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(Ilustración: La Crítica / IA)
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(Ilustración: La Crítica / IA)

¿EXISTE ALGÚN SANTO CATÓLICO DE AUSTRALIA?

LA CRÍTICA 14 GOSTO 2026

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De la respuesta me enteré, hace tiempo, de manera casual. Mi marido y yo conocemos un matrimonio cuya mujer tuvo, a los 50 años, una hija. Gracias a estas nuevas tecnologías, pudo enseñar a su hija mayor, que vive, desde hace años, en Australia, a su nueva hermanita, y la hija a su vez, la nueva casa en la que vivía con unas amigas. Cuando la madre le comunicó el nombre, que tras largas discusiones había acordado la familia, la hija, cortó y dijo que su nombre era María. Y añadió: Santa María de la Cruz (Santa Mary MacKillop), es la única santa católica nativa de Australia y además, ha sido canonizada en el siglo XXI por Benedicto XVI y es mi intercesora aquí, en Australia, y ya me ha hecho varios favores. (...)

No se discutió más y, posiblemente, en España es la única niña que se llama María por la santa australiana. De manera que no es un santo sino una santa el de Australia, y su fiesta se celebra el 8 de agosto, que coincide con la de Santo Domingo de Guzmán, por lo que es difícil acordarse de la onomástica de esta niña.

Historia de la Iglesia en Australia

Para escribir este artículo he consultado, en primer lugar, en la Gran Enciclopedia RIALP, la voz Australia y dentro de ella la Historia de la Iglesia escrita por J.P. Garrido Roiz. (Gran Enciclopedia Rialp, Tomo III, Ed. Rialp, 1971).

Australia es una isla tan extensa -mide más de siete millones y seiscientos mil kilómetros cuadrados-, que generalmente se la considera un continente, si bien tiene poco más de 27 millones de habitantes, lo que supone no llegar ni a 4 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que España, por ejemplo, tiene 96 habitantes por kilómetro cuadrado, a pesar de la “España vaciada”.

Su enorme extensión haría coincidir su extremo septentrional con Gibraltar y el extremo meridional con el sur del Sahara, y de Este a Oeste se extendería desde el Atlántico hasta los confines de Libia, por lo que en su territorio existen desde selvas tropicales, pasando por zonas montañosas, hasta incluir el desierto, a lo que hay que añadir sus casi 28.000 kilómetros de costa.

El descubrimiento de Australia, cabe atribuírselo al británico James Cook, en el año 1770. No obstante, ya holandeses, sobre todo, habían tenido avistamientos desde el siglo XVI, e incluso el marino español Luis Vázquez de Torres, ya había descubierto y cartografiado, en 1606, el estrecho que lleva su nombre; y por otro lado, desde hacía 50.000 años, aborígenes habitaban la isla.

El catolicismo en Australia, nació y creció en prisión. La primera Misa documentada, se celebró en la famosa colonia penal situada en la actual Sidney -con la que comenzó la colonización británica en 1788-, en mayo de 1803 para los prisioneros católicos, bajo estricta vigilancia de la policía, por un sacerdote recluso irlandés. Hasta 1820 la fe fue preservada por unos cuantos seglares católicos, rehusando el Gobierno permitir el ministerio sacerdotal. Tanto el Gobierno como la sociedad de la colonia eran hostiles al catolicismo, considerándolo una superstición ignorante, identificada con los intentos de rebelión irlandesa.

Biografía de la santa.

Reproduzco del CENTRO MARY MACKILLOP DE PENOLA (con unas mínimas modificaciones), los dos párrafos siguientes: “Mary MacKillop nació el 15 de Enero de 1842 en Fitzroy, Victoria en Australia. Sus padres, de origen escocés, fueron Alexander MacKillop y Flora MacDonald. Mary, la mayor de los ocho hijos, fue bien educada por su padre, quien estudió algunos años en Roma para el sacerdocio pero que por razones de salud volvió a Escocia, su país natal, donde permaneció hasta 1835, fecha en que emigró a Australia con sus padres. El padre de Mary, desafortunadamente, carecía de conciencia financiera, por lo que la familia se encontraba a menudo sin casa propia, dependiendo de amigos y parientes y frecuentemente separados unos de otros.

A la edad de dieciséis años, Mary se ganaba la vida y ayudaba enormemente a su familia, como gobernanta, como empleada de la firma Sands y Kenny (actualmente Sands y MacDougal), y como maestra en la escuela de Portland. Cuando se desempeñaba como gobernanta para los hijos de su tío en Penola, Mary conoció al Padre Julian Tenison Woods, quien con una parroquia de 22.000 millas cuadradas/56000 kilómetros cuadrados, necesitaba ayuda en la educación religiosa para los niños del campo. En aquél entonces, la familia de Mary dependía de su sueldo, por consiguiente ella no estaba libre de seguir su sueño. Sin embargo, en 1866, enormemente inspirada y alentada por el Padre Woods, Mary inauguró la primera Escuela de San José en un establo deshabitado de Penola. Mujeres jóvenes vinieron a unirse a Mary y así comenzó la Congregación de las Hermanas de San José.” (https://rsjperu.org/mary-mackillop/historia-de-santa-mary/).

Al parecer lo que decidió al Padre Woods a elegir e insistir durante años a Mary, fue el cariño y el acierto con que enseñaba a los niños, unido a una autoridad natural que hacía que los niños le obedecieran con facilidad y se encariñaran con ella, e igualmente le ocurría con los hijos de los que ahora se llaman vulnerables, cualquiera fuera su grado de ignorancia.

La pobreza, la mala alimentación de su infancia y adolescencia, unidos a su agobiante trabajo y a su esfuerzo y exigencia a lo largo de su vida, superando con su confianza y abandono en manos de Dios, penalidades, escaseces y calumnias –sobre todo de los buenos, de los eclesiásticos- y a pesar de la fortaleza de su naturaleza, le provocaron una mala salud, que padeció hasta el fin de sus días, en que May MacKIllop, agotada física y mentalmente, falleció el 8 de agosto de 1909 en un suburbio de Sidney.

Santa Mary MacKillop: fundadora y excomulgada.

La futura santa junto con el Padre Woods fundaron en 1866, las que aquí conocemos como las “josefinas” (Sisters of St Joseph of the Sacred Heart of Jesus) esto es, la Congregación de las Hermanas de San José del Sagrado Corazón. Vinieron muchas vocaciones y su labor educativa, gratuita y necesaria, se extendió por casi toda Australia.

Sin embargo, un suceso vino casi a destruir la orden de Mary Mac Killop. Las Hermanas denunciaron al sacerdote local, Patrick Keating , porque abusaba de los niños. Mary MacKillop y las Hermanas, sufrieron todo tipo de presiones para que retiraran la denuncia, pero comprendieron que no podían ceder, puesto que, además de violentar su conciencia, sería el fin de su labor unida a un escándalo irreparable, dado que si las Hermanas consentían, su incansable trabajo de educación de los niños pobres, de los hijos de las familias sin recursos, sería rechazado por esos niños y esas familias. Por ello, el sacerdote, Patrick Keating, tuvo que abandonar Australia y volver a Irlanda. Pero Mary y las Hermanas se ganaron la enemistad de un sector del clero minoritario, aunque influyente.

Mal aconsejado por los sacerdotes descontentos, el obispo, Laurence Sheil, quizás con buena intención, decidió cambiar las reglas de la Congregación, acabar con su estructura central que pasaría a depender de los obispos de cada lugar en el que trabajasen y se cobraría la enseñanza a los niños. Ahora bien, Mary, tenía la seguridad de lo que Dios le pedía y se negó a romper las reglas y mantuvo la defensa de la verdad de su vocación, con caridad pero con gran energía, rechazando falsos compromisos. El obispo, entonces, el 22 de septiembre de 1871, procedió a excomulgar, por rebeldía, a Mary MacKillop de la Iglesia Católica y a disolver la Congregación, por lo que Mary no pudo recibir los sacramentos, si bien, la reacción casi unánime del clero y de la población, tanto de católicos como de otras religiones, incluida la comunidad judía que, incluso, le facilitó a ella y a las Hermanas, vivienda y comida, se puso al lado de ella, reconociendo y demostrando su gratitud por la labor que realizaba la Congregación. En todo caso, el obispo comprendió la injusticia, y cinco meses después le levantó la excomunión y la absolvió de cualquier acusación de rebeldía.

Como esa parte mínima del clero y de laicos, persistiesen en su propósito de modificación de las reglas y del espíritu de la Congregación, la futura santa, pensando en el futuro, viajó a Roma y consiguió entrevistarse con el Papa, a la sazón Pío IX, del que obtuvo la aprobación pontificia que impedía, de manera absoluta, posibles injerencias episcopales en las reglas de su Orden.

Debe señalarse que nadie recuerda que hablara mal de los que intentaban hacerle daño, sino que les perdonó y rezó por ellos.

Los milagros de la beatificación y canonización de Mary MacKillop.

En mi artículo anterior describí el proceso y exigencias –insuperables, si no existe milagro-, para que la Iglesia declare la beatificación de una persona; idénticos a los que se necesita para que otro hecho, permita la declaración de su santidad.

El milagro probado científica y teológicamente, para la beatificación de Mary MacKillop, correspondió a la curación a una mujer veinteañera de Sidney, Veronica Hopson, que diagnosticada de leucemia mieloide, los médicos la desahuciaron, dándole sólo uno días de vida.

La familia y las Hermanas rezaron y Veronica se curó de repente, completa, duradera y de forma inexplicable para la ciencia, por lo que el Papa Juan Pablo II firmó, en 1995, el decreto de beatificación.

El segundo milagro, fue otra curación, la de Kathleen Evans, a punto de cumplir los 50 años, diagnosticada de cáncer en los pulmones y el cerebro, inoperable, por lo que la enviaron a morir a su casa. Amigos y Hermanas, rezaron y meses después se sintió repentinamente curada, por lo que la hicieron numerosas pruebas, radiografías, escaneos y comprobaron que los tumores, inexplicablemente, habían desaparecido. El Papa Benedicto XVI decretó la santidad de la primera y única australiana, Mary MacKillop, que además es copatrona de Australia, junto a la advocación de la Virgen, de María Auxiliadora.

Su fiesta litúrgica se celebra el 8 de agosto coincidiendo con el día de su fallecimiento y es recordada por el cariño, eficacia y espiritualidad con el que impartía su enseñanza, así como como por su espíritu de penitencia y mortificación, su oración constante, su caridad con todos, compatible con su energía y valentía.

Pilar Riestra

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