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No puede ser

No puede ser

La Crítica, 29 Enero 2017

Por Fernando Álvarez Balbuena
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No puede ser que por meras cuestiones ideológicas se vean enfrentados los ciudadanos, renegando los unos de los otros y todos ellos se vean frustrados ya por las decisiones del Gobierno ya por las proposiciones de la Oposición, porque existen, aunque unos y otros no lo quieran asumir, asuntos de interés general cuyo adecuado encauzamiento y razonable solución son el fin último y verdadero de la política.

La vocación de servicio, tan cacareada por cuantos se dedican a la actividad pública, pasa por la consecución del bien común y éste se concreta unas veces en las ideas del gobernante y otras en las del opositor. Sin embargo en España parece que los partidos políticos no acaban de entender que el beneficio nacional está por encima de los intereses partidistas.

No es posible continuar con este enfrentamiento cerril y esterilizador de toda idea plausible para el buen gobierno de la nación. No es posible continuar con un odio feroz entre las facciones políticas por un puñado de votos. No se puede ser tan demagogo que por continuar asentado en el poder se hagan promesas estúpidas o, lo que es peor, se tomen decisiones perjudiciales para todos, despilfarrando muchas veces –demasiadas- el dinero público. No puede ser que se continúe por un camino de enfrentamiento y de persecución del adversario político al que se convierte y se trata como a un enemigo irreconciliable o, lo que es aún peor, como a un delincuente. Así vemos que dicho adversario es denunciado continuamente ante los tribunales, implicando a éstos en cuestiones políticas y desnaturalizando su verdadera función, que es la de administrar justicia sin mediatizaciones partidistas.

Ya comprendo que a los profesionales de la política estas reflexiones les parecerán ingenuas; sin embargo es así como piensa la inmensa mayoría de las personas, con sensatez y con buena fe. Harían bien los políticos tomándolas en consideración, sobre todo aquellos –seguramente escasos- que aún operan con buena intención y con altas miras patrióticas. De otro modo, siguiendo por el camino de la guerra partidista, funcionando de espaldas a las necesidades y a las aspiraciones legítimas de los ciudadanos, la desilusión del pueblo le llevará a la abstención y al desinterés por la política. En estas condiciones podrá venirse abajo el sistema y, con él, la propia democracia. Ésta se verá absorbida por el oportunista caudillo salvador de turno, que predicará la regeneración moral acabando con la lucha insensata y exaltará al pueblo a barrer el juego partidario del mapa político. Esto llevará a la unificación de criterios y, por ende, al ya conocido e indeseable partido único, acabando con toda idea de libertad, no solamente de expresión, sino de acción y, desgraciadamente, encontrará quien se ilusione con éste discurso, pues el abuso de las libertades y la prostitución del sistema liberal democrático, termina fatalmente en la dictadura y en la desgracia colectiva de la nación.

No hay más que echar un vistazo a las nuevas corrientes populistas para darse cuenta de que tras la simpleza aparentemente estulta de sus programas políticos, se esconde una intención dictatorial evidente.

Así perecieron en el mundo las democracias. Desgraciadamente ejemplos no faltan.

Fernando Álvarez Balbuena

Dr. En Ciencias Políticas y Sociología

Fernando Álvarez Balbuena

Historiador. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología

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