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ESPAÑA BAJO EL FUEGO

Escuela de Policía de Ávila refugia a los evacuados por incendios. (Foto: El Español)
Escuela de Policía de Ávila refugia a los evacuados por incendios. (Foto: El Español)

La primera "Emergencia Nacional" expone el abandono de nuestros montes

LA CRÍTICA 25 JULIO 2026

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Por primera vez en la historia de España, el Gobierno central se ha visto obligado a decretar la Emergencia de Interés Nacional (Nivel 3) debido a la simultaneidad y extrema gravedad de los incendios forestales. El Ministerio del Interior ha asumido el mando único de la crisis, obligando a todas las administraciones (estatal, autonómicas y locales) a coordinar de forma conjunta sus recursos bajo la dirección operativa de la Unidad Militar de Emergencias (UME). (...)

La brutal confluencia de frentes descontrolados ha desbordado por completo las competencias regionales, abriendo un escenario de gestión unificada sin precedentes en nuestro país.

En medio de la crisis, el ministro Óscar Puente, un especialista en avivar incendios echando más llena al fuego, ha sido cuestionado por priorizar la confrontación política con Isabel Díaz Ayuso sobre la gestión de la emergencia. Con muy malos humos dijo: “Si hay una mamarracha en España eres tú”.

El mapa del desastre: miles de hectáreas y éxodos masivos

La situación en el plano geográfico es devastadora. En lo que va de año 2026, la superficie forestal calcinada en el territorio nacional supera ya las 125.900 hectáreas, triplicando los registros del año anterior para estas mismas fechas. El foco de la catástrofe se concentra de manera crítica en el centro peninsular:

Zonas más afectadas: Tras el infierno de Teruel y Zaragoza de días atrás, y el más reciente de Segovia, otros frentes devoran ahora mismo con virulencia el suroeste de la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila (especialmente el entorno de Burgohondo y el Valle del Tiétar). También se registran focos activos de gran magnitud en Guadalajara (La Mierla), Toledo y otras regiones periféricas.

Evacuaciones récord: La prioridad absoluta de salvar vidas ha provocado el desalojo o confinamiento de más de 87.000 ciudadanos. En Madrid, municipios como Villa del Prado, Aldea del Fresno o Robledo de Chavela han sufrido evacuaciones completas. En Ávila, la cifra de afectados en el Valle del Tiétar escala a pasos agigantados, obligando a evacuar localidades enteras como El Hoyo de Pinares, Sotillo de la Adrada y Villanueva de Ávila.

Solidaridad de uniforme: el ejemplo de la Escuela de Policía de Ávila

En mitad del caos y la desolación de quienes lo han dejado todo atrás, surgen faros de esperanza y humanidad compartida. El ejemplo más encomiable se está viviendo en la Escuela Nacional de Policía de Ávila. Las instalaciones de la academia policial se han transformado a contrarreloj en el mayor centro de contingencia y refugio de la provincia.

Abriendo sus puertas con el lema "nuestra casa es vuestra casa", la Escuela aloja ya a cientos de vecinos —previendo llegar a los 1.500 realojados— que incluyen desde lactantes hasta ancianos de movilidad reducida, junto con sus mascotas. El esfuerzo de sus profesionales para dotar a los damnificados de alojamiento en los módulos de alumnos, servicio médico y manutención en sus comedores dignifica la vocación de servicio de esta institución.

La causa raíz: burocracia, abandono rural y montes polvorín

Más allá de la virulencia de las llamas, de los calores sempiternos del verano y de la escasez de recursos, existe un clamor generalizado entre los habitantes del medio rural: los incendios de verano se apagan limpiando los bosques en invierno. La verdadera causa remota de este desastre no es fortuita, sino el resultado de décadas de abandono del medio rural y de una gestión forestal nefasta, asfixiada por excesivas regulaciones ecológicas de despacho.

Se ha criminalizado la presencia del hombre en el monte y se ha desincentivado el aprovechamiento tradicional de la biomasa forestal. Hemos llegado al absurdo de un entramado legislativo tan restrictivo que un vecino puede enfrentarse a elevadas sanciones económicas por el simple hecho de recoger unas piñas abandonadas o ramas secas para su autoconsumo. Al prohibir el pastoreo tradicional, la saca de leña y las labores de limpieza vecinales, las administraciones han convertido nuestros paisajes en auténticos polvorines repletos de combustible seco listos para estallar ante la primera chispa.

Conclusión: el comodín de la "emergencia climática"

Resulta trágicamente predecible ver cómo, mientras los pueblos arden y las familias pierden el esfuerzo de toda una vida, nuestro presidente del Gobierno comparece ante los medios para aferrarse de nuevo al mantra de la "emergencia climática". Para la narrativa oficialista, invocar el cambio climático funciona como la excusa perfecta: el comodín ideal para diluir cualquier tipo de responsabilidad política y desviar la atención de la flagrante falta de prevención.

Quienes poseemos un conocimiento directo de la realidad rural, no adulterado por los dogmas de esta conveniente "verdad científica" gubernamental, sabemos bien que el clima cambia, pero que los bosques arden por desidia institucional. Menos discursos rimbombantes sobre el clima global en televisión y más libertad para que la gente del campo cuide, limpie y viva de un entorno forestal que la burocracia estatal está dejando morir.

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