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San Vicente de Paúl: amor es servicio

San Vicente de Paúl (http://filles-de-la-charite.org/es).
San Vicente de Paúl (http://filles-de-la-charite.org/es).

LA CRÍTICA, 31 AGOSTO 2019

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No se sabe si Vicente de Paul se ordenó sacerdote con 16 o 19 años, puesto que según algunos autores nació en 1576 y según otros en 1580; si bien, lo que es seguro es que se ordenó a finales del año 1600. ...

... Así mismo, su Misa ha pasado de celebrarse el 19 de julio a celebrarse el 27 de septiembre, el día del año 1660 en el que falleció Vicente en París. La razón de ello se debe a que el futuro san Vicente fundó la Congregación de la Misión, más conocida como de San Lázaro por el barrio en que residía y el 19 de Julio era la fecha en la que los padres lazaristas finalizaban su Curso académico.

Vicente nació en Pouy, en la Gascuña francesa, de padres labriegos que apenas podían alimentar a sus seis hijos. De hecho, ya de muy corta edad, Vicente colaboraba con la familia cuidando las pocas ovejas que poseían.

Empezó a estudiar con los franciscanos, pero uno de los terratenientes de su zona, al percatarse de la inteligencia y buenas cualidades de Vicente, lo envió a estudiar a Zaragoza y a Toulouse. Se ordenó sacerdote, entre otras razones, para medrar socialmente.

La primera vez que Vicente hubo de navegar para ir a Narbona fue abordado por tres bergantines piratas que le llevaron a Túnez y en la plaza pública, después de haber probado ante los posibles compradores, que sus facultades físicas eran buenas, fue vendido como esclavo, pero, al cabo de dos años, convirtió a su dueño y marchó con él a Roma. Allí conoció a gente de la Curia y le enviaron a París con un despacho secreto para Enrique lV.

La experiencia de su esclavitud mejoró radicalmente su espiritualidad, su generosidad, sus ansias de hacer el bien, sobre todo a los pobres, al punto que el propio Bossuet llegó a decir: " ¡Qué bueno debe ser Dios, cuando ha hecho tan bueno a Vicente de Paúl!"

Vicente aconsejado por su director espiritual, el padre De Berulle, se consagró a la cura pastoral y nombrado capellán de los condenados a galeras, compartió con ellos sus penalidades, haciéndose incluso remero y comprobando el trato inhumano que sufrían aquellos condenados en sus cárceles flotantes: latigazos , insultos, maltratos de todo tipo y cuando ya no podían remar más, los hacinaban en ergástulas insalubres, sujetos con grilletes, llagados, rodeados de bichos, con un trozo de pan y agua como único alimento diario, hasta que morían. Junto a estos terribles padecimientos físicos, a Vicente le preocupaba que murieran en la desesperación, por lo que se dedicó con tanta abnegación, sacrificio y eficacia que consiguió que se modificara la legislación.

Otro cambio en su vida se produjo atendiendo y consolando a un labrador moribundo y a una familia que moría de hambre y que le llevó a ser el apóstol del campesinado francés. Abandonó París, fundó con una mujer que se confesaba con él, la futura Santa Luisa de Marillac (que falleció el mismo año que Vicente: 1660), las Hermanas de la Caridad, para atender a las masas desheredadas, sobre todo, durante la Guerra de los Treinta Años y a las que escribió: "Por monasterio, tendréis las salas de los enfermos, por clausura, las calles de la ciudad, por rejas, el temor de Dios y por velo, la santa modestia". Más aún, poco antes de morir dejó escrito: "No es lícito perderse en teorías, mientras a nuestro lado hay niños que necesitan para subsistir un vaso de leche. Los pobres serán nuestros jueces. Sólo podremos entrar en el cielo sobre los hombros de los pobres. Los pobres son mi peso y mi dolor". Así, de sus obras y espiritualidad surgieron, entre otras instituciones de caridad y ayuda a los necesitados, las Conferencias de San Vicente, fundadas por el beato Federico Ozanam, ya a principios del siglo XlX, para la visita de los pobres a domicilio.

Sin exageración se puede considerar a san Vicente de Paúl, por su amor, que concretaba en el servicio a los demás con olvido de sí mismo, sus obras y fundaciones, como uno de los grandes bienhechores de la humanidad y al que el papa León Xlll, ha proclamado: “… patrono de todas las obras de caridad extendidas por el mundo”. A lo que habría que agregar su eficacísima lucha contra la herejía jansenista, como también las conversiones que su predicación y trato produjeron en varios de estos herejes.

Su hagiógrafo Carlos Pujol, escribe: “Monsieur Vincent (así se le llamaba entonces, sobre todo, entre los campesinos), el gran santo de la caridad en la Francia de Luis XIII, el más popular y simpático de los hombres de su tiempo. Popular y simpático porque a simple vista su acción parece más amplia y humanitaria… Estará rodeado de gigantes de la espiritualidad, hombres brillantes e inteligentísimos, unos ortodoxos, otros heréticos, él será siempre un campesino gascón rústico y desmañado que se consume en la tarea de asistir al prójimo en el alma y en el cuerpo, dando pan y vida eterna con una sonrisa inmortal por la que aún le recordamos.” (Carlos Puyol, LA CASA DE LOS SANTOS, Ediciones RIALP, 1989, p. 291).

En la oración colecta de su Misa se lee: “Señor, Dios nuestro, que dotaste de virtudes apostólicas a tu presbítero San Vicente de Paúl para que entregara su vida al servicio de los pobres y la formación del clero”; y al final, se ruega: “que también nosotros, impulsados por su mismo espíritu amemos cuanto él amó y practiquemos sus enseñanzas”.

Termino, porque es razón de justicia, afirmando que algunas de las fundaciones de san Vicente, por ejemplo, las Hermanas de la Caridad, han adquirido tal fama, por su extensión y el bien inmenso que han hecho y que siguen haciendo, que han obscurecido la figura de san Vicente.

Pilar Riestra
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