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Signo de los tiempos: Nuevo periodismo

(Foto: https://ijnet.org/es/).
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LA CRÍTICA, 9 SEPTIEMBRE 2021

Por Francisco Ansón Oliart
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Este artículo puede considerarse una continuación de los titulados, “Signo de los tiempos: ¿El fin de la libertad?”, por cuanto la distopía totalitaria, aceptada con complacencia por la inmensa mayoría de los ciudadanos, requiere, exige, el control de los medios de comunicación. (...)

... Pues bien, persona a la que admiro, profundo conocedor del tema, me dijo el otro día, con fuerza inusitada, que no es que estemos yendo hacia un control decisivo de los medios de comunicación sino que ya estamos en él.

Sobre la importancia de estos medios escribe Humberto Pérez Tomé en hispanidad.com, el 31 de enero de este mismo año:

“… No debemos olvidar que las dictaduras no desean someter al cuerpo, sino al pensamiento. Y estaremos de acuerdo o no, pero esto explica con solvencia que el pensamiento único sea la vía más directa para alcanzar ese objetivo, para lo que es indispensable que la sociedad esté tan convencida de que lo que hace es lo correcto, que tenga la superioridad moral para denunciar al disidente en un acto de justicia social ejemplar. Son los medios de comunicación los que dictan qué hacer o qué decir, porque ellos saben qué es bueno para todos. Y son las redes sociales, los nuevos sacerdotes de la teo-organización, los autorizados para censurar, porque ellas saben bien qué es lo malo para todos… El objetivo es convencer al mundo de que estamos abocados a una globalización idílica que conforme un solo estado que alinee las normas de comportamiento y cuya libertad esté sometida al consenso de la sociedad, no de la persona.”

En un libro decididamente recomendable, muy recomendable, Periodismo 2030, Josep Alonso, Director General de la Fundación AXA, inicia el prólogo del mismo, como sigue:

“Vamos a crear un observatorio del “nuevo periodismo” porque la era que nos toca vivir es eso: nueva. ¿Qué papel juegan los medios de comunicación en un mundo tan volátil, incierto y complejo? ¿Es lo mismo informar que hacer periodismo? ¿Está en riesgo el llamado cuarto poder? ¿Es el periodismo ciudadano una tendencia pasajera? El mundo de la comunicación como reflejo de lo que pasa en la sociedad, es uno de los que va a cambiar de manera más vertiginosa. Éste, además, es un libro vivo e innovador porque combina elementos muy variados, como tendrán que incorporarlos casi todos los medios ya desde el presente. Y aquí destaca la impresionante serie de videos en las páginas finales. Sí, videos en las páginas de papel,… Los autores han decidido convertir este libro en una lección ambulante –y multimedia– del mejor periodismo que puede hacerse y que se hará… La transformación digital, la supervivencia de los medios de papel, el combate a las fake news, la necesaria innovación en las empresas informativas y el proceso de concentración de las mismas…”

El libro da cumplida respuesta a estas cuestiones y a algunas otras como, por ejemplo, el futuro de las suscripciones a los periódicos digitales, el declive de la televisión generalista o el grado de credibilidad de los profesionales y de los medios en los que escriben o hablan. Así mismo, demuestra que son los periodistas los que conocen el estado actual del periodismo, el del nuevo periodismo y el futuro del mismo, según corrobora igualmente el capítulo dedicado al Informe anual (2020) de la Asociación de la Prensa. Todos coinciden en que el periodismo está inmerso en un claro proceso de transformación. No se trata, pues, de comentar lo que en Periodismo 2030, se dice de forma más completa y mejor de lo que lo haría quien esto escribe. Pero sí de apuntar la posibilidad del control de la información por pocas personas.

Al parecer, las agencias, los medios de comunicación, los periódicos más importantes, las emisoras de radio, las televisiones… los dominan pequeños grupos. De hecho, el libro citado, supedita la libertad de información, sobre todo, a lo que se refiere Julia Navarro:

“Decir que el periodismo ha muerto es, sin duda, demasiado retórico. Pero está malherido. Y creo que, donde primero tenemos que mirar, es a las empresas de comunicación y preguntarnos si están cumpliendo realmente con lo que dicen que son en vez de responder a un conglomerado de intereses que poco o nada tiene que ver con ofrecer a los ciudadanos, a través de los periodistas, una información veraz de cuanto sucede. Se trata en definitiva de que los periodistas podamos informar sin jugarnos el puesto de trabajo.”

(Debido a que he leído el libro en Kindle Amazon, no cito la página, pero las dos citas que hago corresponden a Periodismo 2030).

Insistiendo en esta idea, ahora referida a la información de los mensajes a través de las redes sociales, esa red inextricable de la información incontrolable e instantánea, escribe Fernando Jáuregui:

“Es inevitable una consideración del fenómeno político para entender la transformación radical que se está produciendo en el mundo de la información. Posiblemente nunca haya habido más oferta informativa que ahora y, sin embargo, menos información auténtica, profunda, veraz. Hoy, Google, Amazon, Facebook y Apple (GAFA) ejercen un dominio casi absoluto de la información en la red… “.

Al punto, que ese aforismo que señala que la noticia que no se quiere que se conozca es la noticia que se debe publicar, en la actualidad es, casi, al contrario, se publican las noticias que unos pocos deciden que se publiquen. Como ejemplo que apuntala lo escrito sobre el posible control de las redes, Pablo Ferrer en hispanidad.com del día 27 del pasado mes, entre otras, comenta la siguiente noticia: “YouTube censura más de un millón de vídeos que cuestionan la información oficial sobre el Covid… Y no sólo elimina vídeos: bloqueó el canal provida LifeSite…”

Sin embargo, de manera fundamentada, la posición de todos los periodistas que intervienen en este libro y que conocen bien su profesión, es la contraria, consideran posible la libertad de expresión, la libertad de información, con relación al futuro del periodismo, cuya esencia es, la información veraz, que contribuye decisivamente a la opinión pública libre. Y para que los periodistas faciliten información veraz necesitan libertad. Libertad para conocer los hechos y libertad para formular sus diversas opiniones o síntesis de opiniones, que permitan al ciudadano, ante esta sobreabundancia indiscriminada de información, conocer lo que realmente le afecta como tal ciudadano y como sociedad. En este sentido, de cumplirse su vaticinio se aleja la posibilidad del incipiente totalitarismo, dado que la libertad de expresión lo aborta en su raíz.

La información es esencial en el ser humano, si bien, su expresión en el periodismo va a mutar, ya está mutando, en función de los soportes y de los formatos. Lo más importante quizá es, como se ha adelantado, que las empresas informativas sirvan a su finalidad y no estén supeditadas únicamente a incrementar beneficios o a servir a lo políticamente correcto.

Igualmente, como también se ha indicado, las redacciones deben cambiar. Piénsese, a modo de ejemplo, lo que se exige al periodista en la fotografía a la que hoy se añade su capacidad para montar un video, o las posibilidades de imagen fija o en movimiento, que los drones, si los pilota bien, pueden proporcionarle de una revuelta, un rescate en la montaña o un edificio en llamas. Este avance, unido a los muchos que se pueden añadir, producto, sobre todo, de las nuevas tecnologías, obligan a que la Carrera de Ciencias de la Comunicación, de Periodismo, modifique su plan de estudios, porque, si bien la esencia, la finalidad del Periodismo sigue siendo la misma, los medios, las circunstancias han cambiado de tal forma que es preciso hablar ya de nuevo periodismo e incluso del futuro del periodismo. Y una asignatura que tiene un relieve especial es la Ética y más concretamente la rama de la Ética aplicada, la deontología, por cuanto, con la omnipresencia universal de la información y los deberes y atribuciones que la sociedad ha confiado a los profesionales de la información, éstos se encuentran con demasiada frecuencia ante situaciones límite a la hora de cumplir éticamente con los deberes y la misión que la sociedad les tiene encomendados.

Recuerdo que una sobrina mía, cuando considerábamos el subido precio de un teléfono móvil, ella dijo terminantemente que merecía la pena pagar ese precio porque un móvil es ya nuestra mano. Escribe (me parece con cierto sentido del humor) Marta García Aller: “Los transhumanistas prometen un futuro tecno optimista en el que la tecnología nos volverá una especie de super humanos mejorados, con chips insertados para convertirnos en cyborgs. En realidad estamos tan pegados a la pantalla del móvil que de algún modo este ya es una extensión de nuestro cuerpo. No por ello somos necesariamente más listos”. Añadiría que tampoco sabemos más.

Pues bien, hoy día y dentro de dos o tres años toda la Humanidad, podrá con su teléfono móvil, leer desde cualquier lugar y con carácter instantáneo un texto o escuchar una noticia o ver y escuchar el reportaje de un acontecimiento. Y lo podrá hacer en el momento en que está ocurriendo o en diferido. En la actualidad hemos visto las riadas de agua, arrastrando hasta coches, “rodadas” y trasmitidas por el teléfono de un ama de casa, desde la ventana de su vivienda.

Además, desde ese mismo teléfono, se ha producido algo nuevo. Hace unos años, tras la publicación de un artículo en un periódico, se recibía, quizá, al día siguiente, una carta, pero en el presente, inmediatamente después de que se ha publicado el artículo o incluso durante la emisión de una noticia o de un acto, desde esos mismos teléfonos, se pueden emitir a la redacción del periódico, revista, emisora de radio o canal de televisión, docenas de opiniones. Es decir, ahora, la interacción periodista-lector u oyente es, casi, cualitativamente diferente a la de hace muy poco tiempo.

En fin, en mérito a la brevedad, se resume la cuestión en que ya estamos ante un nuevo periodismo que conserva íntegra su finalidad de los últimos doscientos años, pero que ha mutado de tal forma, que exige cambios en el ejercicio del mismo, si bien, al parecer de destacados profesionales, va a conservar su libertad de proporcionar al ciudadano y a la sociedad una información completa y veraz.

Es cierto que el totalitarismo que se está imponiendo, deja un margen de libertad y bienestar, que a la gran mayoría le parece suficiente y lo acepta con complacencia. Se trata de una libertad vigilada y siempre dentro del ámbito de lo políticamente correcto. Por eso, he insistido en este libro, porque defiende una libertad más profunda, dado que lo que justifica al hombre es el amor: el desear y hacer el bien. En este caso el bien de la información que permite a la sociedad y al ciudadano actuar libre y responsablemente. Pero, para amar hay que ser libre. El amor obligado no es amor. Y la libertad de información debe ser veraz, porque desde el error, la falsedad, no existe la libertad. Pues bien, Periodismo 2030, defiende lo que se ha defendido, directa e indirectamente, en todos los artículos sobre los signos de los tiempos. Que el futuro es imprevisible por la libertad del hombre y esa libertad se la juega la humanidad, en gran medida, en lo que sostiene dicho libro y se ha planteado aquí, esto es, que progresivamente el único refugio para pensar y actuar con pensamiento propio, son algunos periódicos, emisoras de radio y canales de televisión, junto con los libros. El inmediato futuro, contando con la libertad de los ciudadanos, nos dirá quién vence en esta cuestión tan decisiva.

Francisco Ansón

Francisco Ansón Oliart

Investigador y escritor; licenciado y doctor en Derecho (Universidad Complutense de Madrid); doctor of Philosophy and Psychology (K-University, California); licenciado en Ciencias de la Información (Universidad Complutense de Madrid); doctor en Ciencias de la Comunicación (Universidad Camilo José de Cela)

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