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¿Apocalipsis ahora?

(Foto: Daily Mail),
(Foto: Daily Mail),

LA CRÍTICA, 17 NOVIEMBRE 2021

Por Fidel García Martínez
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Hace años, el padre de la semiología moderna, Umberto Eco, escribió un breve ensayo sobre los apocalípticos y los integrados en relación con la importancia de las TIC en la sociedad postmoderna: para los primeros, estas tecnologías suponían el fin de la libertad y la democracia. Para los integrados, eran el origen de todos los bienes. (...)

... Ninguno de los dos bandos acertó. Y no llegó el fin del mundo un 23 de septiembre, como se había pronosticado hacía algunos años.

Ahora los extremos se han trasladado al cambio climático y anuncian, casi, el fin del mundo, como se ha podido ver en la cumbre de Glasgow sobre el medio ambiente. Como en París en 2017, no se ha llegado a ningún acuerdo porque los grandes países, que son los que más contaminan, no quieren poner freno a sus desmanes contra la salud del Planeta. Algunos, jugando a agoreros escatológicos, ya han sentenciado el fin del mundo y señalado su fecha segura, ya que los desastres no solamente no cesan sino que parecen aumentar cada día más.

Los más seguros de sus fantasías materialistas, con sus teorías del azar y la necesidad, sostienen que este mundo material y su devenir son eternos y, como no tuvo principio, tampoco tendrá fin, lo que estaría garantizado por el progreso. Pero la realidad actual parece demostrar que no es así porque nuestra casa común, como escribe el Papa Francisco en su más actual que nunca encíclica Laudato Si:

«La tecnología ligada a las finanzas que pretende ser la única solución a los problemas, es incapaz de reconocer el misterio que existe entre los seres de la Creación y por eso a veces resuelve problemas produciendo otros más graves. Este clima terrorífico se acentúa con la cuestión del agua, que es uno de los indicadores más graves de la situación. El actual nivel de consumo de los llamados países desarrollados y de los sectores más ricos de las sociedades, donde el hábito de gastar y tirar alcanza niveles inauditos. Ya se han rebasado ciertos niveles máximos de explotación del Planeta sin que hayamos resuelto el problema de la pobreza».

Pero el Papa Francisco no es un agorero que hace sonar las trompetas del desastre. El Papa Francisco sabe muy bien que este mundo tendrá fin. Pero la fecha precisa de ese día es un secreto, como se lo comunica Jesucristo a sus discípulos: «el cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán». Solo su Padre conoce el día y la hora, se ha reservado el tiempo de la revelación definitiva.

Fidel García Martínez
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