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500 ANIVERSARIO DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO POR MAGALLANES Y ELCANO (1)

El proyecto de Magallanes: la gloria antes que el oro

(izq) Fernando de Magallanes 1480 - 1521 y (der) Juan Sebastián Elcano 1476 - 1526. Fotos: www.rtve.es
(izq) Fernando de Magallanes 1480 - 1521 y (der) Juan Sebastián Elcano 1476 - 1526. Fotos: www.rtve.es

LA CRÍTICA, 8 FEBRERO 2019

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La caída de Constantinopla, el 29 de mayo de 1453, causó una convulsión en Occidente de grandes proporciones, lo que planteó una serie de interrogantes que perseguían un objetivo común: alcanzar las islas de las especias utilizando rutas marítimas alternativas, que pasaban por lograr la circunnavegación del continente africano ...

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Con el estrecho de Bósforo y Constantinopla bajo dominio musulmán, el comercio entre Europa y Asia se desplomó. Ni por mar ni por tierra los mercaderes cristianos conseguirían pasaje para las rutas que llevaban a la India y a China, de donde venía el preciado tesoro. Portugueses y castellanos aprovecharon su posición geográfica junto al Atlántico para tratar de llegar a la India por mar.

A partir de 1417, el príncipe Enrique de Portugal reunió en la ciudad de Sagres, situada en las proximidades del cabo de San Vicente, a determinados personajes del mundo científico relacionados con la navegación oceánica y fundó una famosa escuela de navegación. En dicha ciudad, recopiló Enrique mapas y demás información náutica conocida en aquel momento, mucha de ella procedente de la Escuela de Cartografía de Mallorca.

Entre 1424 y 1433, el príncipe navegante despachó más de quince expediciones al sur con la misión de superar el temido cabo Bojador. En 1432, Gil Eanes llegó a los confines del mismo y se encontró ante una masa de mar hirviente; un muro infranqueable. Aterrorizado, regresó a Portugal para informar de tan terrible descubrimiento. Fue acusado de cobarde y nuevamente se le ordenó regresar al escenario del peligro, donde vio la barrera de espuma, que resultó ser una restinga de aguas poco profundas; unos peligrosos bajos que decidió bordear abriéndose al mar abierto. De esta manera consiguió doblar dicho cabo, abriendo la puerta hacia un destino desconocido.

En 1484, Juan II, que sucedió a su padre Alfonso V en el reino de Portugal, envió dos barcos al sur; uno mandado por Diego Cao y el otro por Martin Behaim. Regresaron al cabo de veinte meses, con numerosas bajas, pero con un cargamento importante de pimienta y otros artículos. En vista de ello, el rey Juan decidió al poco tiempo armar otra expedición con el objetivo prioritario de buscar al Preste Juan, doblando el continente africano. El mando de esta expedición se asignó a Bartolomé Díaz, con una fuerza constituida solamente por dos carabelas: San Cristóbal y San Pantaleón.

Partieron de Lisboa a finales de julio o comienzos de agosto de 1487. A finales de dicho año alcanzaron un lugar próximo a la desembocadura del rio Orange. Prosiguiendo el viaje al sur, descubrieron Angra dos Llhéus, al noroeste de la actual Sudáfrica. En este punto Díaz decidió engolfarse en el océano alejándose de la costa, que perdieron de vista.

En el mes de enero de 1488 cogieron un enorme temporal que los arrastró hacia el suroeste, pasando de largo el más tarde conocido como cabo de las Tormentas, sin llegar a verlo. Trece días después, aprovechando los vientos antárticos, navegaron con rumbo noreste redescubriendo la costa oriental y cartografiando varias bahías de la zona.

En su regreso, que inicialmente realizaron a vista de costa, descubrieron el cabo de las Agulhas, el punto más meridional del continente. Virando posteriormente al Norte, vieron otro cabo que, dado el mal tiempo que estaban soportando, nombraron como cabo de las Tormentas. El descubrimiento recién efectuado era de enorme trascendencia. Nada más y nada menos que abriría la puerta hacia la India.

El rey Manuel I, que sucedió a su padre Juan II, en el segundo año de su reinado emprendió la ocupación de la India. Nombró Capitán General para esta empresa a Vasco de Gama, natural de Sines, que estaba a su servicio y que era hombre con gran experiencia en cuestiones del mar. Partieron de Belem el sábado 8 de julio de 1497.El 28 de julio llegaron a la isla de Santiago, en Cabo Verde. Continuando su viaje hacia el Sur, doblaron el cabo de Buena esperanza el 20 de noviembre. En el Índico descubrieron varias islas; entre ellas, Moçambique. Continuaron su viaje hasta Mombasa, a donde llegaron el 7 de abril de 1498. Desde allí, con la ayuda de prácticos, cruzaron el mencionado océano hasta Calicut, en La India, a donde llegaron el 20 de mayo del mismo año.

El 25 de marzo de 1505, partió del puerto de Lisboa con destino a la India una flota, al mando del recién nombrado virrey Francisco de Almeida, compuesta de 22 navíos. El personal embarcado ascendía a 1500 hombres, bien pertrechados. Uno de ellos escribiría, años después, páginas gloriosas para la Historia universal; nos referimos a Fernando de Magallanes. En su ruta hacia la India, la expedición de Almeida se separó del cabo de Buena Esperanza, a fin de evitar los temporales. Navegaron tanto hacia el Sur que el personal de la Armada sufrió un frio extremo. Más tarde alcanzaron la bahía de Quiloa , desde donde se dirigieron a Mombaze, ciudad en la que se libró un sangriento combate que finalizó con una rotunda victoria de los portugueses.

En marzo de 1506 tuvo lugar el combate naval de Cannanore , en el que los portugueses vapulearon a los mahometanos, que habían conseguido formar una gran flota compuesta por más de 200 embarcaciones. La flota portuguesa iba al mando, en calidad de almirante, de don Lorenzo de Almeida, hijo del virrey don Francisco. El ataque de Cannanore señaló el punto decisivo en la historia de las conquistas portuguesas. Se trata del combate más duro que hasta esa fecha sostuvieron los lusos por esas latitudes. Entre los heridos se encontraba Magallanes. Fue su bautismo de fuego. Pronto lo enviaron a África en unión de otros heridos y aquí se perdió su rastro.

Al parecer, durante un periodo corto de tiempo vivió en Sofala y poco después volvió a Lisboa en el mismo barco que llevaba a Varthema, quien le puso al tanto del largo y provechoso viaje que había realizado. Es la primera pieza de un rompecabezas que años más tarde se materializaría en otra singladura de enorme trascendencia.

Albuquerque relevó a Almeida en noviembre de 1509.Durante el mismo mes del año siguiente se enteró de la ubicación de las llamadas Islas de las Especias y ordenó la salida de los primeros navíos portugueses para inspeccionar el sudeste asiático, al mando de sus hombres de confianza: Antonio de Abreu y Francisco Serrano, guiados por pilotos malayos. El barco de Serrano encalló en unos bajos de la isla de Luco-Pino y solo lograron salvarse algunos de los tripulantes del naufragio. Cuando los habitantes de la isla encontraron los restos del barco, la tripulación se hizo pasar por indefensos náufragos, pero ricos. Posteriormente, este capitán logró apresar una embarcación de piratas malayos, poniendo a continuación rumbo a Amboina y después a Ternate, donde fue recibido por su jefe. Estuvo tan cómodo en esta isla que no hizo esfuerzo alguno para regresar a Malaca. Desde Ternate envió cartas a Magallanes, que mas tarde se hallaron entre los papeles que dejó Serrano y mandó recoger el gobernador portugués Antonio de Brito.

Posteriormente regresaron a la India donde, al poco tiempo, salió para Portugal una flotilla en la que regresaron Abreu y, posiblemente, Magallanes. Aquí dio comienzo una nueva etapa en la vida de éste. Fue empleado en el servicio de palacio, en Lisboa, con el rango de “mozo fidalgo”. Pocos honores recibió de la Corte y pidió autorización para trasladarse a África, donde los portugueses sostenían abiertos enfrentamientos con las tribus locales. Participó en la toma de Azamor, ciudad en la que el reparto de una requisa de ganado generó grandes protestas que le provocaron serios problemas. Regresó a Portugal y solicitó del Rey el reconocimiento de sus méritos. Pero la petición no fue atendida, a pesar de haber sido absuelto del delito de apropiación indebida en la causa instruida en Azamor.

A partir de su regreso a Lisboa, Magallanes se dedicó plenamente al estudio teórico de la cosmografía y la náutica así como a la composición de una obra sobre los países que había visitado. Con la información recabada decidió ir al Maluco por la vía de Poniente. Tal era su proyecto. Pero el viaje pretendido no podía llevarse a cabo sin un apoyo financiero suficiente. Necesitaba recursos para acometer la empresa por cuenta propia, lo que en principio parecía ilusorio. Además, y esto era muy importante, no disponía del permiso necesario para llevar a efecto un viaje que obligaba a tocar posesiones del monarca español, sin cuya autorización se hacía inviable su tránsito. Por tales razones, Magallanes decidió abandonar su país de origen, en compañía de sus amigos, con destino a Castilla, no sin antes desnaturalizarse de su patria, como correspondía a un hidalgo del siglo XVI. Tras despedirse de sus amigos se marchó de viaje a Sevilla, a donde llegó el 20 de octubre de 1517, dispuesto a presentar su propuesta ante el rey Carlos I, del que esperaba conseguir ayuda. Hasta entonces Magallanes guardaba un absoluto secreto sobre su proyecto.

Pedro Contreras Fernández (Coronel de Intendencia de la Armada, Rº) coautor de la obra Desvelando Horizontes: La Circunnavegación de Magallanes y Elcano. Fundación Museo Naval. Madrid, 2016.
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