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Cultura de Defensa

Soldado español en la Guerra de Cuba. (Ilustración: http://www.armada.mde.es)
Soldado español en la Guerra de Cuba. (Ilustración: http://www.armada.mde.es)

La Crítica, 3 Junio 2017

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(...) Si uno tiene la paciencia de revisar los historiales de cada uno de los infantes de marina que participaron en la campaña de Cuba, antes de su pérdida, podrá contemplar curiosamente como la gran mayoría de las bajas fueron más consecuencia de la malaria...

Los archivos del Tercio Sur de Infantería de Marina, otrora primer Regimiento de este Centenario Cuerpo de la Armada, se conservan primorosamente en la biblioteca de dicha Unidad. Si uno tiene la paciencia de revisar los historiales de cada uno de los infantes de marina que participaron en la campaña de Cuba, antes de su pérdida, podrá contemplar curiosamente como la gran mayoría de las bajas fueron más consecuencia de la malaria que por la acción del enemigo.

Perdida la guerra y la isla, años más tarde una delegación española visitó la misma y observó con sorpresa que la enfermedad había sido casi erradicada. La representación española preguntó a las autoridades norteamericanas como lo habían logrado. La respuesta fue clara: aplicando al pie de la letra los reglamentos del ejército español.

Con la Cultura y Conciencia de Defensa, conceptos que ahora explicaré, sucede algo parecido a lo expuesto en esta introducción previa.

Entendemos como Cultura de Defensa el conocimiento de las cuestiones de seguridad, mientras que la Conciencia de Defensa significa la comprensión de la importancia de ésta en la protección de la sociedad, sus intereses y valores; no obstante, hecha esta diferenciación la interrelación de ambos conceptos es muy estrecha. No hay conciencia si no hay cultura y viceversa.

La Defensa en España se encuentra en estos momentos en una situación preocupante por razones varias pero esencialmente por la precariedad de los presupuestos que afectan a nuestra defensa y seguridad: un escaso 0.9% del PIB, muy lejos del 2% que preconiza la OTAN. Y es que en España es muy difícil atender a lo que se demanda de nuestra nación en Defensa por la sencilla razón de que no existe una conciencia popular de ningún riesgo que nos afecte. En esta situación los gastos en Defensa son tremendamente impopulares y difícil será revertir esta situación si no se actúa con eficacia sobre esta conciencia.

En España corresponde a la Secretaria General de la Política de Defensa la responsabilidad de “proponer y coordinar la política cultural de seguridad y defensa y la promoción de la conciencia de defensa nacional”. Nos encontramos también con responsabilidad en este ámbito una panoplia de organismos tales como la Subdirección General de Publicaciones y Patrimonio, el Instituto Español de Estudios Estratégicos, la Escuela de Altos Estudios de la Defensa, el Instituto Universitario Gutiérrez Mellado y desde luego los Ejércitos y Delegaciones de Defensa.

Todas las actividades responden a lo que dicta un plan director desarrollado a su vez por planes subordinados y programas.

De la lectura de todas estas normas se puede observar cómo se fijan objetivos, se definen los mensajes a transmitir y los colectivos prioritarios objeto de estos.

Perfecto. Nada que objetar. Los leo y no puedo por menos que congratularme de lo acertado y apropiado de las acciones en marcha para poner en conocimiento de la sociedad española lo que significa la seguridad y la defensa, así como la concienciación de la necesidad de la misma.

Es evidente que las disposiciones “oficiales” son acertadas; sin embargo, los resultados no son los deseados. Así, por ejemplo, si en Toledo o Palencia se pregunta el por qué de la necesidad de disponer de una capacidad naval se queda uno asombrado de la ignorancia de los preguntados, algo que podría ser normal en estas ciudades del interior; lo malo es que si se hace la misma pregunta en La Coruña, Bilbao o Barcelona – puertos de mar – se puede comprobar que la ignorancia es la misma. Tal es el conocimiento que nuestros compatriotas tienen, por ejemplo, sobre la Armada y sobre la necesidad de la misma.

Hace apenas unos lustros cuando existía el servicio militar obligatorio eran miles los españoles que pasaban por nuestros ejércitos donde adquirían una indudable Cultura de Defensa que a su vez se transmitía a la sociedad. Hoy es impensable algo parecido. No hay vuelta atrás posible pero sí que sería positivo el potenciamiento, por ejemplo, del reservismo, asignatura pendiente de desarrollo. Sería una buena opción y estoy seguro que sobrarían los voluntarios.

Escribo aquí sobre Cultura de Defensa en general pero me ceñiré en concreto, por razones obvias de mi entorno, a algunos aspectos de la Armada, que tomo como ejemplo, si bien cuanto expongo al respecto es extrapolable por completo a los otros ejércitos.

Así, hasta no hace tanto tiempo, nuestros buques – más numerosos que ahora – solían recalar en puertos de toda la geografía nacional. En prácticamente todos. La Armada se daba a conocer en nuestros puertos. Hoy, en ocasiones debido a escaseces presupuestarias y en otras por razones incomprensibles – caso de Barcelona o Bilbao – no sucede lo mismo.

Hasta hace poco la Armada estaba presente en casi todo el litoral a través de las Comandancias y Ayudantías de Marina con responsabilidades en muchos ámbitos. Hoy esta presencia se limita a unas pocas y limitadas al ámbito institucional. Todas aquellas que eran ejercidas con anterioridad han sido transferidas a otros organismos sin que, por cierto, se constate una mayor eficacia en ningún caso. El que lo dude que lo pregunte a los afectados, a la gente de la mar.

No hace mucho que la Armada llevaba a cabo campañas institucionales propias como aquella de los años 60/70 que se denominó “Muchacho la Marina te llama” con un éxito no igualado hasta ahora, a la par que la organización de “Semanas Navales” que daban a conocer en nuestro litoral a nuestra fuerza naval. Como no recordar, por ejemplo, la que tuvo lugar en Barcelona allá por los 60 del pasado siglo. Parada naval que aglutinó en dicha ciudad, por extraño que nos parezca ahora, un inmenso y entusiasta gentío.

Pues bien, a pesar de todo esto, la Armada seguía siendo una desconocida en nuestra nación que a pesar de ser de condición marítima por su geografía seguía y sigue teniendo mentalidad continental.

Entonces no se conocía o se hablaba de Cultura de Defensa pero hoy a pesar de lo acertado de la organización de ésta – ya lo he dicho antes – la Armada sigue siendo si cabe, aún más, una gran desconocida. Y esta circunstancia como ya he dicho es extrapolable a los otros ejércitos.

Si como ya he dicho las disposiciones vigentes son, en mi opinión, acertadas, la pregunta es el porqué de esta carente Cultura de Defensa entre los españoles de toda condición y la escasa o nula percepción de la necesidad de dotar de un presupuesto adecuado a nuestros ejércitos. Buena pregunta.

Tengo para mí que la respuesta a esta pregunta podría ser la misma que planteaba al comienzo de estas líneas a propósito de la guerra de Cuba y la erradicación de la malaria: simplemente cumplir el plan director vigente al respecto. Sucede que al final el problema radica en la falta de medios, consecuencia de unos presupuestos paupérrimos.

Juan Chicharro Ortega

General de División de Infantería de Marina

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