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Un Gobierno de progreso

Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno 'progresista' de España en funciones. Foto: www.eldebatedehoy.es
Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno "progresista" de España en funciones. Foto: www.eldebatedehoy.es

LA CRÍTICA, 20 AGOSTO 2019

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A los políticos que aspiran a gobernar España, no se les cae de la boca la palabra “progreso” y merecería la pena analizar el significado de este término, porque creo que la mayor parte de la gente no comprende bien lo que quiere decir esta palabra, o lo que quieren decir ellos. ...

... El Diccionario de la lengua lo define muy bien y lo empareja con su sinónimo: “avance” y, a su vez, avanzar es ir hacia adelante y, por tanto, si buscamos en la práctica lo que es avanzar, nos encontraremos con que, en el terreno científico, avanzar es por ejemplo, curar el cáncer definitivamente y otras enfermedades hoy incurables, y para ello, se necesita un gobierno que apoye y se esfuerce en fomentar la investigación científica, priorizando la educación para que surjan las personas preparadas para este menester, dotándolas de fondos suficientes y medios adecuados, para que no se tengan que marchar al extranjero en busca de mejores horizontes.

Progreso, en lo económico, es ayudar a empresarios, agricultores, comerciantes, etc. a invertir de manera rentable sus dineros, y a crear puestos de trabajo, para que todo el mundo pueda vivir sin agobios, y como dice el insigne político Maquiavelo: “que nadie tenga miedo a abrir un negocio por temor a los impuestos desmedidos del Príncipe”, lo que es igual a que la presión fiscal no sea desincentivadora de la inversión en general, tanto de ahorradores como de empresarios.

Progreso, en las comunicaciones, es hacer de una buena vez que el “Ave” llegue a Asturias, como llega a otras provincias y conseguir que la gente tenga mayores facilidades para viajar, ya sea por ocio o por negocio, sin tener que pagar billetes aéreos abusivos o peajes de autopista exagerados, además de conseguir rapidez, comodidad y eficiencia.

Cosas todas de este tenor, constituyen el alma del progreso, pero si establecemos que progreso es fomentar la eutanasia, o inhibirse ante el aborto y otras cosas de moralidad más que indecente, en las que no queremos entrar, entonces concluiremos que “progreso” es un salto atrás, pues esas cosas ya las hacían hace cinco mil años los egipcios, y los griegos, que también tenían sus cositas, las condenaron con documentos o declaraciones tan meridianamente claras como el juramento hipocrático.

En fin, todos deseamos el progreso, pero me temo que los que a sí mismos se llaman progresistas, no están dispuestos a aceptar la interpretación que queda dicha y todo se quede en un engañabobos, para seguir tirando de las generosas ubres del Estado y, para ello, incrementar la intervención y la presión impositiva hasta límites insostenibles.

Fernando Álvarez Balbuena

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