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CARTAS A LOS ESPAÑOLES (2)

El mito de la Transición

Alfonso Guerra y Felipe González. (Foto: www.teinteresa.es)
Alfonso Guerra y Felipe González. (Foto: www.teinteresa.es)

LA CRÍTICA, 13 MAYO 2019

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Queridos amigos: Decía en mi Carta anterior que había que recordar muchas cosas que han sucedido en estos 42 últimos años para comprender el resultado de las elecciones del 28 de abril de este año. ...

,,, Veréis. En 1977 yo ya había hecho lo que es quizás lo más importante en la vida de un hombre: había terminado mi carrera, me había casado y tenía ya tres hijos. Es decir, había vivido los acontecimientos políticos y sociales de aquellos tiempos en primera persona. No era, por tanto, ningún niño y conocía bastante bien el pasado más reciente, con elementos de juicio suficientes desde los años cincuenta.

Hoy no sólo me asombra, sino que me produce una sensación de incredulidad y hastío, oír a gentes de menos de 50 años hablar de aquellos tiempos como si hubieran sido ellas las protagonistas de la época y presumir que conocen todo lo sucedido entonces e, incluso, muchísimo mejor que quienes lo vivimos como ya he indicado.

Pero vayamos a los hechos. Todo comenzó en el llamado período de la Transición. Había que pasar de un régimen autoritario (el franquismo) a otro democrático. Eso era lo que deseaba la inmensa mayoría de los españoles incluidos los militares. Porque éstos, desde los años cincuenta, comenzaron a relacionarse con Oficiales de otros países occidentales (EEUU, Francia, Gran Bretaña, Alemania Occidental, etc.) y comprendían que España era una isla política en medio de un mar de democracias. Sin embargo, las Fuerzas Armadas españolas éramos también leales a Franco y así nos mantuvimos, en su inmensa mayoría, hasta que murió en 1975.

Aquella Transición no era ningún juego de niños y había que hacerla con prudencia. A pesar de que se pensaba que eran las Fuerzas Armadas el coco del proceso o que podían oponerse a él, lo cierto es que quienes tenían que ponerse de acuerdo para que aquello no saltara por los aires eran los políticos, con unas diferencias ideológicas abismales entre ellos. Ellos eran los que tenían que reconciliarse, no los españoles de a pie.

Y así, el Rey se convirtió en el motor del cambio, Adolfo Suárez en el ejecutor del proceso y el cerebro del mismo recayó en Torcuato Fernández Miranda.

Hay quienes aseguran que, desde la reunión de Munich en 1962 (el famoso “contubernio de Munich”), los políticos españoles de la “oposición tolerada” que acudieron allí se pusieron de acuerdo para que, cuando llegara la democracia a España, se diera un protagonismo relevante a los nacionalistas catalanes y vascos. Estoy seguro de que ese acuerdo existió.

Todo fue bien en la Transición –a pesar de las reticencias del PSOE y del PCE- hasta el momento en que comenzó la elaboración de la Constitución a partir de finales de 1977. Suárez se creyó capacitado para que nadie siguiera dirigiendo sus pasos. Y descartó la batuta de Torcuato Fernández Miranda.

Hay que añadir que, en aquel período, no sólo era complicada la situación política, sino que el terrorismo de ETA y GRAPO era demoledor y que la situación económica se deterioraba por semanas provocando un paro sin precedentes. Las huelgas, las algaradas, las manifestaciones y la inseguridad ciudadana, eran el pan nuestro de cada día.

La elaboración de la Constitución se consensuó, en sus artículos más controvertidos, por la UCD de Suárez y por el PSOE (Abril Martorell y Alfonso Guerra). En el Título VIII de la misma, que trataba de la organización territorial del Estado, se adoptó el “café para todos”, esto es, el Estado de las Autonomías, estructura estatal inédita en el mundo. En realidad, nadie sabía qué era aquello, ni cómo desarrollarlo ni financiarlo, ni en qué podía desembocar a largo plazo. Era una especie de cantonalismo semejante al de la Primera República pero a lo bestia. Eso sí, con infinitas posibilidades de “colocación” para la casta política y sus amigos en esa nueva capa de la Administración del Estado. Que encerraba el peligro de la corrupción a gran escala.

Aprobada en referéndum la Constitución a finales de 1978, se convocaron las segundas elecciones generales en marzo de 1979. Antes y después se sucedieron los siguientes hechos:

-Desde 1977, en las primeras elecciones democráticas, se observó que con la Ley Electoral elegida se daba un desmesurado protagonismo a los partidos nacionalseparatistas.

-Cataluña y Vascongadas, antes de ser aprobada la Constitución, habían constituido ya sus correspondientes “preautonomías”.

-Vueltas a ganar las elecciones por UCD en 1979, el PSOE se lanzó contra Suárez para lograr el poder incluso a través del insulto personal.

-Sin el cerebro de Fernández Miranda, UCD comenzó –como un conglomerado de 15 pequeños partidos políticos- a descomponerse.

-En abril del 79 se celebraron las primeas elecciones democráticas municipales. Debido a la Ley Electoral provisional elegida en 1977 los ganadores de las elecciones fueron relegados en las grandes ciudades por el acuerdo entre partidos. Y así, las fuerzas de izquierda se hicieron con los principales Ayuntamientos.

-Otras regiones (Galicia, Andalucía, Valencia, etc.) deseaban también obtener su Autonomía cuanto antes. Todas por la vía más rápida establecida en la Constitución. Incluso la provincia de Segovia deseaba su propia Autonomía. Y todas reclamaban su “hecho diferencial”.

-Frente a este caos autonómico, UCD y PSOE aprobaron la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (LOFCA). Pujol protestó porque Cataluña sería tratada económicamente igual que el resto de las Autonomías.

-En 1980 el Rey retiró su apoyo a Suárez. Con una situación cada vez más peligrosa para la Corona, deseaba que dimitiera.

-Frente a la sangría que representaban los asesinatos de ETA y del GRAPO, la inestabilidad política, el creciente deterioro socioeconómico, la inseguridad ciudadana y el problema autonómico, comenzó a fraguarse la “Operación De Gaulle”.

-El gobierno encargó al despacho de García de Enterría la elaboración de la Ley Orgánica de la Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA) para determinar los límites competenciales de las Autonomías.

-Se inician las cenas de Lérida. El general Armada se reunió con dirigentes del PSOE. En enero de 1981 se reunieron en Baqueira Beret el Rey y Armada.

-El 29 de enero de 1981 por sorpresa, dimite Suárez. Designa como sucesor en UCD a Leopoldo Calvo Sotelo.

-El general Armada regresa a Madrid, por expreso deseo del Rey, como 2º Jefe del Estado Mayor del Ejército. Se entrevista con el general Milans del Bosch, Capitán General de Valencia.

-El CESID colabora activamente en la preparación del 23 F. Elige al teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero Molina, para ocupar el Congreso. El general Armada sería el encargado de dar el contragolpe para presidir un gobierno de salvación nacional. Todos los líderes de los partidos políticos estaban conformes con dicha solución. El 99,98% de los militares no sabían nada.

-Se produce el 23 F. Será el teniente coronel Tejero el primero en desbaratar el contragolpe de Armada. Las FFAA están a las órdenes del Rey. El objetivo del 23 F era componer un gobierno presidido por Armada con políticos del PSOE, PCE, UCD y AP para reconducir la situación socioeconómica, revisar la Constitución, actuar enérgicamente contra el terrorismo y convocar elecciones generales en unos dos años (1983). Quizás una gran oportunidad perdida.

-Se promueve a presidente del gobierno a Calvo Sotelo. Hombre sin carisma pero pragmático, consigue disminuir los atentados terroristas, reúne a patronal y sindicatos suavizando la tensión socioeconómica y logra que España ingrese en la OTAN con toda la oposición de las izquierdas.

-Se inició el juicio contra los implicados del 23 F: 32 militares y un civil. De la trama de los políticos en aquella operación ni siquiera la Fiscalía se ocupó de ello. El Tribunal Supremo, por iniciativa de Calvo Sotelo, recrudeció las sentencias dictadas por el tribunal militar que juzgó a los acusados.

-La LOAPA es recurrida por Pujol ante el Tribunal Constitucional.

-En octubre de 1982 se celebran elecciones generales. Las ganó el PSOE con202 escaños en el Congreso. Con menos votos, los nacionalseparatistas conseguían proporcionalmente más escaños. La Transición ha acabado.

De todo lo anterior yo obtengo cuatro conclusiones fundamentales:

-El deterioro de la vida pública y el peligro para la Corona comenzaron cuando el señor Suárez se desentendió de los consejos de Torcuato Fernández Miranda. El consenso entre políticos se acabó tras las elecciones municipales de 1979.

-La Constitución, en exceso interpretable, incorporó un Título VIII de consecuencias imprevisibles a largo plazo. El Estado de las Autonomías, además de lograr el enfrentamiento entre españoles, ha vaciado al gobierno de competencias logrando que España sea un país políticamente ingobernable y económicamente insostenible.

-Desde Munich (1962) o desde 1978 (Constitución) fue inconcebible que los grandes partidos nacionales estuvieran convencidos de la lealtad a España y a la Constitución de los entonces llamados “nacionalismos moderados”.

-Gracias a la provisional Ley Electoral de 1977 los nacionalseparatistas han conseguido un inmenso poder frente a cualquier gobierno de España. Y así comenzaron a lograr, uno tras otro, sus objetivos.

Estos son, queridos amigos, hechos, realidades. Quizás el pecado original de hasta donde se ha llegado hoy, año 2019, tras aquella famosa Transición convertida por muchos en un verdadero mito.

Un abrazo a todos.

Enrique Domínguez Martínez campos

Coronel de Infantería DEM (R)

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