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Teresa de Calcuta: la sonrisa

San Juan Pablo II y Santa Teresa de Calcuta.
San Juan Pablo II y Santa Teresa de Calcuta.

LA CRÍTICA, 18 DICIEMBRE 2021

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El motivo del título, “LA SONRISA”, se debe al recuerdo de lo que me contó una sobrina mía que durante varios veranos estuvo con la Madre Teresa, cuando ésta ya había recibido el Premio Nobel de la Paz. Varios representantes de la intelectualidad estadounidense, fueron a visitar a la Madre Teresa y al final de la visita le pidieron que les diera un consejo. (...)

... La Madre Teresa los miró y les dijo: “Sonrían. Lo digo completamente en serio, sonrían”. Al parecer, incluso las familias corroboraron el acierto de este consejo. Su expresión profesoral, adusta, severa producía cierto rechazo e impedía acercarse a ellos con naturalidad, “con la guardia baja”.

De hecho, la Madre Teresa en diversas ocasiones habló de la sonrisa: “La sonrisa puede ser, en verdad, ese signo que permita a los demás reconocer a un cristiano… El principio del amor comienza con una sonrisa… Sonríe siempre a quienes no quisieras sonreír… Nunca conoceremos el bien que hemos hecho con una sonrisa”. Y eso que, todos sabemos, lo que cuesta, el sacrificio que supone, a veces, sonreír. Pero es que la futura santa tenía como uno de sus lemas: “No dejes que nadie se vaya de tu lado sin que sea un poco más feliz”.

La futura santa, fue la última hija que tuvo el matrimonio de Nikola y Drane Bojaxhiu. Nació en Skopje (Albania), el 26 de agosto de 1910. Fue bautizada con el nombre de Agnes Gonxha e hizo su Primera Comunión con cinco años y la Confirmación con seis. Tenía ocho años cuando murió su padre, que, como ocurría entonces en que el marido es el que ganaba el dinero, les dejó en una situación económica de pobreza, pero su madre, Drane, sacó la familia adelante y educó a Agnes con disciplina, exigencia y sobre todo cariño, que ésta siempre se lo agradeció.

A los dieciocho años decidió ser misionera e ingresó en las Hermanas de Loreto, en Irlanda. Allí adoptó el nombre de Teresa por ser Teresa de Lisieux, copatrona, con san Francisco Javier, de las misiones y los misioneros, y en efecto, el 6 de enero de 1929, marchó a Calcuta y se nacionalizó india. Fue profesora en la Escuela de St. Mary y profesó sus primeros votos en 1931 y los perpetuos el 24 de mayo de 1937. Por ello, cuando le preguntaban de dónde era, contestaba: “De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja Católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”.

El 10 de septiembre de 1946, durante su retiro espiritual anual sintió con claridad lo que denominó “una llamada dentro de la llamada”, esto es, una vocación, dentro de su vocación. Una inspiración divina le llevó a fundar la congregación religiosa conocida como Misioneras de la Caridad, cuya misión, es servir a los más pobres y abandonados y de hecho, el 17 de agosto de 1948, recibió el permiso y salió de su convento vestida con el sari blanco con algo de azul con el que se la conoce.

Calcuta fue fundada a finales del siglo XVII por los ingleses y nombrada capital de la India británica en la segunda mitad del siglo XVIII, título que conservó hasta el año 1911. La ciudad, una de las más populosas de la India se industrializó y se dividió en dos zonas perfectamente diferenciadas: la europea y la india, llamada la “ciudad negra”; y así mismo, surgió otra clase social, casi toda angloindia y casi toda perteneciente a las castas superiores, que ocupó puestos intermedios profesionales en las fábricas y empresas.

La pobreza en Calcuta, aunque no tan acusada como en tiempos de Teresa, todavía sobrecoge. El mes de agosto del 2019, 27 jóvenes voluntarios de Castellón, convivieron con las Misioneras de la Caridad, las religiosas fundadas por Madre Teresa. Lo primero que les sorprendió fue que justo en frente de donde se alojaban, vivía en la acera una familia con cinco hijos de dos meses a siete años. Al día siguiente, estuvieron en las casas donde atendían a los bebés abandonados, a los ancianos, a las chicas y mujeres discapacitadas y a los chicos y hombres discapacitados, a los leprosos, … y a la casa de los moribundos “el primer amor de la Madre Teresa”. Una de las voluntarias de 19 años, estudiante de enfermería, cuenta que una religiosa le pidió ayuda y “cuando la religiosa comenzó a retirar la venda de la cabeza, vio que tenía perforaciones en el cráneo llenas de gusanos… la hermana me pidió que comenzara a retirarlos me cogió de todo. Pero experimenté lo que dicen de ese lugar, que ‘quitando los gusanos sanas tus propias heridas del corazón’… Si estos jóvenes han vuelto cambiados, no es por haber realizado un voluntariado. Ha sido la ocasión de descender a un nivel más profundo. “Hemos tocado la miseria de Calcuta, pero también nos hemos encontrado con nuestra propia pobreza al enfrentarnos a nuestras limitaciones para entregarnos.” (Un mes en la miseria de Calcuta | Castellón (elmundo.es).

Por su parte, Jeffrey Bruno, ha publicado un artículo titulado, “He vuelto de Calcuta y todavía con pesadillas”: “Cuando estaba en Calcuta, deambulaba por las calles, me perdía una o dos veces y veía cosas para las que alguien de Occidente no está preparado. Vi a niños bañados en charcos, familias durmiendo en las calles con solo una colchoneta y una lona como hogar, personas y animales juntos recogiendo montones de desperdicios de comida desechados en las calles por los vendedores. Mientras caminaba por las calles, incapaz de procesar completamente lo que estaba viendo, ni siquiera podía levantar mi cámara para tomar una foto. Nunca en mis pesadillas más salvajes había imaginado que este nivel de pobreza pudiera existir en el mundo moderno”. (He vuelto de Calcuta y todavía con pesadillas (aleteia.org).

Esta santa, poseía una encomiable capacidad organizadora y consiguió extender sus fundaciones por los cinco continentes (durante la década de los años noventa, Madre Teresa abrió casas en casi todos los países comunistas, incluyendo la antigua Unión Soviética, Albania y Cuba), si bien, como dejó claro en su día, a Edward Le Joly, uno de sus biógrafos, que su motivación era estrictamente vocacional y religiosa: “No estamos aquí por lo que hacemos, sino por Jesús. Somos, sobre todo, religiosas, no asistentes sociales, maestras, enfermeras o doctoras. Somos monjas. Servimos a Jesús en los pobres. Todo lo que hacemos –nuestra oración, nuestro trabajo, nuestro sufrimiento– es por Jesús”.

Teresa de Calcuta, falleció el 5 de septiembre de 1997 y fue beatificada por san Juan Pablo II, el 19 de octubre de 2003 y canonizada por el Papa Francisco el 4 de septiembre de 2016.

El milagro de su beatificación fue el de la mujer india, Mónica Besra, que tenía un tumor como si estuviera embarazada de 7 meses y además no podía ser operada por la aguda anemia que sufría. Desahuciada Mónica se encomendó a Madre Teresa, le pusieron una medalla de la futura santa sobre su vientre y curó repentina y totalmente de forma médicamente inexplicable.

El milagro para su canonización fue el del ingeniero brasileño Marcilio Andrino, de 35 años, diagnosticado de infección en el cerebro e hidrocefalia, que curó, igualmente de manera repentina y con el dictamen médico afirmando que su curación no podía explicarse por las leyes naturales.

Merece la pena finalizar, dejando constancia que Madre Teresa sufrió durante décadas lo que se conoce como “noche oscura del alma”, en que el que sufre esta prueba parece que ha perdido lo que más quiere: la fe, aunque es compatible como ocurrió con Teresa de Calcuta, con una gran paz, felicidad y, la aparente paradoja, de una mayor unión con Dios.

Pilar Riestra

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