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En la Patagonia. Crónica de un viaje

Trekking austral

Trekking austral
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18/11/2016

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Una de los aspectos más importantes a tener en cuenta cuando decides hacer un trekking en El Chalten es la climatología. Lo que por la mañana es un buen día a última hora de la tarde se puede convertir en una pesadilla. Hay que administrar con precisión el tiempo, las rutas y las horas de Luz.

Una de los aspectos más importantes a tener en cuenta cuando decides hacer un trekking en El Chalten es la climatología. Lo que por la mañana es un buen día a última hora de la tarde se puede convertir en una pesadilla. Hay que administrar con precisión el tiempo, las rutas y las horas de Luz.

Abandonamos El Chalten dirección a la Laguna del Cerro Torre. El sendero trascurre entre bosques de coníferas y arroyos de aguas cristalinas. No es necesario llevar agua contigo. Toda el agua que te encuentres es potable.

Según vas ascendiendo, las vistas del Torre se hacen más espectaculares. Una nube comienza a cubrir el hongo de hielo que corona la cumbre. Las rachas de viento aumentan cuando abandonas la protección de los arboles.

Dos horas y media más tarde llegamos al borde del lago. Pedazos de hielo flotan cerca de nosotros. Abrimos una botella de vino y brindamos por todos los escaladores muertos en esas paredes, y por nuestros hijos. Al fondo, el sonido de una flauta andina reverberaba sobre las paredes del glaciar.

Una hora después iniciamos el descenso. A dos kilómetros existe un desvío que te conecta con la senda del Fitz Roy hacia la Laguna de los Tres. José decide no continuar.

Una vez en la senda las pendientes se vuelven más pronunciadas. Durante una hora camino por un bosque que hace de barrera natural ante el incesante viento.

En el preciso instante que llegué al collado que formaba el bosque descubrí a lo lejos dos lagos impresionantes. La madre y la hija son sus nombres. En la orilla las olas golpeaban con fuerza. Bordeando por su margen derecho llegue a la bifurcación de la senda Fitz Roy. A la derecha directo hacia la montaña, a la izquierda la ruta de regreso al Chalten. Me lo pensé dos veces antes de decidir que dirección tomar. Llegar aquí ya había sido un esfuerzo considerable. El último kilometro hasta la Laguna de los Tres, salva un desnivel de 400 metros. El viento era cada vez más fuerte y unas nubes amenazadoras empezaron a surgir por detrás de las moles de piedra. Había que continuar, era demasiado tentador.

Comencé la subida sin mirar hacia arriba. En estos momentos era una cuestión más de actitud que de altitud. Cada cierto rato tenía que parar a recuperar fuerzas al abrigo de los pocos arbustos que se enraizaban entre las piedras. Poco antes de alcanzar la cima me encontré con dos mujeres que también estaban ascendiendo. Seguimos juntos hasta llegar al borde de la laguna. Las nubes ya cubrían los tres picos principales: Fitz Roy, Poincenot y Mermot.

Unos veinte minutos más tarde la situación climatológica empeoró. Sugerí a mis acompañantes iniciar el descenso. Las ráfagas de viento helado cargadas de gotas de lluvia no hacían más que confirmarlo. Había que irse.

Sobre la mitad del descenso me despedí de mis compañeras en el Fitz Roy. Aumenté el ritmo notando ya flojedad en las piernas. Sobre las nueve de la noche llegue al Chalten. Según la aplicación del móvil había recorrido 40 kilómetros, estaba agotado.

En el hostal José tenía preparado un arroz con pollo. Junto a una cerveza quien podía pedir más. Mañana nos dirigiríamos hacia el Glaciar de Perito Moreno. En el cielo nocturno la Gran nube de Magallanes cortaba el firmamento como la hoja de una navaja.
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