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San Fructuoso del Bierzo

San Fructuoso del Bierzo

29 Octubre 2016

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Inmediatamente después de morir san Fructuooso, otro santo, san Valerio, escribió su biografía pero centrándose, de manera casi exclusiva, en la vida monacal de san Fructuoso y obviando su importante intervención en la vida civil y religiosa del reino visigodo (J. González Gallego).

Nacido el futuro san Fructuoso a caballo entre los siglos Vl y Vll, cuenta su vida Ribadeneyra en su Flos Sanctorum, publicado en 1599. Más concretamente, la primera parte del Flos ve la luz en Madrid, en ese año de 1599, con las vidas de Cristo, de la Virgen y los santos de los seis primeros meses del año. La segunda parte aparece en 1601, y la tercera, dedicada a los santos que no figuran en el breviario romano, en 1604. Dado que yo tengo una versión de la primera mitad del siglo XlX, reproduzco con su ortografía original dos párrafos que demuestran, con su estilo ingenuo, pero bastante documentado, la importancia que tuvo Fructuoso en su tiempo , así como la fuerza de su culto y veneración:

“Fue san Fructuoso español de nacion, de la sangre real de los godos, y su padre fue capitán general de algunos reyes, y tuvo muchas posesiones y haciendas en la tierra del Vierzo. Siendo muchacho, llevándosele su padre una vez consigo á ver sus ganados, consideró atentamente el sitio de aquellos campos, y el buen aparejo que había para edificar allí un monasterio; por que ya desde aquella edad se inclinaba, inspirado de Dios, á dejar la vanidad del mundo y darse á la perfecta vida del monge. Así lo hizo después no muy lejos de la ciudad de Astorga, en la pequeña región que ahora llamamos el Vierzo, cabe un lugar llamado antes Cuomplutica, y ahora Compluto. Este monasterio edificó san Fructuoso de su patrimonio, y le dedicó á los gloriosos mártires san Justo y Pastor, y el rey Chindasvinto le acrecentó con gran liberalidad por la devocion y reverencia que tenía á san Fructuoso, movido de su gran santidad y raro ejemplo de vida. Despues que tomó el hábito de monge, fue enseñado en la religion por Tonancio, obispo de Palencia, y Fructuoso se dio con tanto fervor á la perfeccion, y resplandeció con tan adirables virtudes, que gran muchedumbre de monges concurrían á él , para ser enseñados por tan santo maestro y gobernados por tan cuidadoso pastor. Estando aquí el abad con mucha quietud, esparciendo por todas partes un suavísimo olor de sus virtudes, el demonio le pretendió turbar, incitando á un cuñado suyo casado con su hermana, para que por justicia pretendiese quitar como suyos, los bienes que san Fructuoso había dado al monasterio. Al principio pensó san Fructuoso poder vencer á su cuñado con blandura y modestia cristiana; pero hallándole ciego con la codicia, obstinado se volvió á Dios, y postrado con sus monges delante de su divino acatamiento, le suplicó humildemente, que pues sabía la verdad, lo defendiese, y amparase aquella casa que él había fundado por su amor. Oyóle el Señor, y dióle una repentina y grave enfermedad al triste cuñado, de la cual murió y con esto quedó el santo sin cuidado de la hacienda; pero con mucha pena por el peligro del alma de su cuñado. Y era tanta la gente que venía a visitarle de tantas partes, por la gran fama de su santidad, y él era tan enemigo del bullicio, y tan amigo del recogimiento y soledad que algunas veces se salía del monasterio, y se huia á lo más apartado del desierto con propósito de quedarse allí en vida solitaria, hasta que yéndole á buscar sus monges, guiados del cielo le descubrieron: y ellos con sus llantos e importunos ruegos le persudieron que se voliese a su casa, y él se dejó vencer, entendiendo que aquella era a voluntad del Señor, posponiendo su gusto y contemplación á la fatiga y trabajo del gobierno. Y porque en el primer monasterio no cabía tanta multitud de religiosos como cada dia acudia, fundó san Fructuoso allí cerca otro con advocación de San Pedro,…”.

A continuación, Ribadeneyra, detalla los numerosos monasterios que fundó, los obispados que desempeñó y la importancia decisiva que tuvo, entre otros muchos asuntos civiles y religiosos en el X Concilio de Toledo. En el Concilio la voz de Fructuoso debió ser importante, pues de los siete cánones aprobados, cuatro se refieren a la vida de perfección, y los dos decretos publicados como apéndices, plantean problemas que se dejan «a la discreción de nuestro venerable hermano Fructuoso, obispo», según figura textualmente en las actas conciliares (J. González Gallego).

“… por haber tenido revelacion de Dios del dia de su muerte; y así habiendo caido malo de una recia calentura que le duró algunos días, dijo á sus clerigos y monges el dia en que habia de morir. Legó este dia y último plazo y llorando todos y deshaciéndose en lágrimas por ver que perdian un padre, maestro y pastor tan escogido y provechoso; él solo estaba alegre como quien se gozaba ya con la esperanza de la vida eterna. Mandóse llevar á la iglesia, recibió los santos sacramentos y no quiso volver á su casa; sino alzando las manos al cielo, sin mas dolor y agonia, dio su espéritu al Señor á los 16 de abril, que es el dia que se clebra du fiesta. Enterráronle en aquel monasterio que hoy dia dicen que se llama de San Fructuoso, …” (Pedro de Ribadeneyra, LEYENDA DE ORO, para cada día del año. Librería Española, calle Relatores, núm. 11, Madrid, Tomo Primero, 1835, pp 535 y 536).

El futuro san Fructuoso hizo numerosos milagros en vida pero, sobre todo, después de su muerte. Uno de los que se le atribuyen en vida, difícilmente puede calificarse como tal. Una corza, prseguida muy de cerca por lo cazadores iba a ser necesariamente abatida, pero, de repente, los cazadores le perdieron la pista y tuvieron que abandonar la caza. La corza apareció muy cerca de donde se había perdido su pista, al lado de donde vivía Fructuoso y se echó a sus pies y le seguía a todas partes como un perrrillo. Tal era el cariño que cogió a Fructuoso que, cuando éste debía marchar a predicar, no comía ni bebía hasta que llegaba el futuro santo al que recibía con todo tipo de saltos y alegres cabriolas. Al santo le servía aquello para entender el amor a Dios que, como ocurría con la corza, bastaba estar en su presencia, tumbado, sentado o de rodillas ante Él para ser feliz y no necesitar nada más (lo propio de la vida contemplativa a la que quería dedicarse Fructuoso); y también como manifestación de amor al prójimo, por cuanto después de abandonar a la corza varios días, ésta le recibía con toda alegría sin ningún reproche o muestra de agravio. Se la mató un muchacho de un pueblo cercano.

Manuel Díaz y Díaz, sintetiza, con acierto, la vida de San Fructuoso: “Su biógrafo no olvida señalarnos que pronto comenzaron los milagros en torno a su sepulcro, pero ninguno más importante ni valioso que el gran milagro del cual había sido instrumento dócil y activo en manos de Dios: la gran renovación espiritual que inició en el siglo VII, todavía lleno de resabios de herejía, henchido de luchas políticas, de odios y rencores. Entregado a la oración y a la penitencia en medio de un siglo corrompido, logró con su ejemplo y su virtud hacer cristalizar unas ansias de renovación sentidas con toda intensidad. Su celo y su entusiasmo prendieron en multitud de creyentes, que aún bastante después de su muerte buscaban todavía su santificación siguiendo paso a paso los itinerarios de Fructuoso, y haciendo de sus retiros y lugares de oración parajes sagrados en los que sus almas encontraban más facilidad para acercarse a Dios; y aun siglos más tarde, los monasterios por él fundados sentíanse satisfechos de esta tradición, mostrando la huella de su paso apostólico”. En efecto, fundó tal número de monasterios por la península (hasta llegar a Cádiz), que, por número, no queda lejos de nuestra Santa andariega, la santa de Ávila, la universal santa Teresa de Jesús. Murió en Braga (de hecho, también se le conoce como san Fructuoso de Braga), de donde era Obispo, el 16 de abril de 665.

Pilar Riestra
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