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La progresión republicana: el Gran Canciller Pedro Sánchez y sus caballeros y damas de la Gran Cruz de Carlos III

Orden de Carlos III: el Gran Canciller Pedro Sánchez y el Caballero de la Gran Cruz Pablo Iglesias. (Foto: EFE / Archivo).
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Orden de Carlos III: el Gran Canciller Pedro Sánchez y el Caballero de la Gran Cruz Pablo Iglesias. (Foto: EFE / Archivo).

LA CRÍTICA, 29 DICIEMBRE 2021

Por Juan M. Martínez Valdueza
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Vivir para ver. Gozosa jornada esta que nos presenta a un grupo de republicanos confesos y en pleno empeño de su revolución cultural, siendo ungidos por su benefactor miembros muy destacados de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, –orden bajo el patrocinio de la Virgen María Inmaculada Concepción–, cuyo Gran Maestre es el mismísimo Rey Felipe VI y Pedro Sánchez su Gran Canciller. (...)

... Pero no está mal. Ver de nuevo plegarse al boato y al suave tacto de los terciopelos a los libertadores depositarios de la verdad y el progreso –nuestros redentores porque así lo han dispuesto– es causa de sosiego para todos aquellos que no respiramos el aire puro de la revolución contante y sonante y sí el contaminado y poco ecológico de la libertad incondicional.

Nos esperan días –y años– de regocijo que espero –de los nuevos sacerdotes de la comunicación y diversión de las masas– que no nos sean hurtados y rellenen las muchas horas de realities habilitadas en nuestra parrilla televisiva con las preces y demás liturgias de los nuevos caballeros y damas; sus juramentos de fidelidad y otras pequeñeces a las que estarán obligados por su pertenencia a tan Real y Distinguida Orden Española, en sus capítulos y otras ceremonias.

Pero no caerá esa breva. Dados como son al uso inveterado de imponer su voluntad más allá de cualquier protesta razonable, que para eso está su Boe como en su día lo estuvo su Gaceta, algún decreto vendrá que la breva colgada dejará. Pero bueno, nunca se sabe…

De momento, entre el decreto de disolución de esta memorable Orden –y de todas las demás– de sus mentores en la Segunda República, y la entrada en tromba de estos novísimos no me podrán negar ustedes que hay una progresión evidente…

MINISTERIO DE ESTADO - DECRETO
El criterio de austeridad que el Gobierno provisional de la República se ha impuesto como severa norma desde su advenimiento, oblígale a adoptar ciertas medidas, que las circunstancias presentes aconsejan, con respecto a honores y condecoraciones civiles. Una de ellas es la supresión de las Ordenes dependientes del Ministerio de Estado, con la única excepción de la de Isabel la Católica, que, sin menoscabo del espíritu republicano de la Nación, debe conservarse por evocar su nombre tradiciones y grandezas imperecederas del pasado histórico de España, y muy principalmente también porque circunstancias de orden internacional aconsejan la conservación de una distinción honorífica destinada a premiar servicios de dicho carácter y virtudes cívicas, altos merecimientos para con la Humanidad, la Patria y la República o méritos relevantes en la política, en la ciencia, en las artes y en las letras.
Fundado en tales consideraciones, a propuesta del Ministro de Estado, el Gobierno provisional de la República, decreta:
Artículo primero. Se declaran extinguidas todas las Órdenes dependientes del Ministerio de Estado, a excepción de la de Isabel la Católica, que subsistirá en todos sus grados, dictándose por dicho Departamento las disposiciones oportunas para la adecuada reforma y adaptación de los Estatutos de la misma.
Artículo segundo. Quedan disueltas las Asambleas de Carlos III e Isabel la Católica y el Consejo de la Orden del Mérito civil.
Artículo tercero. El Ministerio de Estado se hará cargo de los archivos de dichas Asambleas, como también de los valores, insignias y demás efectos pertenecientes a las mencionadas órdenes.
Artículo cuarto. Este Ministerio recogerá, a medida que vaquen, las insignias, que siendo propiedad del Estado, se hallen en posesión de condecorados en España y en el extranjero, y procederá a su depósito en el Museo Nacional.
Artículo quinto. Quedan derogadas todas las disposiciones anteriores que se opongan al cumplimiento de este Decreto.
Dado en Madrid a veinticuatro de Julio de mil novecientos treinta y uno
El Presidente del Gobierno provisional y de la República: Niceto Alcalá Zamora y Torres
El Ministro de Estado: Alejandro Lerroux García

Un último apunte. ¡Vaya papelón el de don Niceto y el de don Alejandro! Tan tempranamente al servicio de esa estulticia republicana que no tardando mucho les pateó en el trasero echándolos fuera de “su” República salvando el pellejo, sobre todo don Alejandro, por los pelos.

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