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EL TERCIO "DUQUE DE ALBA", 2º DE LA LEGIÓN

Recuerdos de un mando inolvidable (III)

El teniente de la Legión Arturo Muñoz Castellanos, melillense, primer “casco azul” español muerto en una misión en el exterior (Bosnia, 1993), bajo mandato de la ONU. (Foto: Ejército de Tierra).
El teniente de la Legión Arturo Muñoz Castellanos, melillense, primer “casco azul” español muerto en una misión en el exterior (Bosnia, 1993), bajo mandato de la ONU. (Foto: Ejército de Tierra).

LA CRÍTICA, 28 DICIEMBRE 2021

Por Enrique D. Martínez Campos
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Desde que la Legión fue designada para ir a la guerra en Bosnia, la opinión pública española, en general, comenzó a redescubrir la valía de estas Unidades Especiales, antes furiosamente criticadas desde amplios sectores e injustamente tratadas por la mayoría de los medios. Pero su presencia en aquella cruel guerra hizo que el tratamiento que le daban los medios cambiara radicalmente. Los legionarios ya no eran unos borrachos o unos drogadictos. Eran soldados que podían estar a la misma o superior altura que la de otras unidades muy conocidas de otras naciones. (...)

... El 2º Tercio tuvo que preparar dos Compañías para que se integraran en la Agrupación “Canarias” que iba relevar a la “Málaga” en Bosnia: una de Fusiles y otra de Apoyo. La primera decidí que la mandara el capitán José Luis Navarro Otero. Sus jefes de Sección eran los tenientes Diéguez, García del Castillo y Arturo Muñoz Castellanos. La denominamos “Compañía Alba”.

El 27 de marzo de 1993 la despedimos en un Sábado Legionario en “García Aldave”. Al día siguiente era despedida en el puerto de Ceuta por numeroso público. Su primera escala era Málaga.

El 29 de abril todo Málaga se echó a la calle para homenajear a la Legión. Regresaba la Agrupación “Málaga” y la mayoría de legionarios del 2º Tercio, casi 70. Fue recibida en el puerto por el entonces Príncipe de Asturias, don Felipe de Borbón. Con él estaba el ministro García Vargas. Cuando me vio, me preguntó por el Tercio. Le contesté que me sentía orgulloso de ser su Coronel.

El 11 de mayo por la mañana, me llamó el general Reig de la Vega, mando de la Legión. Le habían comunicado que el teniente Muñoz Castellanos había sido herido en Mostar. Poco después me llamó el general Muñoz Grandes, entonces jefe de la Fuerza de Acción Rápida para confirmarme la noticia y decirme que lo trasladaban a Madrid. Preparamos lo necesario para que su mujer, Rosa María, saliera en el primer barco en dirección a Madrid. Arturo saldría desde Split para trasladarlo al Gómez Ulla. Era medianoche cuando me volvió a llamar el general Reig de la Vega. La explosión de aquella granada de mortero de 120 milímetros cerca de donde estaba Arturo, le había reventado interiormente el cerebro. Le dije que a primera hora cruzaríamos mi mujer y yo el Estrecho para llegar a Madrid.

El 13 de mayo, poco después de mediodía llegábamos al hospital. Salía de allí el ministro de Exteriores señor Solana. Su cara lo decía todo. Cuando subimos a la habitación, acababa de expirar MI TENIENTE. Su mujer, Rosa María, se abrazó a la mía. Allí era toda su familia pues el resto estaba en Galicia. Acababa de morir el primer “casco azul” español en una misión en el exterior, bajo mandato de la ONU. Creo que no fue casual que aquel soldado fuera un legionario.

El alcalde de Ceuta don Francisco Fraiz, adelantaba al día siguiente que propondría a la corporación municipal, dedicar una calle de la ciudad, al teniente Arturo Muñoz Castellanos. El 19 de mayo del año siguiente la inauguraba el Alcalde con la presencia en Ceuta de Rosa María y los padres de Arturo. Fue un día lleno de emociones.

Estaba previsto que a la Agrupación “Canarias” la relevara en Bosnia la Agrupación “Ceuta”. Por eso en el verano del 93 viajé a Bosnia para conocer de primera mano el despliegue de las unidades legionarias, rutas, situación general, etc. Con ello la euforia se apoderó de nuevo de los legionarios del 2º Tercio. Todos querían ir a aquel infierno. Porque literalmente, Bosnia lo era.

Cuando regresé a Ceuta a mediados de agosto, aquella ilusión empezaba a esfumarse: el Estado Mayor del Ejército había decidido que por Bosnia debían pasar otras Unidades y no solo la Legión. Esta, había abierto el camino que ahora debía ser compartido para adquirir experiencias. Hablé con el general Pardo de Santallana, segundo jefe del Estado Mayor del Ejército, quien me confirmó esta decisión. Se lo expliqué a los legionarios y, a pesar de su desilusión, lo entendieron.

La Compañía “Alba” agregada a la Agrupación “Canarias” regresó el 1 de octubre a Málaga. La Agrupación fue recibida por SM el Rey. Al día siguiente más de 3000 personas esperaban a los legionarios del 2º Tercio en el puerto de Ceuta.

El general Bada estaba hospitalizado en Madrid. Padecía una grave enfermedad. Sin embargo, supimos que al día siguiente regresaría a Ceuta. No quería faltar a la cita en “García Aldave” para dar oficialmente la bienvenida el día 3 a la Compañía “Alba”. Estaba muy delgado y pálido. La enfermedad hacía mella en él. Poco después, el 12 de noviembre regresó la Compañía de Apoyo.

La actitud de todos los españoles y de los ceutíes en general –siempre hay excepciones de fanáticos ideologizados– hacia la Legión había cambiado radicalmente como consecuencia de su ejemplar actuación en Bosnia. Y la sorpresa me la dio el general Bada el 31 de agosto de 1992, pocos días después de hacerme cargo del mando del Tercio. Me dijo: “Aunque todavía no es oficial, sé que el Alcalde tiene intención de proponer a la Corporación Municipal que se conceda al Tercio, la Medalla de Plata de la ciudad. Quizás sea para compensar el daño que se le ha hecho de forma tan grosera desde donde tú sabes… Te ruego no comentes nada mientras no se haga pública la noticia”.

Así fue en efecto, sobre todo cuando se supo que el Tercio iría a Bosnia. El 1 de septiembre de aquel año el alcalde señor Fraiz, presentó en la Comisión de Cultura del Ayuntamiento una proposición en ese sentido. Fue respaldada por todos los grupos políticos excepto por el Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (comunista). El PSOE se abstuvo.

En el pleno del 7 de septiembre se aprobó la apertura del expediente. El Tercio “Duque de Alba” había demostrado con creces desde 1920 que era merecedor de esa distinción. El Ayuntamiento recibió numerosísimas adhesiones de otras instituciones y organismos de Ceuta. En el pleno celebrado en el mes de diciembre de 1992, el expediente quedó aprobado: «El pueblo de Ceuta, por los méritos contraídos… concede al Tercio Duque de Alba… la Medalla de la Ciudad en su categoría de Plata». Por problemas de agenda, la entrega se retrasó hasta junio de 1993.

El 16 de junio de ese año se celebró un concierto en la Plaza de África a cargo de la Música de la Comandancia General acompañada de la de la Legión llegada desde Málaga. Aquella noche el Tercio ofreció una cena de agradecimiento a la Corporación Municipal. El 17, jueves, fue la entrega formal de la medalla. Se realizó en el salón de sesiones del Ayuntamiento repleto de público. El Alcalde me impuso el corbatín con la medalla y me hizo entrega de un cuadro en el que se recogía el acta de concesión de la medalla.

Bajamos a la plaza de África abarrotada de público. Ante todos los ceutíes y las autoridades militares, presididas por el general Jefe de la Región Militar Sur, don José María Millán Morera de la Vall, el general Bada y unos ocho generales más, Jefes de la Unidades de Ceuta, junto a las autoridades civiles, a cuyo frente estaba el Delegado del Gobierno, estaba formada un Compañía de Legionarios con Escuadra de Gastadores, Banda, Música y nuestra Bandera.

El oficial portador de la bandera, me la entregó y el Alcalde le impuso la Corbata de la Medalla de Plata (decimotercera recibida hasta entonces por nuestro Tercio). El Alcalde leyó unas cuartillas y le contesté con unas breves palabras de agradecimiento. Terminó aquel solemne acto con el arriado de la bandera del mástil situado frente a la Comandancia General. Se cantó La Canción del Legionario (verdadero himno de la Legión) coreado por todo el pueblo en la plaza de África y, a continuación, para sorpresa de los ceutíes, los legionarios cantaron el Himno de Ceuta. Después, la Comandancia General ofreció a todos sus invitados un cóctel en los Jardines de la Hípica.

La dicotomía entre lo que me encontré al llegar recién destinado a Ceuta en agosto del 92 y la situación del Tercio en Junio del año siguiente, era de tal magnitud que ni mi más optimista expectativa podía haberlo imaginado. Y todo se debía al esfuerzo y al trabajo, a la abnegación, a dar la vida por los demás a cambio de nada y al espíritu de superación de mis LEGIONARIOS, imbuidos por su “credo” que es el motor espiritual que les mueve para ser una tropa diferente. Para ser sencillamente… LEGIONARIOS.

En aquellos actos de entrega de la Medalla de Plata solo hubo un hecho que me dolió profundamente: estar solo para recibirla. Mi mujer estaba en esas fechas hospitalizada en Madrid, seriamente enferma. No pudo estar a mi lado para disfrutar, como yo, de aquella inolvidable experiencia. Por eso, terminados los actos partí para Madrid para ayudar a su recuperación.

El 14 de octubre del 93, desde el helipuerto de Ceuta, fue evacuado el general Bada para ser llevado a Madrid en estado muy grave. Seis días después murió en el Hospital Gómez Ulla. Le sucedió al frente de la Comandancia General, el general de división don Félix Miranda Robredo. Otro caballero y excelente persona. Tomó posesión de su cargo el 30 de noviembre de 1993.

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