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Del 30 Octubre 2015 al 3 Noviembre 2015

En Irán con Ángel Fernández (II / II)
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En Irán con Ángel Fernández (II / II)

ÁNGEL FERNÁNDEZ / LA CRÍTICA DE LEÓN

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Sigue en directo y día a día la aventura iraní de nuestro colaborador y fotógrafo Ángel Fernández.

Un leonés recorre el "eje del mal", o del bien, según se mire.

Día 14. Epílogo

Aeropuerto Imán Jomeini, 01:30 AM. 3 de Noviembre 2015

"Nada, no siento nada"
Por lo visto estas fueron las primeras palabras del Imán Jomeini nada más aterrizar en Teherán después de la caída del Sha.
Por lo visto los iraníes confiados en que su vida cambiara depositaron toda su esperanza en estas frías palabras.
Por lo visto los iraníes no sabían lo que les esperaba.

Hoy, 36 años después, otro Ayatolá rige el destino del pueblo de Irán. Da lo mismo que haya un primer ministro, aquí quien manda es el líder espiritual, en pocas palabras, lo que dice él va a misa. Y es que es muy difícil entender el funcionamiento de este país sin entender el peso que tiene la religión chiíta en la mente y el corazón de los iraníes.

Durante estos pocos días he mantenido conversaciones con personas de puntos de vista totalmente diferentes, desde el religioso convencido hasta el nostálgico del régimen monárquico mantenido con mano de hierrro por el Sha. Si en algo coincidían es en el fervor religioso por Hossein, su verdadero estandarte. Sé que para nosotros los occidentales, convencidos de que una sociedad se debe regir por unos valores laicos el funcionamiento de Irán nos puede parecer surrealista, incluso hasta absurdo. Debemos aprender que cada pueblo, cada cultura, tiene sus valores, y hay que respetarlos. Irán es una potencia regional, y hasta diría mundial, de primer orden. Tiene una gente magnífica, unos recursos naturales increíbles, un pueblo muy formado. Es un gran país. Pero hay cosas que no se pueden admitir: la pena de muerte, la discriminación de la mujer (en muchos casos aceptada, que es lo que me sorprende), la lapidación -terrible-, la desigualdad social (de esto sabemos mucho nosotros), y un largo etcétera.

Supongo que poco a poco se irán produciendo cambios. Algún día la dictadura caerá aunque el fervor chiita se mantenga. Lo que está claro es que no se puede querer cambiar un país por la fuerza, y menos querer hacerlo a nuestra imagen y semejanza. Vendrán generaciones con aires nuevos -ya están ahí-, ellos serán los protagonistas.


Mientras tanto viajad a Irán, mezclaros con la gente, dejar a un lado los prejuicios. Os sorprenderá. (Y además es barato, de momento).

Al pueblo de Irán.

Datos prácticos:

Una lista con información que puede ser de interés si vas a viajar a Irán por primera vez.

- La moneda es el rial, un euro se cambia a 38.800 riales aprox. 10 riales es un toman, que es más utilizado, dicen con sorna que el rial es saudí. Cuidado con confundirlos. Aconsejo aprenderse la numeración del 0 al 9, es fácil y efectiva. Para cambiar, arriba en el aeropuerto al llegar.

- El alojamiento es lo que supone un gasto mayor. Sobre 30 euros hoteles de tres estrellas o similares (algunos se han quedado es la época del Sha). Incluyen desayuno que en muchos casos es casi comida hasta la cena. Otros alojamientos van de 3 euros a 18 aunque para dormir vale cualquier sitio.

- Los taxis se negocian sí o sí, desde 30.000 a 100.000 tomanes en la ciudad. Si te piden 100.000 le ofreces 50.000, a ver qué pasa. Como mucho sube a 70.000. Yo he visto llenar un deposito de gas con 50.000 riales, a 6.000 el kilo, o sea, con menos de dos euros llegan a hacer 300 kilómetros. El trasporte es lo más barato en Irán. Para distancias largas también hay que regatear. Si viajáis varios os sale a cuenta. A veces te dirán cinco con la mano y tu dirás cuatro, estamos hablando de tomanes, 5 dedos serian 5.000 tomanes o 50.000 riales.

- Autobuses para desplazarse de una ciudad a otra. Tomar los Vip nocturnos, son baratos y te ahorras el hotel, y mejor si llegan sobre la ocho de la mañana. No te suelen cobrar que te eches una siesta mañanera, incluso te podrán decir que desayunes como me ha sucedido varias veces.

- Las entradas a los sitios a visitar entre 50.000 y 150.000 riales.

- El visado voa (15 dias) con 2 kiapersia o algo parecido, buscar en google, envías formulario con copia pasaporte, ingresas cuenta alemana 30 euros y a los 15 días te envían carta de invitación. Imprimes el email y al llegar donde pone visa la presentas, pagas 50 euros y listo. No hace falta nada más, incluso sin la carta yo vi hacer la visa a la gente, pero puede que tu compañía aérea te la pida antes de embarcar.

Por lo demás, a improvisar.

La dirección de dos blogs que me han servido de referencia (buscar en google):

- El rincón de Sele.
- Crónicas de una cámara, de Ignacio Izquierdo.

Eso es todo.

Día 13

Kerman, 09:00 AM. 2 de Noviembre 2015

Esto ya huele a despedida. Lástima, cuando ya empiezas a integrarte es la señal de que se termina el viaje. Esta noche he tratado de dormir el mayor número de horas posible. Intento fallido: aquí, como en otros muchos países no conocen lo que son las persianas.

Primero tomaré un vuelo de Kerman a Teherán, donde llegaré sobre las seis de la tarde. La salida hacia Estambul es a las 04:55 de la madrugada del martes, teniendo en cuenta el trafico caótico de esta ciudad creo que dispondré de unas pocas horas para visitar el Bazar si no hay ningún incidente.

Desayuno en el hotel mientras charlo con una pareja suiza. Están realizando una ruta en un camión similar a los que se utilizan en el Paris - Dakar.

Han comenzado en Estambul (Turquía) para terminar en Sanghai ( China). Según me comentan rodearán por alguna de las repúblicas ex soviéticas para evitar el paso por Afganistán. Me despido y les deseo buena suerte, la van a necesitar.

Fuera del hotel un grupo de alemanes se prepara para salir hacia el desierto en 4x4. Son los típicos turistas a los que le preparan un viaje a la carta en plan aventureros, llegaron anoche y estaban todo excitados. No paran de hacerse fotos unos a otros con su indumentaria coronel Tapioca.

Tengo que comprar todavía especias y ya que en Teherán los precios se disparan voy de nuevo al bazar de Kerman. Ayer vi un puesto que me gustó, tenía bastante variedad. De paso hacia el bazar entro en dos mezquitas. Es lo que tiene Irán, te pasas el día entrando en las mezquitas, siempre hay algo en ellas que despierta tu interés. En este caso la más llamativa es la del Imán.

El hombre del puesto me reconoce del día anterior, había estado husmeando y me fui sin comprar nada. Comienzo a elegir de diferentes sacos. Uno de esto, dos de aquello, iba probando los sabores hasta que llegó un momento que tenía la boca como un volcán en erupción. El tendero se reía mientras entraba en la trastienda y regresaba con dos tazas de té que compartimos lentamente, muy lentamente, aquí no hay prisas. La cuenta ascendió a ocho euros, al té invitaba la casa.

La mañana pasó como un suspiro, lo único que quedaba era regresar al hotel, recoger la mochila y dirigirse al aeropuerto.

Como a las dos y media llegue a la terminal del Aeropuerto de Kerman. Dos días antes había reservado un vuelo a Teherán en clase turista por, y esto es una de las ventajas de Irán, 40 euros. Resulta que los precios de los billetes aéreos los fija el gobierno, si a esto le sumamos el coste del combustible, que es mínimo, volar en Irán es la mejor decisión.

Lo que no esperaba es la sorpresa que me llevé en el mostrador de facturación: Overbooking.

La cara que se me puso de cabreo al principio tornó en una expresión de niño travieso cuando me dijeron que me iban a colocar en primera clase. Primera clase, casi nada. Nunca he volado en primera clase y sentía curiosidad por ver lo que se sentía. Además era una buena manera de terminar un viaje en el que sólo me faltó montar en camello.

Lo primero es el saludo, mucho más pelotero, para entendernos. Nada más sentarte ya te están ofreciendo bebidas (lástima de cava para celebrarlo). Puedes estirar la piernas hasta el infinito, te ofrecen periódicos, revistas, lo que quiera el señor. Aun así creo que me encontraba fuera de lugar, soy más de clase turista. Y por las pintas que traía, con ropa sin lavar de varios días las miradas me lo demostraban.

Aterrizamos en Teherán en medio de la lluvia. Ya había oscurecido. La temperatura me recordó que estábamos a las puertas del invierno, también las personas que esperaban en la puerta a sus familiares y amigos, muchos de ellos ya con ropa de invierno.

Tomé un taxi (4 euros, no paguéis ni un céntimo más) con la intención de llegar al bazar antes que cerrara. Voy a hacer un inciso en este momento: en Irán los días van de siete de la mañana a siete de la tarde, es su ritmo. Siempre puedes encontrar sitios abiertos pero no es una sociedad que trasnoche como la nuestra.

Cuando por fin llegué al bazar, después de atravesar la ciudad con un tráfico endemoniado, sucedió lo que me temía: las tiendas medio cerradas, hombres tirando de carros sobrecargados de mercancía, basura por todos los sitios, oscuridad y gritos apresurados.

Durante más de dos horas he caminado sin rumbo, haciendo tiempo. A estas horas Teherán no tiene interés para alguien que la desconozca. Hace frío, llueve. Solo vamos quedando en las calles los taxistas, los mendigos y los perdidos como yo. Creo que lo adecuado es irse para el aeropuerto a observar a la gente, siempre me ha gustado ver las mezclas de distintas culturas que se dan en los aeropuertos de los países árabes, o de oriente medio como es el caso. Y en este es especial: casi todos lloran cuando se despiden.

Son las doce en punto de la noche. Creo que es el momento de dar por finalizado el viaje. Durante estos trece días he tratado de ser lo más sincero posible en todo lo que he narrado. Pienso que la inmediatez da una perspectiva diferente de un viaje, de un país. Yo he disfrutado haciéndolo como espero que los que lo habéis seguido hayáis disfrutado leyéndolo. Vivimos en un mundo cada vez mas individualista. A mí Irán -pese a las dificultados que supone vivir en una dictadura- me ha enseñado (o recordado) que somos nosotros, las personas, los que podemos hacer la vida más agradable día a día. En nuestra mano está luchar por ello, sé que no es fácil.

Día 12

Shafe Abad, 05:00 AM. 1 de Noviembre 2015

Apenas unas cuantas estrellas parpadean levemente esta noche. A estas horas solo el ladrido de los perros me mostraban que en esta aldea perdida de Irán había un rastro de vida. En media hora empezaría a clarear. Apuré un té lo más rápido posible antes de subirme en el Peugeot de Mahmmud. Tenía cara de mal humor. Le pregunté qué le sucedía. La batería del teléfono no le funcionaba, the end. La escena se me antojó algo patética. Delante del taxi Mahmmud maldecía a todo lo innombrable, el dueño de la casa se echaba las manos a la cabeza, y algunas gotas de lluvia -en este desierto suele llover esporádicamente- golpeaban el parabrisas del coche. Decididamente este hombre estaba enganchado al móvil.

Empezaba a clarear cuando llegamos a los Kaluts. No se notaba frío a pesar de que el viento crecía en intensidad.


-Los Kaluts -me dijo Mahmmud, señalando con el dedo hacia unas formaciones calcáreas que empezaban a surgir de la oscuridad según iba clareando la madrugada.

Tome la cámara y el trípode indicándole a Mahmmud que se quedara a dormir en el coche. No me apetecía tenerlo a mi lado mientras amanecía. Durante media hora caminé esperando que los primeros rayos del sol iluminaran el terreno que me rodeaba. Ahora el viento crecía en intensidad golpeando mi cara con finos granos de arena. No molestaban pero tenía que tener cuidado de que no dañaran la lente de la cámara.

Como a las seis empezaron a surgir los Kaluts en pleno esplendor. Como a quinientos metros otro visitante disfrutaba de la escena. Ha merecido la pena dormir apenas tres horas para ver este espectáculo de la naturaleza, y veo que no soy el único.

No recuerdo los kilómetros que caminé, me encontraba tranquilo, casi diría que perdí un poco la noción del tiempo. En cierto momento escuché unas voces. Era Mahmmud.

Volví sobre mis pasos cuando el sol ya empezaba a calentar de verdad. Sobre el capó del taxi me esperaba un té acompañado de verduras y queso de cabra. Un desayuno acorde con el entorno.

Sobre las diez emprendimos el regreso a Shafe Abad donde nos despedimos de nuestros anfitriones. Nos adentramos en la carretera camino a Mahan.

A través de la ventanilla la línea de montañas del Beluchistán iraní se me asemejaba a un largo y violento acantilado. Repetidamente le pedí a Mahmmud que hiciera una parada para tomar fotografías. Parecía de mejor humor, el dueño de la casa le había dejado una batería para el móvil.

Sobre las once y pico se la mañana llegamos a Mahan. Era la última parada del recorrido. Aquí me encontré con una mezquita que me sorprendió. Destilaba humildad y belleza, creo que es la que más me ha gustado de Irán, especialmente su cúpula, de un azul demasiado hermoso para ser real. En el interior de la mezquita se haya el sepulcro del Shah Nematollah Valí. No sé quién sería pero parece importante por la cantidad de billetes de riales que los fieles dejaban en la urna que envolvía el sepulcro.

Fuera de la mezquita un mendigo -en esta zona es habitual encontrarse con demasiados para lo que es Irán- trataba de calentar un té con unas ascuas de madera. Me pidió tabaco y le regalé el paquete. El hombre se emocionó. Y yo creo que también cuando me ofreció lo único que tenía: su taza de té.
-Buen viaje, mister- y se alejó. Nada más.

A la una de la tarde entré en la habitación del hotel. Estaba reventado.

Tres horas más tarde paseaba tranquilamente por el Bazar de Kerman. No es un bazar para turistas, es un bazar para iraníes y eso me gustó. Deambulé mirando los puestos, comiendo pistachos, comprando fruta. En uno de los callejones retumbaba la letanía de un anciano. Su voz era cautivadora. Caminaba despacio, casi ausente. A su paso las personas callaban y le depositaban una limosna en la mano, repleta de billetes. Pregunté a un tendero si me podía explicar la situación. Me respondió que el anciano era un Imán, que no pedía para él sino para las personas que acudían a la mezquita a saciar el hambre. Hay aspectos de la cultura iraní que tengo que estudiar con detenimiento.

De vuelta hotel he charlado animadamente con un británico durante la cena (cena que incluía el precio de la habitación y que no ha estado nada mal). Nos hemos reído un rato, el inglés era una copia de Ian, el de los reportajes de las guías pilot, tenía los mismos tics, el mismo humor británico y hasta se le parecía físicamente. Ha sido un toque divertido para terminar el día.

Mañana es el último día en Irán. Viajaré a Teheran. Lo que suceda, aquí os lo contaré.


Día 11

Kerman 06:30 AM. 31 de Octubre 2015

Es probable que, con el tiempo, recuerde esta habitación como la mejor en la que he dormido. Hasta ahora no había podido dormir del tirón ninguna noche. Ha resultado que lo que yo pensaba que era una pocilga (que lo es, pero tampoco se puede pedir mucho por tres euros) se ha convertido en el lugar adecuado si obviamos el cuarto de baño. Me despido del recepcionista dándole las gracias y un hasta pronto.

Las primeras dos horas de la mañana las he dedicado en gestionar un recorrido de dos días por los lugares más importantes en los alrededores de Kerman. Serán unos 700 Km. visitando Rayen, Bam, Los Kaluts y Mahan. El conductor será Mahmmud. Este señor no lo recomiendo, se pasa el día hablando con el móvil y va totalmente a su bola. A mí me da lo mismo ya que prefiero que me dejen a mi aire pero se ve que Míster Mahmmud está muy experimentado en pasar de todo. El contacto lo he realizado en el hotel Akhavan de Kerman. En principio me pedían 90 euros por los dos días a lo que me negué, es mucho dinero para Irán. Negociando la estancia para la noche del domingo en el hotel me lo han rebajado a 70 euros (incluyendo la cena y la cama), una cifra coherente con el recorrido. Ahora pienso que siempre se paga un poco la novatada la primera vez, es un recorrido que se puede hacer con cualquier iraní que se ponga a tiro. De todas maneras, 70 euros para repartirse entre el hotel, el conductor y casi seguro la policía no es una mala cifra. Esto último lo digo po que de los numerosos controles de policía en ninguno nos han parado. Solamente se veía inspeccionar los vehículos que procedían de Afganistán o algunos camiones iraníes.

Salimos de Kerman sobre las nueve de la mañana con dirección a Rayen. En el camino paramos en lo que parece ser un palacio de un sultán otomano. Ha merecido la pena las fuentes y el pórtico de entrada, lo demás no dejaba de ser bastante vulgar.

De nuevo en la carretera las montañas empiezan a sucederse a ambos lados creando escenas que bien podrían corresponder a las primeras eras geológicas de este inmenso planeta llamado Tierra. No puedes dejar de mirarlas, los colores y la luz cambian constantemente según va avanzando la mañana.

Una hora más tarde entramos en Rayen, ciudadela levantada por el gobernador de Bam para alojar allí a su corte durante los calurosos veranos persas. Esta ciudadela resistió bien el terremoto de 2003, no fue así en Bam, que quedó prácticamente destruida. Es un aperitivo para lo que nos vamos a encontrar en Bam.

El calor aprieta de lo lindo cuando me adentro en lo que para mí siempre ha sido un sueño: la inmortal Bam. Si hay un lugar que aglutine el romanticismo de antaño ese es Bam. Imposible dejar de pensar en las innumerables caravanas que surcaban la ruta de la seda en tiempos atrás, los primeros exploradores occidentales que tuvieron la osadía de mezclarse con las distintas tribus y etnias que hacían de Bam un lugar peligroso y auténtico, seductor y amenazante, un cruce de mentalidades tan diversas y lenguas diferentes a las que a cualquier mortal no podrían dejar indiferente. El momento de soledad de esta mañana en la ciudadela solo roto por el llanto de un niño ha sido una experiencia única, cristalina. Nunca olvidaré Bam.

La tarde avanzaba y el sol empezaba a descender sobre el horizonte precipitadamente. Teníamos que llegar a los Kaluts para ver la puesta de sol aunque sabía que no iba a ser posible. Nos separaban casi 250 km y el trayecto se adentraba en el Beluchistán iraní por una carretera distinta a las autovías que unen las principales ciudades del país.

Mahmmud aceleró la marcha. Aunque apenas cruzábamos palabra tampoco nos sentíamos mal el uno con el otro, cada uno a lo suyo, era lo que había.

Anochecía cuando llegamos a los Kaluts.

Irán pose dos inmensos desiertos. En uno de ellos, Dasht-e Lut, ha surgido una de las formaciones geológicas mas bellas de Irán. Los Kaluts, que en baluchi (estamos en el Beluchistán, territorio que comparten Irán, Pakistán y Afganistán) significa "colinas". Nacen gracias a la unión de tres fuerzas de la naturaleza: agua, viento y tierra. Durante miles de años este territorio ha estado a merced de estas creando un paisaje fantasmagórico.

No hemos podido llegar a tiempo. Tenemos que madrugar para poder ver amanecer sobre los Kaluts.

En estos momentos cenamos en el único sitio disponible para alojar a turistas que se aventuran a conocer esta zona. Es una aldea situada a la entrada del desierto llamada Shafe Abad. En la casa tan solo vamos a pernoctar cinco occidentales y otros tantos iraníes. La regenta una familia encantadora, todo son atenciones y mimos. Toca acostarse, a las cinco hay que estar en movimiento.

Nota: Después de la cena hacemos una incursión nocturna en la ciudadela de la aldea. Están reconstruyéndola.

Día 10

Minab 06:00 AM. 30 de Octubre 2015

Hoy toca madrugar. A estas horas el sol ya está a media altura sobre la línea del horizonte. Desde la ventana de la habitación se ven las primeras motos circular por las solitarias calles. Es el segundo viernes que paso en Irán, todo esta cerrado. Me quedan unos 2OO.000 tomanes por lo que espero no tener problemas de efectivo, aquí las tarjetas de crédito no tienen ninguna utilidad salvo en los hoteles de cinco estrellas.

En recepción está el mismo tipo de anoche. Se encuentra de peor humor que ayer. Tengo que esperar como media hora para saldar la cuenta pendiente y que me devuelva el pasaporte. Nada más salir a la calle un coche se detiene. Será en primer trasporte del día. Por un euro me acercan hasta la parada de los saaris. Hay que esperar a que se llene. A los diez minutos partimos hacia Bandar - e 'Abbas. En esta zona no funcionan los autobuses, esta es la única opción de viajar. Algo menos de tres euros para 90 km. de recorrido.

Una hora despues llegamos a Bandar - e 'Abbas. El autobús hacia Kerman no sale hasta las dos de la tarde así que tengo tiempo de conocer la ciudad durante unas horas.

Bandar - e 'Abbas es una ciudad con escaso interés para el viajero, la típica localidad con mar del Golfo Pérsico. Banda significa puerto en persa. Por lo visto el contrabando es la norma en su puerto donde la mayor parte de la gente es de origen árabe. Esto se nota mucho en el trato, no son ni parecidos de amables que los Iraníes.

Hay un cartel que indica el nombre de una playa, hacia allí me dirijo. La basura se acumula a montones sobre la arena. Apenas diez personas, entre ellas varios niños, sumergen sus pies en el agua, caliente como la sopa. Un hombre se me acerca saludándome en farsi "míster, Salam Che Tori" son sus primeras palabras. Insiste en que le acompañe a comer un Kebak a lo que no me puedo negar. Subimos en su destartalada furgoneta y nos adentramos en el centro de la ciudad. Le pregunto sobre la población de Bandar - e 'Abbas, que me ha llamado la atención la cantidad de árabes que se ven por sus calles. Alí no para de decir que son todos unos terroristas, que no son iraníes. Y no le gusta nada el régimen de su país, quiere irse a Canadá, conseguir una visa como sea. Como muchos de sus compatriotas.

Por fin encontramos un lugar donde comer algo, en el hotel no servían desayuno y yo estoy hambriento. Al momento Alí recibe una llamada de su novia desde Shiraz, tiene que irse. Me pide mil disculpas y yo le digo que no se preocupe, que ya me buscaré la vida para volver. Paga la cuenta -imposible convencerle de que no lo haga- y se despide no sin antes pedirme el numero de teléfono para estar en contacto por WhatsApp.

De nuevo vuelvo a la terminal de autobuses con otro conductor que paro por la calle. La salida esta programada para las dos de la tarde pero aquí eso es muy relativo. Está claro que hasta que no haya el numero suficiente de viajeros el autobús no se va a mover.

Entretanto presencio una medio pelea entre dos hombres -utilizan el cinturón del pantalón para amenazarse-, me hago unas fotos con quien me lo pide, veo en la televisión las imágenes de unas graves inundaciones que se están produciendo en el norte de Irán, y poco más.

Son casi las tres cuando partimos. Entre paradas, controles de policía y algún que otro imprevisto serán unas ocho horas de viaje así que me temo que voy a tener que andar fino para encontrar alojamiento en Kerman. Me consuela que éste es el mejor autobús que he tomado hasta ahora y a un precio ganga: 18.000 tomanes, o lo que es lo mismo, 4,71 euros. No hay quien entienda los precios de Irán.

No ha pasado ni media hora para que empiecen los problemas. En el primer control de policía nos han mandado dar la vuelta. Aquí nadie sabe lo que pasa, incluso hay personas que van echando una cabezada y ni se han enterado. Paciencia, a ver en qué acaba todo esto.

Problema suelto. Estampar un jodido sello en la hoja de ruta era el problema, el conductor resopla de alivio. Está muy gracioso con los galones de comandante de avión sobre los hombros.

Me acabo de enterar que la distancia a Kerman es de 474 km., o sea, que llegaremos antes de lo que había previsto. O eso espero. Voy a sentarme en la parte delantera, esta más animada y el paisaje se contempla mejor.

Una hora después topamos con otro control. En este caso es militar. Más papeleo. Parece que ahora no hay ningún problema después de que uno de los militares reciba una bolsita de terrones de azúcar lo que viene a ser, en resumen, un detalle o un soborno.

Reanudamos la marcha entre montañas espectaculares que muestran lo inmenso que es Irán.

Dos controles más y una parada para rezar en la mezquita de un pequeño pueblo rompen la monotonía del viaje.

Son las 22:30 cuando entramos en la terminal de autobuses de Kerman. A la salida esperan varios taxis como es habitual. También, como es habitual alzo la mano y se para el primer coche que pasa. Lo conduce un hombre vestido a la usanza afgana. De camino al hotel conversamos sobre la situación que está viviendo su país y las consecuencias o "daños colaterales" que sufren muchos de sus habitantes. Tiene una extremada educación y una presencia impecable, nadie diría que comparte nacionalidad con los talibanes. A la puerta del hotel un saludo cordial con palabras de esperanza para los dos.

En recepción me reciben con un té. Una mala noticia: el hotel esta lleno, lo único disponible es un hostal anexo al hotel. Y qué hostal, dios mío, lo más parecido a una pocilga. Creo que hoy toca dormir en el saco, no me meto entre esas sábanas ni por un millón de tomanes. No querías aventura, pues toma aventura.

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