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Tomás de Aquino: la sabiduría del Amor

Foto: http://www.philosophica.info/
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LA CRÍTICA, 31 DICIEMBRE 2019

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Alberto, el futuro san Alberto Magno, oyó como insultaban, con ironía y admiración, a Tomás, un alumno suyo, un hombrón gigantesco, de exquisita sensibilidad. Le llamaban “Buey mudo”. San Alberto cortó en seco y profetizó: “Un día se oirán en el mundo entero los mugidos de su doctrina”. (...)

... Tomás, el que sería santo Tomás de Aquino, apodado el Doctor Angélico, tuvo como padres a Landolfo, descendiente de los condes de Aquino y a Teodora, hija de los condes de Taete y Chieti, por tanto, de estirpe germánica. Nació en 1225/1226, en el castillo de Roccasseca (Sicilia), cerca de Montecassino, donde fue puer oblatus (postulante) pero no perseveró, si bien continuó buscando a Dios y lo encontró en la Orden de santo Domingo, pero como era una Orden mendicante, contrarió radicalmente los proyectos de su familia, que contaban con que sucediera a su tío al frente de la abadía mitrada de Motecassino, nombramiento seguro ya que contaba con el respaldo papal.

Es difícil encontrar un santo que haya tenido que luchar y padecer tanto, por seguir su vocación, como Tomás de Aquino. Hubo de resistir la oposición frontal de su padre a la que se unió la sutileza encantadora, pero muy convincente, de su madre, la de sus simpáticas hermanas que le habían cuidado y mimado como a ninguno de sus hermanos, quizá por ser el más pequeño de los varones (los Aquino tuvieron doce hijos).

Sin embargo, tal vez la prueba más dura, fue la que le sometieron sus hermanos varones cuando, tras ingresar con 18 años en el noviciado, le aprisionaron en Acqupendente, dirigiéndose hacia Bologna con el Superior General. Le arrancaron el hábito blanco y lo encerraron, durante casi dos años, en el castillo de San Juan. Como Tomás no cedía, una noche le introdujeron en la cama una prostituta desnuda. Tomás se levantó, rebuscó entre las brasas de la chimenea y tomando dos tizones casi en brasas, amenazó con ellos a la prostituta, que huyó y no volvió. Tuvo que ser el propio emperador Federico ll el que ordenase su liberación.

Tomás hizo profesión de fe dominica en Nápoles en 1245, para cumplir como nadie el carisma de santo Domingo: “Proclamar la palabra de Dios ardientemente contemplada, solemnemente celebrada y científicamente investigada”; y el presbiterado en Colonia en 1250. En París y Colonia tuvo por maestro a Alberto Magno, donde ocurrió el hecho profético que he citado al principio, y desde entonces dedicó su vida a escribir, enseñar y predicar en Colonia, París, Roma, Bolonia y Nápoles.

De su inmensa obra escrita, destaca, sobre todo, la Summa Theologiae. También han sido muy influyentes su Summa contra gentiles, Scriptum super Sententias, Catena aurea (comentarios a los cuatro Evangelios), el Oficio y Misa propia del Corpus Christi,… Resulta obligado dejar constancia, igualmente, De unitate intellectus contra averroístas, manifestación de su gran lucha contra los averroístas que, conforme a la razón, negaban la naturaleza espiritual del hombre.

Con relación a su obra suprema la Summa Theologiae está probado, “que no la pudo terminar. En Nápoles, una vez que el hermano Reginaldo, su secretario, le urgía para acabar, le contestó: “Ya no haría nada porque todo lo que he hecho a lo largo de todos estos años ahora me parece paja”. Sin duda estaba “ahora” conociendo la experiencia del éxtasis divino. Las luces de Dios trascienden cuanto puede decir el lenguaje de los hombres.” (Omer Englebert, EL LIBRO DE LOS SANTOS, Ediciones Internacionales Universitarias, 1999, p. 43). En efecto, ante la contemplación, la visión de Dios, todas las palabras, lo que se pueda decir de Él, es “paja”.

Falleció antes de cumplir los cincuenta años, el 7 de marzo de 1274 en la abadía de Fossenova. Su memoria obligatoria, su Misa, es la del 28 de enero, que es cuando se celebra su onomástica y la de todos los centros educativos católicos de los que fue nombrado su Patrono en 1880.

Termino con dos citas de otros dos de sus hagiógrafos, que ayudan a completar el espíritu que animó su vida, alimentada con la oración y la penitencia. “Cuando, al final de su vida, Dios se demostró dispuesto a satisfacerle un deseo como pago de lo mucho y bueno que de Él escribió, el santo varón no pide otra cosa que posee al mismo objeto permanente de su estudio: Dios. Así, en el oficio de lectura, siguiendo el género literario de las collaciones, Tomás desarrolla inspirándose en un fragmento de la carta a los Hebreos, el tema de la imitación de Cristo crucificado, que hacia el fin de su vida, en uno de los diálogos diarios elogió a su discípulo diciendo: ‘Tomás, has escrito bien de mí. ¿Qué quieres a cambio?’ ‘Solamente a ti’, respondió Thomas. El verdadero libro de donde, sacó su doctrina fue el crucifijo, ya que el estudio era para él alimento para una contemplación cuyos frutos comunicaba. Por amor de Cristo ‘estudió, oró asiduamente y trabajó’, como dice la antífona del oficio de laudes… La pasión por la verdad no le impidió observar la caridad con las personas, como atestiguó en el dossier de su canonización uno de sus adversarios ideológicos, Juan Peckam… La otra nota es el estudio de la doctrina sagrada, que Tomás, como sumo maestro, indagó ante todo con el comentario de la Biblia y, después, con su doctrina, que mantuvo a raya al poderoso averroísmo, que amenazaba con apoderarse de los estudios parisinos.” (Enzo Lodi, LOS SANTOS DEL CALENDARIO ROMANO, Ed. SAN PABLO, 1992, pp.69-70).

“Vocación, formación, magisterio, producción científica, predicación apostólica, son dimensiones -aunque extraordinarias- humanas de la personalidad de Thomas. Su dimensión sobrenatural, la medida y matices de su santidad y ejemplaridad fueron solemnemente proclamados. Si la excepcionalidad de sus cualidades humanas lo distancian de nosotros, la heroicidad probada de sus virtudes lo elevan sin distanciarlo… Porque el camino de la oración, de la humildad, de la prudencia y de la caridad, de la fortaleza y de la sobriedad, de la pureza y de la paciencia en las que Tomás sobresalió, es el camino para todas las almas.” (José en Manuel Aguilar, O. P. AÑO CRISTIANO, BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS, 1959, p. 522).

Pilar Riestra
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