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EN RELACIÓN CON GIBRALTAR

Gibraltar: respuesta al Coronel de Infantería D. Enrique Domínguez Martínez-Campos (II)

Picardo: 'El infierno se congelaría' antes de que Gibraltar quite los bloques de hormigón... (Foto y texto: RTVE).
Picardo: "El infierno se congelaría" antes de que Gibraltar quite los bloques de hormigón... (Foto y texto: RTVE).

LA CRÍTICA, 21 SEPTIEMBRE 2020

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Querido Enrique: Acabo de leer tu tercera carta sobre nuestro Gibraltar con gran satisfacción y entrega porque es la mejor aproximación al problema que estamos estudiando que alguien pudiera encontrar. Todos y cada uno de sus párrafos incluyen una profunda verdad lo que hace más difícil para mí poder escribir algo que tenga algún sentido crítico, saltando de verdad en verdad. (...)

... Pero, aun con riesgo de que tengamos, a lo mejor, un poco cansada a nuestra posible audiencia, respondo a tu carta con la mayor consideración y respeto.

En el momento que cojo la pluma, querido Enrique, me encuentro auto confinado en un lugar apartado de mi tierra gallega rodeado de árboles mojados por la lluvia, que aquí es distinta porque cuando cae también moja el alma, y el cielo permanece cubierto de espesos nubarrones. En esta situación, entre tu magnifica carta y todo lo que me rodea, el pesimismo y la añoranza de lo que podría ser y no es, se adueñan absolutamente de mi pensamiento y también de mi sentimiento porque encuentro difícil distinguir entre pensar y sentir cuando me refiero a los sagrados intereses de nuestra querida y sufrida España.

Para poder movernos con seguridad dentro de la realidad que nos rodea tenemos que ver con la mayor nitidez posible las dificultades del camino a seguir. Lo cual no es nada fácil porque si nuestros diplomáticos parecen no tener sus gafas bien graduadas, no digamos nada de la generalidad de la sociedad española, muchas veces desinformada con toda intencionalidad. Solo unas cuantas personas, entre las que te incluyo, tienen la capacidad de discernir y conocer el precio que tenemos que pagar por tener que aceptar incondicionalmente y, por lo que parece, de buen grado, el mantenimiento de una colonia en nuestro territorio con vocación de mini estado independiente, paraíso fiscal y parásito de nuestra economía.

Ayer oí la entrevista que el gran comunicador de radio y admirable profesional, Carlos Herrera, le hacía a la actual ministra de asuntos exteriores. Según nuestra flamante ministra el gobierno español no abandonará la histórica reclamación de la colonia de Gibraltar si bien, a renglón seguido, manifestó que ahora mismo su principal preocupación era aprovechar la situación creada por la salida del Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE) para mejorar en lo posible el bienestar de los habitantes de la zona. Llanitos incluidos, naturalmente, como Picardo desea. No faltaría más. Lo que pretende la ministra, y todo su equipo, es, al parecer, hacer realidad en la zona, por su graciosa decisión, ese cada día más que dudoso concepto del estado del bienestar, que, para muchos, incluye la posibilidad de comer sin trabajar, como San Pablo prohibió hace ya muchos años a las primeras comunidades cristianas cuando empezaron a pasar necesidad. Mucho bienestar a uno y otro lado de la verja para mayor felicidad y satisfacción de todos los habitantes de lo que se está empezando en llamarse Gran Gibraltar o Gibraltar ampliado, lo que debe ser un justificado motivo de gran preocupación para todos los españoles de bien. Y ¿quién va a pagar la factura? No hace falta decirlo.

Y la reclamación histórica… pues que la planteen otros, más o menos allá lejos en el tiempo cuando la Vía Láctea colisione con su vecina Andrómeda para lo que solo faltan unos millones de años lo que no es mucho en términos astronómicos y al parecer tampoco es mucho para nuestros políticos.

El interés de Fabián Picardo por el espacio de Schengen, contrario al interés del RU, no es otro que garantizarse la libre circulación de personas y mercancías entre Gibraltar y su entorno para que la colonia pueda seguir viviendo a todo trapo, en términos marineros. Porque Picardo bien sabe que Gibraltar no es viable sin este libre tránsito que, al parecer, el gobierno español está dispuesto a conceder a todo trance y sin compensación alguna. Con esta forma de pensar de Picardo se puede comprobar una cierta diferencia de criterio con el RU, diferencia que nuestro gobierno bien podría aprovechar si a cambio de facilitar el libre tránsito de personas entre Gibraltar y su entorno Picardo aceptara someterse a la legitima soberanía de España, en sustitución de la soberanía usurpada del RU, para que la apertura de la verja fuese algo permanente como, en mi opinión, es casi su exclusivo interés.

Fabian Picardo percibe que, con un Gibraltar bajo la exclusiva dependencia del RU, como hasta ahora, la verja podría cerrarse en cualquier momento por circunstancias ajenas al verdadero interés de los gibraltareños y perjudiciales para España hasta extremos que ésta no pueda soportar. Picardo sueña y trabaja para llegar a una situación en la que España no pueda cerrar la verja obligada por una eventual y sobrevenida legalidad internacional. Y es el verdadero trabajo de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación (MAEC) llevar al ánimo de todos los gibraltareños, y del entero RU, que esto jamás será posible si la situación colonial se mantiene “sine die”. En este asunto nuestro MAEC tiene los días contados para actuar con la diligencia debida antes de que la diplomacia británica, en coordinación con el lobby sobrecogedor gibraltareño, consigan el reconocimiento internacional de Gibraltar como estado independiente, como, por otro lado, el líder opositor Joe Bossano propicia.

La inanidad de nuestros gobernantes bien le garantiza al RU hacer en la zona lo que le venga en gana por encima de los intereses de los españoles y hasta de los propios gibraltareños. Que el RU declare que en el Peñón se cumplirá la voluntad de los gibraltareños, y estos se lo crean, es una demostración de la permanente hipocresía británica, que viene a demostrar que no se pueden aceptar por parte de España las negociaciones “tripartitas”. Es muy fácil para el RU decir: “a ver, señores gibraltareños y españoles, pónganse de acuerdo en algo que les pueda interesar que yo decidiré en ultimo termino si se hace o no”. La verdad es que no debe ser muy agradable para España y sus diplomáticos verse envueltos en esa indigna situación de inferioridad negociadora.

O sea, por exclusiva voluntad británica tenemos hoy tres actores principales implicados en el contencioso de Gibraltar:

  • El RU que defiende el fuero y el huevo con ensoñaciones imperiales y empeñado irracionalmente en que su Royal Navy no pierda su base en el Estrecho bajo la amenaza de la utilización de la fuerza. Es muy posible que el RU considere nuestro Peñón como botín de guerra, que no lo es, pero así le conviene considerarlo para no devolverlo como no quiere devolver a los griegos, por el mismo motivo, el frontispicio del Partenón que tan bien luce en el museo de Londres. En esto de los botines obtenidos por todo tipo de piratas, corsarios o ejércitos invasores, los ingleses parece que nunca tuvieron bien claro hasta donde pueden llegar en la apropiación de lo ajeno, como bien conocemos los españoles por nuestra propia historia.

  • Los habitantes de Gibraltar, población de aluvión formada por comerciantes fenicios de todas las religiones a los cuales el RU les ha concedido, aparentemente al menos, la última palabra en la decisión de qué hacer con el destino de la colonia, defienden el huevo. Fabian Picardo junto a Joe Bossano, pueden considerarse hoy los más conspicuos representantes de los que defienden, con indudable eficacia, a juzgar por el nivel de vida alcanzado por la población local, la colonia del bienestar. Para ellos lograr que la verja se mantenga abierta a todo trance, como el perspicaz Picardo parece que está consiguiendo ante la impasible actitud de los negociadores españoles, es vital.

  • Y por último España, con toda la razón y del lado de la justicia, que defiende solo el fuero mientras paga con incomprensible resignación y generosidad el huevo del que otros viven.

Nosotros los españoles, querido Enrique, lo tenemos muy difícil porque hemos perdido la necesaria capacidad de actuar como un todo compacto y unido por un resultado no previsto por la Constitución de la que nos hemos dotado en el año 1978 copiando a los alemanes sin reparar que nosotros no somos como ellos. Algunos españoles se permiten hasta el lujo de afirmar que no lo son y mercadean con su voto poniendo en juego la unidad de la Patria a la que se deben. Dispersos y mal avenidos en el interior ¿qué vamos a conseguir en el exterior? El RU y los llanitos, en lo fundamental unidos y coordinados, frente a una España casi rota y sin verdadera voluntad de recuperar lo que es suyo. El problema que tenemos con la colonia antihistórica de Gibraltar es muy grave y de solución muy difícil pero muchísimo más grave aún es comprobar cómo los últimos gobiernos de España se instalan en la inanidad a la hora de tener que hacer frente al desprecio y a la humillación a la que se ven sometidos por un aliado con trasnochada vocación imperial.

Con el más fuerte abrazo.

Aurelio Fernández Diz (G) (R)

En Galicia, lugar de San Isidro,19 septiembre 2020.
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