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Asesinato versus fumeteo

Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior, y su director general de Tráfico, el inefable Pere Navarro. (Foto: El Economista, Europa Press).
Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior, y su director general de Tráfico, el inefable Pere Navarro. (Foto: El Economista, Europa Press).

LA CRÍTICA, 16 DICIEMBRE 2021

Por Juan M. Martínez Valdueza
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Hace unos años abandoné mi campaña activa (algún que otro artículo, que de ahí no pasé y no por falta de ganas) sobre las necedades de personajes como el antaño y ahora también director general de Tráfico, el inefable Pere Navarro, respecto de la seguridad vial, harto de tanta falsedad manifiesta y carente de sentido común. Pero esto de hoy es demasiado…

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Dejó apuntado entonces el inefable un deseo cuasi orgásmico, sin imaginar siquiera que el destino le proporcionaría unos años después –o sea, hoy–, la oportunidad de verlo convertido en realidad: prohibir, él, en su inefabilidad, que los españoles fumen en sus coches, bien que para conseguirlo deba apoyarse en quienes justifican los asesinatos por motivos políticos y otras pequeñeces pero que sin embargo consideran intolerable, y por lo tanto debe "prohibirse tajantemente", echar un cigarrillo –no en su coche sino en el nuestro– “por motivos de seguridad vial, como por la salud de los pasajeros o los riesgos de incendio”, según reza la enmienda presentada en el Senado por la patulea esa de EH Bildu.

Es decir, para que yo me aclare: Pere Navarro, en su senilidad prematura concibe una ley o como quieran llamarlo que recoge sus más recónditos deseos intervencionistas en la vida y milagros de los pobrecitos conductores que somos todos los demás y, aunque parezca mentira, consigue que sus lucubraciones pasen a formar parte de la política de un Gobierno tan peculiar como el español al que solo le falta obligarnos a permanecer en la cama si no hemos descansado el tiempo reglamentario marcado por no sé qué ministerio de los muchos que se encargan de establecer lo que debemos aprender, pensar, leer, escribir, vestir, regalar, comer, y un largo etcétera de insensateces de la mano de ideólogos comunistas y nacionalistas, elevado todo a la enésima potencia del novísimo género y del caduco feminismo.

Resumiendo y para que el lector no se embarulle con tanto despropósito, me vuelvo al título de este cabreo manifiesto: la patulea o gentecilla o gentuza esa que hoy le marca el paso al Gobierno de España no considera necesario condenar el asesinato de centenares de ciudadanos españoles, perpetrados por sus mentores durante décadas de terror –sino todo lo contrario–, y sin embargo me quieren prohibir fumar en mi coche porque les preocupa mi salud. ¡Olé sus cojones!

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