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Piedras de molino, sí. Pero ¡al cuello!

Fotografía del autor.
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Fotografía del autor.

LA CRÍTICA, 14 DICIEMBRE 2021

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Demasiado grandes estas piedras para hacernos comulgar con ellas. Es imposible tragar con tanta ignominia, tanto dolor, tanta aberración disfrazando todo ello de ideología. El caso de Juana Rivas a la que este Gobierno ha convertido en una mártir de su violencia de género defendiéndola y pretendiendo su indulto aún a sabiendas de ser el prototipo de una mala madre que, entre otras cosas, ha permitido –o al menos ha hecho todo lo posible para que no se investigue– la violación de su hijo de tres años, clama al cielo. (...)

... Es uno de tantos casos de abuso infantil que salpica a este Gobierno. El de las niñas de Palma de Mallorca tuteladas por el gobierno balear y abusadas sexualmente por los que tenían que protegerlas, sin que ello haya conllevado el más mínimo reproche –y mucho menos dimisiones– de gobernantes nacionales o autonómicos es otro de tantos.

El adoctrinamiento, dirigismo e intromisión en el desarrollo de la sexualidad de nuestros niños y adolescentes llevada a cabo en muchos colegios, camuflando todo ello bajo una pretendida educación, es una muestra más de lo bajo que puede llegar a caer el ser humano. La naturaleza y la evolución hasta el ser adulto tienen sus propios ritmos, a veces con etapas difusas, en las que cualquier intromisión puede tener resultados catastróficos para el adulto. No digamos nada de la hormonación a edades tempranas, pretendida y fomentada en algunas autonomías, con consecuencias irreversibles para el futuro.

Esta obsesión por desproteger la infancia de los abusos, incluso despenalizando la pedofilia como pretenden algunos sectores de la izquierda, no dice nada bueno de la sociedad occidental. Está muy lejos de los valores cristianos base de toda nuestra civilización. Hablo de los valores cristianos tradicionales pues no es precisamente la Iglesia actual (excepto la etapa de Ratzinger -Benedicto XVI–) envuelta en infinidad de escándalos de abusos a menores, la mejor protectora de la infancia. Si acaso, unas declaraciones pidiendo perdón y luego a echar tierra encima, a asumir aberrantes métodos pedagógicos y a dejar hacer.

Para todos ellos piedras de molino. Pero ¡al cuello! También para los que en los entornos religiosos abogan por ofrecer pornografía a los niños con la estúpida disculpa de que tarde o temprano la van a ver en sus teléfonos móviles u ordenadores.

Mucho debía preocupar a Jesucristo el escándalo en la infancia. Tres de los cuatro evangelistas recogen sus palabras de condena casi sin diferencias. “¡Ay del que escandalizare a uno de estos pequeños! Más vale que le ataren una piedra de molino al cuello y le arrojaren al mar”.

Visto el panorama actual, el problema es que no va a haber piedras para tantos.

Lenny Flames

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