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La sumisión de la política exterior española

Encuentro entre la ministra de Asuntos Exteriores de España, González Laya, y el ministro principal gibraltareño Fabián Picardo. (Foto: RTVE)
Encuentro entre la ministra de Asuntos Exteriores de España, González Laya, y el ministro principal gibraltareño Fabián Picardo. (Foto: RTVE)

LA CRÍTICA, 6 DICIEMBRE 2020

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A pesar de que la Política Exterior debiera ser una cuestión de Estado, es evidente que cuando lo gobiernos de España son débiles o están dirigidos por personajes muy ideologizados y, encima, de poca talla cultural, ética y moral, nuestro país sufre consecuencias que redundan en perjuicio de nuestros intereses nacionales (...)

... y, en definitiva, somos todos los españoles quienes terminamos sufriendo las consecuencias de esa debilidad o de aquella falta de prestigio y liderazgo, imprescindibles para el buen gobierno de la nación.

Hoy España cuenta con un gobierno multitudinario que encarna los dos tremendos fallos citados: debilidad y exceso de ideología (comunista y socialista). Con el agravante de que se ha echado en brazos de los nacionalseparatistas y, más grave aún, en los de los herederos de la banda terrorista ETA para mantenerse en el poder.

Este gobierno no tiene en la práctica ninguna fuerza moral –con el comunismo dentro de él y aliado con quienes desean hacer añicos España– como para plantar cara a ninguna otra nación u organismo supranacional cuyos intereses choquen con los nuestros. De ahí su evidente debilidad y, por tanto, la de su política exterior. Veamos algunos ejemplos significativos.

El patético y humillante caso de Gibraltar. Decidida Gran Bretaña (GB) a abandonar la Unión Europea (UE) con su famoso Brexit, casi todos los analistas políticos pensaron que era la gran oportunidad para que España forzara a GB a iniciar conversaciones para, de acuerdo con las resoluciones de la ONU, nuestro país pudiera recuperar la soberanía sobre lo que es suyo. De acuerdo con todas las informaciones de que dispongo sobre las reuniones del ministerio de Exteriores español con su homólogo británico y con el Alcalde del Peñón, Fabián Picardo, nuestro ministerio está preocupado y muy sensibilizado para trabajar con fervor de la mano del gobierno británico y de los gibraltareños para que todo el Campo que le circunda se convierta en una “zona de prosperidad compartida”.

En unas recientes declaraciones de la ministra de Exteriores de España, González Laya, (“ABC” del 22.11.2020) preguntada si España renuncia a la soberanía sobre Gibraltar dijo que no, pero “lo que no podemos hacer es ponernos detrás de esas demandas históricas para resolver cuestiones que sí son importantes para nuestros ciudadanos y empresas, para crear una zona de prosperidad compartida para el Campo de Gibraltar. Ahí es donde nosotros (el débil gobierno socialcomunista, añado yo) estamos poniendo el énfasis”. Y añade después: “… no podemos escondernos detrás de la bandera para resolver problemas con ocasión de este Brexit…“. De modo que este gobierno se aviene al chantaje de unos supuestos miles de “trabajadores transfronterizos”, de los colaboracionistas españoles y, especialmente, de los intereses de GB para que pueda seguir manteniendo la única colonia en la UE para la mayor humillación de España.

¿Qué significado tienen ya las banderas? ¿Qué más da ya quién ostente la soberanía de un trozo de España? ¿A quién le importan los derechos de nuestro país sobre lo que nos fue usurpado en nombre de un pretendiente español al Trono en 1704? Nada de esto le importa a este gobierno. Ni la claudicación ante un gobierno extranjero. Para no enfrentarse a él con la única arma que, en su día, comenzó a dar resultados: el cierre total de la famosa verja. Sin límite de tiempo. Y a ver quién aguanta más. Pero parece preferible la sumisión.

En segundo lugar, la agresividad permanente de Marruecos hacia España. Desde que Francia y España abandonaron Marruecos en 1956 para que ese país se gobernara por sí mismo su rey, Mohamed V, no cesó de reclamar las provincias españolas de Ifni y Sahara y las plazas españolas de Ceuta y Melilla. En 1958/1959 “bandas incontroladas” atacaron los dos primeros territorios provocando la guerra de Ifni-Sahara que acabó con la derrota de esas bandas y algunos centenares de vidas de soldados españoles. Después, el rey Hassan II no cesó en ningún momento de hostigar a España con las mismas reivindicaciones para ocultar los problemas internos de su país.

Agonizando Franco en 1975 se produjo la famosa Marcha Verde sobre el Sahara, auspiciada por Hassan II con el apoyo de EEUU, y los Acuerdos de Madrid de octubre de ese año. La claudicación de las autoridades españolas, con el Príncipe de España en funciones de Jefe del Estado interino, se saldó con la vergonzosa salida de las tropas españolas del Sahara dejando a los saharauis a merced de Marruecos y Mauritania. El estúpido comportamiento del Frente Polisario, alentado por el prosoviético gobierno argelino, también contribuyó a aquel desdichado desenlace. Desde entonces, el hostigamiento de Marruecos contra España no ha cesado en ningún momento. Salvo cuando los gobiernos españoles ceden a sus exigencias y a sus chantajes.

Debo añadir que el POSE de González/Guerra, desde el Congreso de Suresnes (1974) no cesó de apoyar la independencia de los saharauis y al Frente Polisario cuando éste y Marruecos estaban enzarzados en una guerra muy desigual para el Polisario. A partir de 1983, cuando llegó al poder, aquel PSOE dejó de apoyar a los saharauis y se plegó a las resoluciones de la ONU. Más tarde acabaría por expulsar de Madrid a la delegación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

Con estos antecedentes, frente a unos gobiernos y un rey marroquí que de “hermano” no tiene nada y de permanente chantajista casi todo, resulta incomprensible que la diplomacia española considere que es imprescindible que cada vez que hay un cambio de gobierno en nuestro país, el nuevo presidente tenga casi por obligación hacer su primera visita oficial a Marruecos. ¿Por qué? ¿No han oído decir los diplomáticos que a quien plantea problemas de continuo, ni agua? ¿Tampoco lo han oído los medios de comunicación españoles empeñados en mantener esa teoría, porque no es obligación semejante sumisión por muchos intereses económicos que haya por medio? ¿Qué es más importante: la dignidad nacional o la sumisión nacional? ¿Qué son más importantes: los intereses de España o los de Marruecos? ¿No hay que defender sin complejos los nuestros?

Luego, con Mohamed VI llegó lo del islote de Perejil. Gracias a la buena sintonía entonces de España y EEUU la breve operación militar salió bien. Pero, a continuación, en el 2004 se produjo en nuestro país el mayor atentado terrorista ocurrido en Europa, con 192 muertos. Todavía no se sabe –o quizás sí– quién fue el inductor y autor intelectual de aquella matanza. Alguien apuntó a un servicio de inteligencia del norte de África.

Después se incrementaron las oleadas de pateras, cayucos, saltos de las vallas de Ceuta y Melilla, etc. La llave de la invasión permanente de magrebíes y subsaharianos la controla Marruecos. En este último año, aprovechando la debilidad del gobierno socialcomunista, ha logrado superar su propia marca: invadir la isla de Gran Canaria empleando como cabeza de playa el puerto de Arguineguín. ¿Por qué?

Unos dicen que para obligar a España a ceder para que los minerales (telurio y cobalto) que se sitúan en el monte submarino Tropic, al suroeste de la isla de Hierro, queden en poder de Marruecos cuando amplíe sus aguas territoriales. Otros, como respuesta a la injerencia del comunista Vicepresidente segundo del gobierno pidiendo un referéndum en el Sahara. Otros…. Me es igual. Siempre hay algún motivo para chantajear a España.

¿Cuál ha sido la respuesta de la señora González Laya, ministra de Exteriores del gobierno español, único en su género en Europa? Para ella, la invasión de Gran Canaria “es una nueva expresión del fenómeno migratorio de las últimas décadas…; es la ruta atlántica (la) que ahora está más activa… Vemos llegar a Canarias (muchos jóvenes), muchos de ellos acomodados, bien vestidos… No están huyendo de una guerra o un conflicto…”. ¿Y…? ¿Hay que seguir soportando la invasión apoyada por las mafias, sea atlantista, mediterránea, del Estrecho, por las vallas…?

En relación con la injerencia del comunista Iglesias, declaró: “Me quedo con lo que está defendiendo España en esta cuestión del Sahara Occidental, que son dos cuestiones: un respeto del alto el fuego (entre Marruecos y el Frente Polisario), que es primordial; y la búsqueda de una solución política y justa que responda a los parámetros expresados en resoluciones de Naciones Unidas”.

En resumidas cuentas, nada. Aire, fantasía, humo, propaganda y sumisión, que es lo que quiere Marruecos. Y me pregunto: ¿Para qué sirve la MINURSO de la ONU en el Sáhara? ¿Va a haber un referéndum allí? ¿Qué clase de referéndum después de 45 años desde que Marruecos se dedicó a repoblar el Sahara con más de 250.000 marroquíes frente a unos 180.000 saharauis desterrados la mayoría en Tinduf? ¿O qué clase de Autonomía cedería Marruecos al Sahara?

Además de Gibraltar y Marruecos existen otros temas pendientes: Unión Europea, Iberoamérica, Estados Unidos, China… ¿Qué papel está jugando la política exterior española en estos ámbitos? ¿También la de la sumisión? Eso queda, si puedo, para analizarlo en un futuro artículo.

Enrique Domínguez Martínez Campos

Coronel de Infantería DEM (R)
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