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EN RELACIÓN CON GIBRALTAR

Gibraltar, casus belli (I)

'El HMS Forth llegó a la Base Naval de Su Majestad en Gibraltar...', así reza La Tribuna Hoy Andalucía...
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"El HMS Forth llegó a la Base Naval de Su Majestad en Gibraltar...", así reza La Tribuna Hoy Andalucía...

LA CRÍTICA, 21 DICIEMBRE 2021

Por Aurelio Fernández Diz
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En este primer tercio del siglo XXI somos plenamente conscientes de vivir en un mundo progresivamente globalizado, competitivo, y larvadamente hostil, en el que se mezclan todo tipo de intereses económicos, políticos, sociales y religiosos. (...)

... El fenómeno de Internet, y consiguiente aparición de las llamadas redes sociales, de imposible control, no hacen otra cosa que ayudar a extender y, muchas veces, a radicalizar, una globalización que se transforma en un reto inevitable para las naciones del mundo entero.

Esta situación tiene una influencia directa en las relaciones internacionales porque despierta la ambición de muchas naciones algunas de las cuales, insignificantes hasta hace muy poco tiempo, están adquiriendo el nivel, la consideración y el protagonismo hasta ahora reservado a las grandes potencias. En este juego de intereses en el que participan las tradicionales grandes potencias, las medianas con deseos de serlo y hasta las pequeñas que quieren hacerse oír, está difuminando el justificado deseo de paz mundial de las Naciones Unidas, propiciando la aparición de guerras locales de todo tipo entre las cuales no podemos dejar de tomar en consideración la posibilidad de una guerra mundial. Hasta este extremo puede llegar la situación internacional en un mundo en el que algunos pueden llegar a disputar, y de hecho disputan, los recursos de otros. Aunque debemos de reconocer que, a pesar de todo, el mundo progresa, especialmente en el campo de la ciencia y de la tecnología, pero lo hace muchas veces al precio de un casi continuo y sangriento enfrentamiento armado.

España, gran potencia cultural y económica, aunque no militar ni política, se ve obligada a posicionarse en el campo internacional ante todos estos conflictos, cercanos y lejanos, de acuerdo con su tradición y su brillante Historia que justificadamente pesa en la memoria de todos los españoles. España, madre del Derecho Internacional, no puede mantenerse al margen de todo lo que está pasando a su alrededor y que tanto le puede afectar. España dentro de sus limitadas posibilidades, contribuye a la estabilidad mundial y de forma muy generosa, a pesar de sus limitados presupuestos, a través de su pertenencia a la OTAN y a la Unión Europea (UE).

La paz mundial es un bien absolutamente necesario pero la Defensa es absolutamente imprescindible para poder lograrlo. Para que España pueda influir en este mundo, tantas veces hostil y competitivo, a favor de la paz y de la estabilidad y el progreso internacional, sin tener que someterse al dictado de otras naciones, que muchas veces solo persiguen la defensa de sus exclusivos intereses, debe de poder disponer de unas fuerzas armadas con las capacidades necesarias y suficientemente dotadas presupuestariamente.

Bien está que las fuerzas armadas españolas estén presentes en zona y lugares muy alejados de nuestro territorio como pueden ser, por ejemplo, Mali, Somalia, el Báltico, Turquía, Líbano, etc. para favorecer la estabilidad y la paz internacional, pero hemos de reconocer que la puerta de nuestra propia casa –el estrecho de Gibraltar– está ocupado y controlado por las fuerzas armadas de un país extranjero para facilitar su Estrategia Global, no la nuestra. España tiene en la ocupación británica de parte de su territorio y consiguiente colonia de Gibraltar su propio volcán, fuente de todo tipo de humillaciones y perjuicios económicos y sociales, mucho más peligrosos y costosos que el de nuestra querida isla de La Palma. Como bien sabe demostrar nuestro admirado profesor Alberto Perez de Vargas, la pobreza en el Campo de Gibraltar, cercano a la colonia, se debe precisamente al hecho colonial situación que el gobierno actual está tratando de prolongar sine die siguiendo una política suicida como tantas veces hemos denunciado en las páginas de este digital Enrique D. Martínez Campos y el que esto escribe. Sin poder olvidarme de Ángel Liberal Fernandez[1], incansable combatiente en la sombra, y a la luz del día, y también de nuestro querido y admirado Jose María Carrascal desde sus extraordinarios artículos en el diario ABC, ni tampoco del General Dávila en su magnífico blog. Ni de otros muchos intelectuales que ya no están entre nosotros.

Pero lo más grave de esta presencia extranjera en nuestro territorio es la notoria incapacidad de nuestra política, y consiguiente acción exterior, para tratar de encontrar una solución a este odioso problema al margen de lo que sería un justificado “casus belli”. Porque habría graves motivos para declararlo ante un depredador insaciable de nuestro sagrado territorio y que, además, se niega rotundamente a aceptar las resoluciones de las NNUU ni cualquier forma de negociación abierta y leal con su interlocutor en defensa sus bastardos intereses, como veremos a continuación.

Debemos de reconocer que, después de la desastrosa crisis de 1898 y una no menos desastrosa política interior que nos llevó a la guerra civil, España, con la Constitución de 1978, podría haber recobrado su brillante pasado y convertirse en una potencia mundial, a la altura de las más importantes naciones europeas como son Francia y el Reino Unido. Por presiones extranjeras España renunció a convertirse en potencia nuclear[2], como sus vecinas, como uno más de los países del mundo que lo han intentado bajo la amenaza de graves sanciones. Esta situación, unida a revanchismos políticos internos, fuera de su tiempo, está significando que nuestra Patria se haya convertido en una potencia económica en declive, aunque continúa siendo una insuperable potencia histórica y cultural. Esta extrema debilidad política y dispersión social de una nación como la nuestra, a punto de balcanizarse por inepcia política, y que no acaba de encontrarse a sí misma, despierta la codicia del Reino Unido, país especialista y siempre dispuesto a apropiarse de lo que no es suyo, aunque la víctima sea un país aliado dentro de la OTAN y, hasta hace poco, en la propia Unión Europea. Incumpliendo flagrantemente el Tratado de Utrecht[3] y las resoluciones de naciones unidas (NNUU) que hagan falta, y sin poder olvidarnos de la tupida red de colaboracionistas de todo tipo y condición, con sombrero inglés o gibraltareño, y que no sabemos con exactitud hasta dónde habrán podido llegar dentro de la propia administración española, el RU encuentra el mejor caldo de cultivo posible para mejor defender sus intereses en la pasividad e inanición de los políticos españoles que, como vulgarmente se dice, no aciertan a dar una en el clavo.

La nueva Estrategia de Acción Exterior española dice sobre Gibraltar, según el borrador aprobado por el Consejo de Ministros, lo siguiente: España «impulsará el proceso negociador de un acuerdo entre la UE y el Reino Unido respecto a Gibraltar».

Esta diferente percepción de la naturaleza del problema, militar por parte inglesa, política por parte española, es lo que impide que su posible solución pueda acometerse con la eficacia debida porque los negociadores españoles dejan intactos los temas más sensibles para los ingleses que son los aspectos militares. «No jugar en ambos terrenos con toda la intensidad y tesón que debiera aplicarse, ha sido un error que ha disminuido nuestras posibilidades».[4]

Casus belli, parte española.

No es posible plantearlo por nuestra parte porque para hacerlo sería imprescindible un mínimo de cohesión social y una mínima voluntad de todas las instituciones que componen la estructura de todo el edificio institucional de nuestra Patria, fuerzas armadas incluidas, aunque fuese lo más lógico del mundo por las razones siguientes.

  • Lo concedido a los ingleses por el Tratado de Utrecht, único documento, única justificación que los ingleses tienen para permanecer en nuestro territorio hace ya muchos años que ellos mismos lo están superando por la vía de los hechos consumados, por su vocación depredadora y por su irresistible afán de apropiarse de lo que no es suyo, como han hecho en Gibraltar, y en medio mundo, con deplorables consecuencias.
  • Lo concedido en Utrecht, fue una simple base naval en territorio español, incomunicado por tierra y sin más aguas que las interiores del puerto, lo que hoy todo indica no satisface las pretensiones inglesas. Por torpezas, carencias y limitaciones de la política exterior española durante los últimos cuarenta años los ingleses creen, al igual que creyeron cuando se apropiaron de la zona del istmo donde posteriormente construyeron el aeropuerto, que aun hoy pueden continuar apropiándose, sin más razón que la amenaza del uso de la fuerza, de la parte del territorio español, incluidas sus aguas jurisdiccionales, que les venga en gana, convenga o lo juzguen simplemente oportuno. Algo que el propio Reino Unido, ni ninguna otra potencia nuclear o no nuclear, aceptaría caso de ser víctima de tamaño expolio. Todo ello, eso sí, con la tácita aprobación de los EE. UU.

Madrid, 20 diciembre 2021

Aurelio Fernández Diz
Capitán de Navío (R)
Asociación Española de Militares Escritores (AEME)
Academia de las Ciencias y Artes Militares (ACAMI)

[1] LIBERAL FERNANDEZ, Ángel. “Gibraltar, una expresión de la estrategia global británica” 11 marzo 2021. Instituto Internacional UFV. Madrid. “Gibraltar: base militar. El interés angloamericano por el Peñón”.

[2] BOURGON DE IZARRA, Alfonso. “Cuarenta años de la muerte de Islero”. El Diario Montañés 07 diciembre 2021

[3] TRATADO DE UTRECHT. Debemos de recordar que este tratado fue redactado en 1713 por un rey francés y una reina inglesa, sin la participación de los representantes españoles. O sea, fue un trágala que España tuvo que aceptar por la situación política del momento. Este Tratado está en vigor y fundamenta las reclamaciones españolas.

[4] LIBERAL LUCINI, Ángel: “Análisis del aspecto militar del problema de Gibraltar”. Incluido en «Estudios sobre Gibraltar», Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior (INCIPE), Madrid, diciembre de 1996.

Aurelio Fernández Diz

Capitán de Navío (R); Junta Directiva de la AEME; Foro de Pensamiento Naval

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