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De dónde viene realmente el coronavirus

(Foto: RTVE.es)
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(Foto: RTVE.es)

LA CRÍTICA, 19 JUNIO 2020

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Lo que parece una pregunta, el titular, solo lo parece. Realmente no lo es. Es una afirmación poco categórica pero afirmación al fin y al cabo. Mi aserto en este caso, como el de muchos supongo, es que no tengo ni idea. A pesar (...)

... de seguir habitualmente la prensa mundial –un poquito por aquí y otro por allí– y siempre que esté en lenguas romances quitando alguna o en la más prepotente de las germánicas: el inglés. Descarto totalmente las árabes, chinas, japonesas o euskaldunas porque, aunque sentí interés en el pasado por casi todas, ni llegué ni estoy ya en condiciones de llegar no al dominio sino a su más mínima comprensión. Y descarto también pero no del todo las eslavas y derivadas como el mismo ruso, al que le he dedicado más tiempo y, con ayuda eso sí del diccionario sea físico o digital, al menos me llega para los titulares siempre y cuando –y esto ustedes lo comprenderán– no vengan dados en fenka ni en súrzhyk.

Bajando de las ramas y volviendo al coronavirus, de la prolija información mundial a la que accedo puedo deducir con bastante facilidad que los orígenes del coronavirus se reducen a dos y ambos maléficos: los correspondientes servicios de inteligencia –secretos, muy secretos– de China y de los EE.UU. Así tal cual, una vez eliminadas otras múltiples y variadas teorías que no merece la pena reseñar por disparatadas.

Y, para poner de manifiesto una vez más que esto de las izquierdas y derechas no tiene arreglo ni aquí ni en Pekín, –de ese maldito estigma de origen revolucionario y francés parece que es imposible librarse– y que al aplicarse según a qué nivel –mundial, estatal o individual–, nos da como resultante dónde está realmente el origen del coronavirus. Un comunista español apuntará al señor Trump del mismo modo que un derechista norteamericano –o español– apuntará sin la menor duda a la China comunista, que es la única que existe si ignoramos sin mucho reparo a Taiwan (o Formosa para los más antiguos que aún quedamos).

La conclusión es verdaderamente lamentable. Los virus también pasan a formar parte –como la sanidad, la seguridad, la educación y, generalizando, el conjunto de elementos que dan soporte a los derechos y libertades de todos nos– del caprichoso mundo de lo subjetivo y, su interpretación, tasado y aplicación, así como su origen en este caso, estará en función de la orientación política del medio en que se expandan.

Un alimento más para ultras, antifas y gente de mal vivir, que en el mundo hay mucha y muy repartida y que no resuelve nuestro punto de partida: de dónde viene realmente el coronavirus. Así y todo, a pesar de que no tengo ni idea, me va a ir yendo más lo de los murciélagos…
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