, y la tierra admira el poder de Roma, poder que, en cuanto perseguidor de los cristianos, no viene de Dios, sino del dragón (que corresponde a Antíoco y lo que representó); éste aspira a ser adorado en su imagen y en el culto que se daba la diosa Roma y a sus césares.

El versículo 5, describe concretamente a Antíoco y sus constantes blasfemias declarando su divinidad y la exigencia del culto religioso, durante los tres años y medio que durará la “lucha de la Iglesia” (11,3). Sin embargo, como San Pedro, así San Juan advierte que la persecución de la bestia contra los fieles y su momentánea victoria, no es debida a que su poder supere el de Dios sino sólo a la permisión divina.

El versículo 11 hace aparecer una segunda bestia, que es un auxiliar de la anterior y cuya actividad se ordena a fomentar el culto de la primera y, por tanto, del dragón en ella, es la magia, las falsas religiones, que se avenían muy bien con el culto pagano y con el culto imperial, y que por esto se declararon adversarias del cristianismo. Sus apariencias exteriores son como de Cordero pero las anima el mismo espíritu del dragón que a la primera bestia.

En efecto, dos autores ten versados en este tema, como como P. Paulo Diercks y P. Miguel Jordá, en es.catholic.net, confirman esta interpretación: “La segunda bestia (la de las falsas religiones) es la que está marcada con el 666 (Apoc. 13, 11): Este texto nos hace ver que esta segunda bestia se parece al Cordero, pero hablaba como el dragón (el demonio). Es la figura de las falsas religiones que competían con el cristianismo. Falsas religiones que ofrecían una religión celestial, pero que no condenaban los pecados de la primera bestia (los pecados del mundo romano y su corrupción). Por eso, el versículo, 11: «Esta bestia hablaba con el monstruo». Esto es muy importante: quiere decir que son las falsas las religiones, las falsas ideologías, que tienen a Jesús en la boca o que aparentemente buscan el bien de los ciudadanos, pero callan sistemáticamente la injusticia y predican la resignación al mal y la sumisión al poder terrenal. En todos los tiempos y sobre todo en los sistemas dictatoriales, ha habido personas que ‘han hablado con el monstruo”. Es decir, que han buscado halagarlo y aplaudirlo sin importarles los crímenes cometidos por él.

La imagen del versículo 16 se deriva del uso de marcar a los esclavos con el nombre de su señor. Los adoradores de la bestia son marcados para que sean reconocidos y sólo ellos puedan participar en la vida como ciudadanos. En las persecuciones de Decio y Diocleciano se cumplió esta profecía casi al pie de la letra contra los fieles cristianos. En el versículo 17 el nombre de la bestia está escrito en letras que corresponden a números, como se hacía a veces, pero no se sabe si están tomadas del alfabeto griego o del hebreo, puesto que el autor quiere aquí envolver en el misterio el nombre de la bestia, para evitar consecuencias, quizá letales. (Ap. 13, 3-18, SAGRADA BIBLIA, BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS, 1977).

Así lo confirman los dos autores ya citados, P. Paulo Diercks y P. Miguel Jordá, en es.catholic.net: “Esta visión de Juan trata de la batalla final contra Satanás. Se presentan las dos tropas que van a pelear: por un lado la mujer (el pueblo de Dios) y, por el otro, el dragón (Satanás) con sus dos aliados en la tierra: una bestia que viene del mar (que representa el poder político romano, que persigue a los cristianos) y otra bestia que viene de la tierra (que representa las falsas religiones que competían con el cristianismo). Como se ha dicho, son todas imágenes y visiones que se refieren a hechos concretos de aquel tiempo y que el autor quiere esconder, para evitarse persecuciones y daños, pero que los lectores, entre los fieles cristianos sabían a lo que se refería.”

Pero, antes, en el tiempo, ya en el capítulo 24 del Evangelio de San Mateo se contiene el discurso escatológico de Jesucristo. Al llamar los discípulos la atención de Jesús sobre las maravillas de las construcciones del Templo, Él les contestó que el Templo sería destruido y que no quedaría piedra sobre piedra. Poco después en el Monte de los Olivos, sus discípulos le preguntaron: “Dinos cuándo ocurrirán estas cosas y cuál será el signo de tu venida y de la consumación del mundo”.

Jesús les respondió: “Mirad que nadie os engañe; pues muchos vendrán en mi nombre diciendo: yo soy el Cristo, y seducirán a muchos.… Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, y habrá hambres y terremotos en diversos lugares. Todo esto es el comienzo de los dolores… Surgirán muchos falsos profetas y seducirán a muchos… Y, al desbordarse la iniquidad, se enfriará la caridad de muchos… Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel, erigida en el lugar santo -quien lea, entienda-… Habrá entonces una gran tribulación, como no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si tales días no fuesen abreviados no se salvaría a nadie; pero en atención a los elegidos serán abreviados aquellos días… Entonces, si alguien os dijese que el Cristo está aquí o allí, no lo creáis; porque surgirán falsos Mesías y falsos profetas y se presentarán con grandes señales y prodigios para engañar, si fuera posible, incluso a los elegidos… Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará su esplendor y las estrellas caerán del cielo y las potestades de los cielos se conmoverán.”

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