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Las Fuerzas Armadas en el 2030. El material en el Ejército del Aire

Fotografía: Ministerio de Defensa de España
Fotografía: Ministerio de Defensa de España

EJÉRCITO DEL AIRE / 9 ABRIL 2018

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Los futuros escenarios a los que se enfrentarán la Fuerzas Armadas sabemos que son inciertos y cambiantes, pero el Poder Aeroespacial es y seguirá siendo un instrumento militar idóneo para preservar la paz, para manejar y resolver crisis y para responder de manera inmediata donde sea necesario...

Aunque no es posible predecir con exactitud qué tecnologías y capacidades serán necesarias para que el Ejército del Aire pueda afrontar con garantías cualquier escenario operativo futuro, sí se puede tener una mirada prospectiva. La altura, la velocidad y el alcance permanecerán como atributos inalterables del Poder Aeroespacial y los roles que desarrollará podrán evolucionar en mayor o menor medida de los que doctrinalmente se le asignan a día de hoy.

El control del aire, clave para la libertad de acción en los dominios físicos, demanda unas capacidades que permitan la superioridad en el enfrentamiento, apoyada a su vez en una tecnología que debe ser mejor que la del adversario. La implantación del futuro sistema de combate aéreo (FCAS) supondrá un cambio en el paradigma del control del aire. Definido como un “sistema de sistemas” permitirá a varios segmentos operar como un todo bajo un único mando, potenciando la capacidad de combate para alcanzar la superioridad en el enfrentamiento y allanando el camino hacia una mayor agilidad operacional al poder disponer de más información y de manera más rápida para la toma de decisiones. Parte esencial de la arquitectura del FCAS es la interoperabilidad y la interconectividad, requisito indispensable a corto plazo dado que cualquier elemento que no pueda trabajar en red será irrelevante. El FCAS, estará integrado previsiblemente por segmentos aéreos tripulados y por un sistema tripulado remotamente (RPAS) de combate.

El ataque es el segundo rol del poder aeroespacial que cubre el FCAS y que proporciona la capacidad fundamental de disuasión que debe estar presente desde el minuto cero de cualquier escenario operativo. El rol de ataque se construye necesariamente sobre armamento de precisión y estratégico y equipos de misión que permitan generar los efectos que se determinen en todos los niveles de decisión del adversario.

El rol de movilidad aérea facilita la capacidad de respuesta y proyección de las Fuerzas Armadas, afianzando así su credibilidad. Permite el despliegue y repliegue de personal y material, así como el sostenimiento de las operaciones, apoya la libertad de acción y constituye un multiplicador de la fuerza (englobando la capacidad de reabastecimiento en vuelo). El transporte y reabastecimiento en vuelo (AAR) estratégico es una capacidad que debe estar asegurada en el horizonte 2030 para hacer frente con garantía de éxito a los escenarios venideros.

Por último, el rol de inteligencia, vigilancia y reconocimiento con el que el Ejército del Aire contribuye a la obtención de un conocimiento continuo de la situación, necesario para la toma eficaz y oportuna de decisiones y para el planeamiento, preparación y ejecución de las operaciones. En el horizonte 2030 se debe mantener y potenciar esta capacidad con nuevas plataformas y sensores, entre los que se contemplan RPAS, sistemas de armas y elementos con capacidad de inteligencia de señales. Y, por supuesto en este contexto, se continuará impulsando la explotación del dominio espacio, al menos en el área de observación y obtención de inteligencia.

Además de las capacidades y algunos sistemas de armas mencionados que sustentan los roles del Poder Aeroespacial, existen otras capacidades prioritarias a mantener, como la recuperación de personal, para lo que resulta imprescindible una adecuada flota de helicópteros. Y por supuesto la enseñanza en vuelo para dar continuidad a la formación y preparación de las tripulaciones aéreas.

Para poder desarrollar todas estas capacidades se debe seguir potenciando la arquitectura esencial que permite su sostenimiento, empezando por las bases aéreas, concebidas como una unidad de la fuerza clave para la generación y mantenimiento del espectro de operaciones aéreas que se requieren del Ejército del Aire. Resultan así mismo fundamentales los centros de mantenimiento, de actualización de capacidades y de reparación y abastecimiento.
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