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La “Leyenda del Gran Inquisidor”: Fiódor Dostoievski (1821-2021)

Retrato de Fiodor Dostoievski, por Ilya Glazunov.
Retrato de Fiodor Dostoievski, por Ilya Glazunov.

LA CRÍTICA, 2 OCTUBRE 2021

Por Fidel García Martínez
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En la que está considerada la novela más representativa de Dostoievski, Los Hermanos Karamazov, se encuentra el que es sin duda uno de los temas más analizado y sobre el que más se ha escrito, la famosa “Leyenda del Gran Inquisidor”, quizá lo más conocido de la obra por el gran publico, no tanto por sí misma sino por atacar a España y la Iglesia Católica, (...)

... puesto que aún hoy, la leyenda negra de la Inquisición se repite en todo el mundo, incluida España. Basta con leer lo que se escribe hoy sobre Cortés y la Conquista de México.

Para situar en su contexto la visión que nos da Dostoievski sobre la inquisición española, se debe tener en cuenta la situación de Rusia zarista en el Siglo XIX en materia de persecución religiosa. En este siglo, en toda Europa se veía a España como un país retrasado e intolerante debido precisamente a la Inquisición. Así un historiador inglés claramente sectario escribía, siguiendo a los enciclopedistas franceses Voltaire, que sumó una fortuna inmensa con la trata de esclavos o el barón, un resentido anticatólico barón Holbach: “La Inquisición fue la causa de la muerte de España. Con el ilusorio fin de mantener la pureza de la fe católica estableció una barrera insuperable entre España y el resto del mundo”. Resulta sorprendente tal afirmación cuando precisamente en el Reinado de Felipe II –el monorca más odiado– era España el pais más abierto pues en sus dominios no se ponía el sol.

Si se compara la forma de actuar de la Inquisición española, con la de los tribunales europeos y rusos en materia de religión, la presunta intolerancia española no fue tan cruel como sus adversarios falsamente afirman. De este modo, en Rusia durante el reinado de la zarina Catalina II, amiga de Voltaire y seguidora de su radicalismo contra la Inquisicion, imponía duras penas a todos los que opusieran resitencia a la convesión a la fe ortodoxa del imperio zarista. En el siglo XIX se produjeron en Rusia los terribles pogroms, linchamientos de grupos étnicos religiosos, pricipalmente católicos y judíos, se les destruía o se les expoliaba los bienes con violencia. En 1881 cuando fue asesinado el Zar Alejandro II se produjo una oleada de persecución que se prolongó hasta 1884. Se calcula que 2.000.000 de judios emigraroan hacia EE.UU y Argentina. El fanatismo de las sectas rusas en pleno siglo XIX era desolador. En 1841 aldeas enteras quedaran desiertas porque sus nativos fueron trasladados por motivos religiosos, desde el sur de Rusia al Cáucaso. En 1895, víctimas de nuevas persecuciones por motivos religiosos, muchos emigraron en masa.

En este sentido son muy reveladoras las afirmaciones de Dostoiesvky: “Yo soy hijo del siglo, el hijo de la incredulidad y de la duda hasta la tapa de mi ataúd. Tantas torturas increíbles me ha costado y sigue costando esta sed de creer, la cual es más fuerte, cuantos más argumentos contrarios tengo en mi interior”.

Para defender la libertad de creer por convicción no por imposición política, ideológica e incluso milagrosa Dostoievski colocó en su novela más impactante Los Hermanos Karamazov, el relato “Leyenda del Gran Inquisidor”, centrado en la persona de Jesucristo tal como aparece en los evangelios del Nuevo Testamento en el episodio teológico-histórico de las tres tentaciones que Cristo sufrió en el desierto: la de convertir las piedras en pan: la de utilizar la religión como poder milagroso, y la adoración del poder político-demoníaco. Además se inspira en la negativa a bajar de la cruz como le pedían sus advesarios para demostrar la veracidad de su persona y su mensaje. Lo que reprocha Jesús a todos los poderes económicos, políticos y religiosos que han sucumbido a las tres tentaciones. Para Jesús el amor y la libertad son superiores a la fe impuesta y solo basada en los milagros o en los dogmas.

Para demostrar esta defensa de la libertad de creer basada en el amor y no en la imposición de ningún poder político ni religioso, Dostoiesky narra una aparición de Cristo en Sevilla en pleno siglo XVI, después de una condena a la hoguera de unos herejes luteranos. Ciertamente Dostoiesky conocía por su formación francesa y por sus viajes a Europa el mito de la leyenda negra contra España y se sirvió de ella para condenar de forma general la violencia contra las personas por motivos político-religiosos. Él pensó que Jesucristo era la antítesis total de la violencia religiosa. Como se demuestra en su deseo de representar en una obra literaria un personaje que simbolice la bondad y la libertad de creer. En este sentido afirmaba en 1867: “Desde hace tiempo me atormenta cierta idea, pero me atemoriza desarrollarla en una novela y yo no me siento preparado. Esta idea es representar un hombre del todo bueno. Según mi opinion no puede haber nada más difícil, especialmente en nuestro siglo”.

Sin embargo días después escribía a su sobrina María Ivánova y hablaba de escribir una novela con un protaganista visto como un hombre positivamente bueno y escribe: “La idea principal de la novela consiste en representar a un hombre positivamente. No existe nada más díficil en el mundo, especialmente hoy. Todos los escritores –prosigue–, que han afrontado la representación de un hombre positivamente han fracasado, porque es una tarea desmesurada”. Sin duda alguna de refiere a la famosa Vida de Jesús del abate rebelde francés Renan, quien presentaba a Jesucristo con matices sentimentales románticos y estéticos.

En el mundo solo existe una persona positivamente buena que es Cristo. En su novela al Príncipe Mishkin nos presenta una figura símbolo de Cristo por su condición enigmática, su inocencia y santidad. Pero en la figura de Cristo se suma el escándalo porque siendo de condición divina se hizo obediente hasta la muerte y una muerte de Cruz.

Cristo tal como aparece en la “Leyenda del Gran Inquisidor” atrae a los débiles; se deja ofender sin defenderse; con su contacto algunos se sienten llamados a mejorar interiormente. Tiene la capacidad ilimitada de perdonar, es de una sinceridad absoluta, sencillo, humilde y confiado. En el Gran Inquisidor se pretende en pleno siglo XVI volver a condenar a Cristo como hicieron en su tiempo la autoridad romana y la autoridad judía. Cristo con la purificacón del templo había cuestionado tanto el poder imperial como la autoridad religiosa. Son las acusaciones que le formula el anciano inquisidor, cuando Cristo se manifiesta al pueblo después del día de los autos inquisitoriales. El pueblo impelido por un irresistible impulso se agolpa a su paso. Cristo con paso lento, con sonrisa de piedad en los labios, sigue avanzando; el amor abrasa su alma; de sus ojos fluye la Ciencia, la Fuerza en rayos ardientes, que inflama el corazón de los hombres. Después de resucitar a la hija de un alto funcionario, el gran inquisor ordena prender a Cristo. Y en la cárcel de la Inquisición de Sevilla es sometido a un Juicio por el que se le pide explicaciones por su actitud y sus mensajes que, para el gran inquisidor, suponen el cuestionamiento del dogma y el poder político-religioso sobre los fieles.

Lo importante es la libertad de conciencia y que la fe no se base en milagros. De su visión de Cristo se desprende que el autor sostiene que el último advenimiento de Cristo al final de los tiempos se producirá en Rusia, que tiene la misión providencial como pueblo portador de Cristo, de guardar e interpretar el mensaje de la Salvación. Esta premonición no llegó a cumplirse porque la Revolución de Octubre que había intuido en la novela Los demonios supuso el triunfo del ateísmo más cruento.

Se puede concluir este tema de la “Leyenda del Gran Inquisidor”, afirmando que tal vez es conveniente entenderla como un intento más de encarar en las mazmorras de Sevilla a dos tendencias singulares del espíritu humano: el afán de libertad por un lado y la necesidad de la obediencia a la ley y a la tradición, por el otro.

Fidel García Martinez

Catédrático Lengua Litertura. Licenciado en Ciencias Eclesiásticas
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