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Ochenta años del fin de la guerra civil. Reconciliación y perdón

Manuel Azaña: 'Paz, Piedad y Perdón'.
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Manuel Azaña: "Paz, Piedad y Perdón".

LA CRÍTICA, 15 DICIEMBRE 2019

Por Luis Feliú Bernárdez
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Estamos finalizando el año y aun no se ha visto ninguna intención de conmemorar los 80 años del fin de la guerra civil, recordando la petición de Paz, Piedad y Perdón, recogidas en un discurso del presidente de la republica, Azaña, (...)

... pronunciadas en Barcelona en julio de 1938, buscando el fin de la guerra, que la veía ya perdida, y la mediación internacional. Sin embargo, ni el Frente Popular, apoyado por la URSS, que ya veía en el horizonte la guerra de las democracias contra Hitler, Mussolini y según creían contra Franco, ni los Nacionales que veían próxima la victoria, ni las democracias occidentales que no veían claras las intenciones de Stalin en España, se hicieron eco de la petición. Un año más duró el sufrimiento y la guerra. Tampoco se conmemoró el 50 aniversario en 1989, ni el 75 en 2014, como si no hubiera existido.

Para destacar la inportancia de la ausencia de conmemoración, analicemos el proceso de reconciliación en los EEUU. La guerra civil norteamericana finalizó en mayo de 1865, después de 4 años de lucha, con una estimación reciente de muertos de alrededor de 750.000, más de la mitad en combates. Los estados del norte movilizaron unos dos millones de soldados sobre una poblacion de más de 20 millones y los del sur algo más de un millon sobre una población de algo menos de 10 millones. Para ver el impacto, en aquellla cruenta guerra murieron más norteamericanos que en todas las demás guerras hasta hoy en día en las que ha participado EEUU.

A pesar de aquella terrible masacre entre conciudadanos, a los 50 años de la finalización y también antes, y a los 100 años se realizaron eventos donde la reconciliación y el perdón estuvieron presentes. Por poner un ejemplo significativo, el presidenre Franklin D. Roosvelt ante el monumento conmemorativo al soldado, erigido en San Luis en los 75 años del fin de la guerra, pronunció las siguientes palabras:

No construimos monumentos a la guerra,
No construimos monumentos a las conquistas,
Construimos monumentos para conmemorar el espiritu de sacrificio de los que dieron su vida
Construimos monumentos en recuerdo de nuestro deseo de paz.
La memoria de aquellos a quien la guerra llamó a la posteridad, nos inspira dedicar lo mejor de nosotros al servicio de la nación en tiempo de paz.

En nuestra guerra civil el Frente Popular movilizó 1,7 millones de soldados y los nacionales 1,2 millones, casi 3 millones luchando en los frentes, sobre una población de 25 millones. Recientes estudios evalúan los muertos en la guerra civil en alrededor de 500.000 de los que algo menos de la mitad murieron en combates o como consecuencia de ellos, unos 25.000 extranjeros y los demés ejecutados, asesinados, desaparecidos, de los que unos 100.000 no aparecen registrados por ningún bando.

En los datos presentados de las dos guerras no se ha hecho distinción de los muertos en combate, ejecutados, asesinados o desaparecido de los dos bandos. Y quiero hacerlo así por aquellos que se vieron obligados a elegir y se encontraron envueltos en la lucha sin desearlo, por los que lucharon limpiamente y en buena lid por sus ideales, por los que simplemente cumplieron con lo que le dijeron que era su deber. Naturalmente no puedo recordar a aquellos asesinos sin piedad que causaron el terror en la retaguardia por odio, resentimiento o venganza que, sin embargo, sí que incluyo en el perdón.

Es preciso, justo y necesario conmemorar el fin de la guerra civil por el casi medio millón de muertos que hubo en la guerra, es el deber de nuestra generación, cuyos padres y abuelos vivieron y sufrieron la guerra y que tuvieron que sacar adelante sus vidas y su país mientras las heridas del cuerpo y del alma cicatrizaban. Ochenta años después, pocos quedan vivos de aquella generación y es en su memoria también.

Es preciso hacerlo porque algunos creyeron que una revolución de izquierdas o una revolución de derechas solucionaría unos problemas que llevaban enquistados más de 50 años en la sociedad. Por los que fueron objeto del odio por sus ideas, creencias, religión o sufrieron venganzas personales. Por los que intentaron parar la injusticia y el crimen en las retaguardias. Por los héroes anónimos. Por los que fueron sacrificados como símbolo de uno u otro odio, Lorca o Jose Antonio y antes de ellos por Calvo Sotelo. Por las trece rosas o las doce monjas. Por los que murieron en el campo de batalla. Por los que murieron por ejecuciones u homicidios en zona nacional o en zona republicana. Por los extranjeros muertos. Por los otros muertos registrados y los no registrados. (Antonio H. Palacios)

Por la reconciliacion, la paz y el perdón. Ahora bien, el perdón es cosa de dos, “es más para compartir que para conceder” (J. Burg). El ofensor y el ofendido se benefician del mismo perdón que les transforma, les permite mirar otra vez hacia delante, descargar la memoria, sustituir el odio y el resentimiento por compasión y benevolencia y restablecer e incluso fortalecer la relación previa, la paz mediante la reconciliacion. Ese es el poder del perdon que exige la renuncia al deseo de venganza, sea cual sea el daño recibido, al resentimiento y al odio. Es la única forma de vivir en paz.

Desde esta tribuna reclamo la necesidad de conmemorar los 80 años del fin de la tragedia civil sobre la base del perdón y la reconciliación, que parecía estaba conseguida en aquel impresionante lustro de nuestra historia que va entre 1975 y 1980, pero que desgraciadamente aparecen otra vez en nuestras vidas en forma de resentimiento y odio. Quizá por falta de reconciliacion y perdón, quizá por no haber conmemorado nunca ese fin de la guerra con altura de miras, quizá porque la herida parecía cicatricada pero no lo estaba, por todo ello hay que conmemorar este 80 aniversario.

Luis Feliu Bernardez

Academia de las Ciencias y Artes Militares
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