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CARTAS A LOS ESPAÑOLES (XV)

La transformación socialista de la sociedad

Felipe González y Alfonso Guerra en el Congreso de los Diputados en plena 'transformación' de la sociedad española (1990). (Foto: Cadena Ser EFE / PASTOR)
Felipe González y Alfonso Guerra en el Congreso de los Diputados en plena "transformación" de la sociedad española (1990). (Foto: Cadena Ser EFE / PASTOR)

LA CRÍTICA, 3 SEPTIEMBRE 2019

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Queridos amigos: En un debate en el Congreso sobre la OTAN F. González mintió como sólo él sabía hacerlo. Aseguró a Calvo Sotelo que él se comprometía a sacar a España de la OTAN si nuestro país era admitido en la Organización. Y, luego, Solana apostillaba que “allá ellos con su OTAN…; nos parece malo para España y para la paz”. ...

... Ésta era la nítida posición del PSOE ante nuestro ingreso en la OTAN en 1981.

En este año François Mitterrand logró hacerse con la presidencia en Francia. Socialista, deseaba implantar en ese país la llamada autogestión a todos los niveles para hacer converger la igualdad socialcomunista con la libertad de las democracias occidentales. El PSOE estaba encantado con la idea que, si llegaba al poder, era también la suya. Porque la autogestión era la disgregación de toda la sociedad en grupúsculos autónomos en todos los ámbitos: empresa, escuela, familia, etc.

A finales de mayo se iba a celebrar en Barcelona el Día de las FFAA. El Jefe del Estado Mayor del Aire (JEMA), acompañado por el Capitán General de Cataluña, visitaron la víspera a Pujol en la Generalidad para regalarle una Bandera de España. “Nos gustaría que la colocara aquí, en su despacho, presidente”, le dijeron. Después escribió Pujol: “Pasado el Día de las FAS me libré de la amable imposición (?), y ordené quitarla… En el despacho del presidente de la Generalidad, con la bandera catalán basta”. Iba a comenzar la llamada “guerra de las banderas”.

En relación con la Enseñanza, Pujol ha escrito que la transferencia de esta materia a la Generalidad “se realizó en poco tiempo”, incluida la inspección escolar, durante los gobiernos de UCD. “La enseñanza fue un objetivo principalísimo de nuestro gobierno. La enseñanza es la herramienta fundamental para construir un país y, en nuestro caso, para construir Cataluña… La inmersión lingüística, o sea, hacer que la lengua habitual de la enseñanza, sobre todo hasta los 16 años, fuese en catalán… (tenía que ser) la lengua vehicular…”. ¿Es necesario algún comentario?

Por estas fechas dimitió el primer Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Madrid, Alonso Puerta, después de denunciar la corrupción de su partido –PSOE- cuando desde éste se indicó la conveniencia de la revisión de los contratos de recogida de basuras en los Ayuntamientos en los que gobernaba para conseguir, a través de ellos, las correspondientes “mordidas” para rellenar las arcas del Partido y de algunos bolsillos particulares.

Cuando el Alcalde, Tierno Galván, supo que Alonso Puerta denunció a su Partido le dijo, con un cínico paternalismo propio de un marxista redomado como él que, mira hijo mío, con esto no vas a conseguir nada, sino que te vas a crear muchos problemas. Aquél fue el comienzo de una serie larguísima de casos de corrupción protagonizados por el PSOE de los “100 años de honradez”.

Por otro lado, a partir del mayo francés del 68, todo el socialismo y la socialdemocracia europea comenzaron a acorralar a la familia tradicional, símbolo de la sociedad más reaccionaria y ser “una fábrica de ideologías autoritarias y de estructuras mentales conservadoras”. Los católicos de izquierdas de esos años asumieron que “cualquier tipo de proyección paterna puede arrogarse ningún tipo de autoridad”. O bien, que “la supervivencia síquica de la figura paterna ha de quedar sepultada”. Así, a finales de los años setenta, el matrimonio católico indisoluble era para el progresismo “una prisión” (declaración del grupo parlamentario del PSOE). De modo que con UCD comenzó el desmantelamiento de la familia tradicional (despenalización del adulterio, del amancebamiento, del comercio de anticonceptivos, etc.).

Poco después el ministro de UCD Fernández Ordóñez, en julio de 1981, lograba la aprobación en el Congreso de la Ley del Divorcio.

Por su parte, el ministro de Defensa, Alberto Oliart, anunció que era muy posible que el Tribunal Supremo tuviera que revisar las condenas que pudiera establecer el Tribunal militar que estaba juzgando a los implicados en el 23 F. Entonces, ¿con qué objeto se mantenía aquel juicio protagonizado por la Justicia Militar? ¿Para humillarla, desprestigiarla y liquidarla?

Fracasado el intento de formar un gobierno de salvación nacional con el 23 F, el PSOE se lanzó sin ningún reparo para lograr el poder: “Antes de que el PSOE llegara al poder, ya tenía gente en el gobierno, como Fernández Ordóñez; antes de que llegara a TVE, ya tenía gente en televisión; y antes de que ganara las elecciones, ya tenía gente en los ministerios. Quiere decirse que en 1981, después del 23 F… el Partido encuentra una enorme facilidad para hacerse con gente que, desde dentro, le va facilitando información para dominar todos los temas. Cuando Guerra decía… que podía tirar de la manta porque tenía 200 o 300 , era cierto. Eran los informes… de todos y cada uno de los funcionarios, grandes y chicos, que tenía colocados ya en su ”, escribió Pablo Castellano. Es decir, era su Watergate como el que acabó con Nixon en EEUU, pero a lo bestia y en plan más burdo. ¡Y a todo el mundo le pareció bien!

En el mes de agosto Calvo Sotelo planteó formalmente en el Congreso el ingreso de España en la OTAN. PCE y PSOE se opusieron rotundamente. Este último con el ambiguo lema del “OTAN, de entrada NO”. Y nadie entonces se creía que España se iba a arruinar como consecuencia de pertenecer a la Organización. Pero Guerra insistía en la negativa: “El eventual ingreso en la OTAN convertiría a España en una colonia de EEUU”, ¡nada menos! Y por eso España podía ser, además, “una diana mucho más probable en caso de conflagración atómica”. La demagogia socialista llegaba ya a estos extremos. Y así, toda la máquina propagandística del PSOE se puso en marcha para evitar aquel ingreso. Con el apoyo de comunistas, sindicatos de clase, asociaciones culturales, feministas, pacifistas, medios de comunicación, relativistas, buenistas y tontos útiles.

En octubre el PSOE celebró su XXIX Congreso. El Partido se presentaba unido gracias a la férrea disciplina impuesta por Guerra. En aquél, González dijo: “No vamos a representar nunca los intereses de la totalidad de los españoles, pero sí podemos interpretar, defender y servir, los intereses globales de España, de la nación española”. ¡Vaya! Aquello no estaba mal. Al menos, el carismático líder no parecía pretender jugar con la unidad de España. De momento.

Pero fijó en seis las legislaturas (casi 25 años) para que el Partido llevara a cabo su ideario revolucionario cultural, para cambiar lenta y progresivamente toda la sociedad española. Y se veía obligado a “recurrir” a otros “colectivos” para llevar adelante su revolución, “la transformación socialista de la sociedad”. No de forma violenta a través del proletariado obrero, que en la práctica ya no existía en España.

En relación con la enseñanza dio a entender que era de la exclusiva propiedad socialista. Al igual que el masón y maestro Rodolfo Llopis decía que había que apoderarse del alma de los niños, ahora el PSOE de González/Guerra reclamaba para sí la práctica exclusividad del tema de la enseñanza en nuestro país. Había que “socializarla” desterrando esa antigualla figura de la excelencia y el esfuerzo. En maestros y alumnos.

De modo que se iba prefigurando ya lo que podía suceder en nuestro país con una UCD prácticamente desintegrada y un PSOE cada vez más fuerte y con más poder en todas partes.

Un abrazo a todos.

Enrique Domínguez Martínez Campos

Coronel de Infantería DEM (R)
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