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San Benito: su misión actual en Occidente

'San Benito bendiciendo a San Mauro', de Fray Juan Andrés Rizi. Museo del Prado, Madrid.
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"San Benito bendiciendo a San Mauro", de Fray Juan Andrés Rizi. Museo del Prado, Madrid.

LA CRÍTICA, 1 JULIO 2020

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“Hubo un varón de vida venerable, bendito por gracia y por nombre.” Así comienza uno de los 40 cuadritos que su biógrafo, el papa san Gregorio Magno, escribió, según las costumbres hagiográficas de aquel tiempo, “jugando” con el nombre de Benito, por bendito. (...)

... La Regla que el futuro san Benito redactó, se ha considerado la Carta Fundacional de Europa. De hecho, revolucionó el estilo de vida europeo, que tanto ha influido en Occidente, formuló la ética de los gobernantes y ha dado al mundo numerosos hombres eximios del saber y de las artes.

Su lema, “ora et labora”, y su divisa, el arado y la cruz, que fueron la norma de su vida, son las que en la actualidad se le pide a los cristianos: rezar y trabajar en su vivir cotidiano, de manera que el trabajo se convierta en oración. Esta Regla, tan decisiva, ha orientado a lo largo de los siglos y sigue haciéndolo en la actualidad, el comportamiento de los países de raíces cristianas y ha hecho que, quizá, pueda considerarse a san Benito el primero de los fundadores de Europa, que integró en su escuela a hijos de romanos y de godos en una misma forma de vida y espiritualidad.

Eutropio y Abundancia tuvieron dos hijos y los dos santos: San Benito y Santa Escolástica. Benito nació en Nursia (municipio en la provincia de Perugia, Italia), hacia el año 480, esto es, unos 60 años del saqueo de Roma por Alarico y casi cuatro años antes de que Odoacro, rey de los hérulos (tribu germánica, proveniente de Escandinavia, que comenzó a invadir el Imperio romano en el siglo llll), depusiera a Rómulo Augusto, al último emperador romano y se iniciara el ocaso de la civilización occidental.

Era muy joven, Benito, cuando abandonó sus estudios en Roma para hacer una singular experiencia monástica. En efecto, experimentó varias formas de vida monástica, después de haber ido a Subiaco (un embalse artificial y por eso la rocosa cueva escogida por Benito, se llama cueva de Subiaco, esto es, sub-lago) y permanecer allí tres años. Después de la vida en soledad, vida de anacoreta, en Enfide y Aniene, que únicamente conocía el monje Román que le llevaba la comida y le impuso la túnica como hábito, los indisciplinados monjes de Visvovaro, conociendo su santidad, casi le obligaron a que fuera su superior para poner orden en su comunidad. El éxito fue tal, que fundó 12 pequeños monasterios de doce monjes cada uno, pero Florencio, monje envidioso, comenzó a calumniarle sistemáticamente y llegó a envenenar su vino, que era el único ”lujo” que se permitían los monjes, porque les daba energías para seguir trabajando. Pero, según la tradición, cuando Benito, en el refectorio, bendijo la mesa, su vaso de vino se quebró, salvó su vida, y ni siquiera tomó represalias contra Florencio. Fue aquí, cuando los nobles comenzaron a encomendarle la educación de sus hijos consiguiendo la unión de los godos con los romanos

Una vez al año, veía a su hermana Escolástica que regía monasterio y vivía contemplando según el espíritu que enseñaba su hermano. Uno de esos años, sorprendentemente, Escolástica le pidió a Benito que no se marchara, que siguieran hablando. El hermano, naturalmente, se negó, pero cuando ya iba a partir, se desató una tempestad que le hizo quedarse y continuar su charla sobre temas espirituales, hasta el amanecer en que cesó repentinamente la tormenta. Horas después murió Escolástica, y se dice que al presentir su muerte, quiso seguir aquella conversación espiritual con su hermano y rezó, lo que provocó la sorprendente tempestad que se produjo y que impidió al hermano marcharse. Al conocer el fallecimiento de Escolástica, Benito, mandó subir su cuerpo a Montecasino para ponerlo en el sepulcro que había preparado para sí mismo.

“Su regla por la que se rigen hoy varias decenas de miles de monjes en todo el mundo, ha hecho de san Benito el patriarca del monacato occidental y que esa Regla sea como la carta fundacional de Europa. Comparte este patronazgo con los Santos Cirilo y Metodio. En la inauguración de las sesiones del Sínodo de obispos del 1999, Juan Pablo II declaró a Edith Stein, patrona de Europa, junto a Catalina de Siena y Brígida de Suecia, queriendo colocar tres figuras femeninas junto a los Patronos, para subrayar el papel que las mujeres han tenido y tienen en la historia eclesial y civil del Continente. El mismo Montecasino puede interpretarse como un símbolo de nuestra cultura cristiana. Construido sobre el paganismo, arrasado por los bárbaros, machacado en la Segunda Guerra Mundial… Y ahí está, sobreviviendo a las culturas como ciudad construida en lo elevado para que se vea, y como luz que se coloca en lugar alto para iluminar.” (Francisco Pérez González, Dos Mil Años de Santos, Ediciones PALABRA, 2001, p. 828).

La muerte de Benito acaeció al cumplirse su profecía: “En efecto fue defensor de la civilización romana cuando, afrontando al gran azote de Dios, el rey Totila, que había llegado hasta las puertas de Roma, profetizó: “Reinarás nueve años, y al décimo morirás”. Benito, próxima su muerte, transportado a la Iglesia, “con las manos levantadas, entregó el espíritu con palabras de plegaria” (Así escribe su biógrafo, el papa san Gregorio Magno). (Enzo Lodi, LOS SANTOS DEL CALENDARIO ROMANO, Ed. San Pablo, 1990, p. 229).

Ahora bien, la actualidad de nuestro santo es manifiesta, por cuanto la situación de Europa ha cambiado de tal manera en los últimos años, que desde múltiples instancias se está reclamando y poniendo de manifiesto la necesidad de una nueva evangelización de Europa y no sólo de Europa, sino igualmente de otros países antaño cristianos. Y esta tarea de la recristianización de Europa y del mundo no se puede plantear como si sólo fuera abordable por aquellos que tienen una influencia política o pública considerable. Por el contrario, es tarea de todos, cuando vivimos como cristianos.

Termino con las palabras que la vida de san Benito sugieren al conocido autor Fernández Carvajal: “Es un gran error no hacer nada, por pensar que se pueda hacer poco. Una carta a un periódico alabando o agradeciendo un buen artículo, puede alentar al director de la publicación o al periodista a publicar otros en la misma línea; recomendar un buen libro puede ser el instrumento que utilice el Espíritu Santo para transformar un alma; expresar nuestra opinión con serenidad puede reafirmar a otro en su sentido cristiano… Todas nuestras acciones con la gracia de Dios, tienen repercusiones insospechadas.” (Francisco Fernández Carvajal, HABLAR CON DIOS. FIESTAS Y SANTOS, Ediciones Palabra, 1991, p.21).

Pilar Riestra
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