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Golpistas posmodernos

Algunos de los golpistas catalanes en el banquillo del Tribunal Supremo de España, felices ellos.
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Algunos de los golpistas catalanes en el banquillo del Tribunal Supremo de España, felices ellos.

LA CRÍTICA, 25 JUNIO 2019

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Aunque los independentistas catalanes se hayan creído que son muy originales, no son los inventores del golpismo posmoderno. Como el juicio al “procés” ha puesto en evidencia, todo golpe de Estado comporta violencia, y el producido en Cataluña ha sido violento en un grado no desdeñable. ...

... Pero aceptemos que lo característico del golpismo posmoderno es más bien la ausencia del tradicional factor militar activo, fuerza armada o milicia, en su ejecución. Asimismo juegan un importante papel los medios de comunicación (manipulando o desinformando la opinión pública, las Fake News), y sobre todo la quiebra de la legalidad/legitimidad, mediante una tergiversación de las estructuras constitucionales, legales y judiciales del Estado.

Después de la Segunda Guerra Mundial hemos presenciado la génesis del golpismo posmoderno precisamente en el seno de la democracia más consolidada del mundo: Estados Unidos. Estoy tentado a denominar la “Escuela Kennedy” en el seno del Partido Demócrata la que inventó este sistema antidemocrático y anticonstitucional. Las victorias fraudulentas de 1960, con la ayuda de la Mafia, de John F. Kennedy en las primarias frente al demócrata Humphrey (en West Virginia) y en las presidenciales frente al republicano Nixon (en Illinois) fueron un anticipo. Seymour M. Hersh, entre otros, ha documentado el caso minuciosamente en su imprescindible obra The Dark Side of Camelot (1997), donde cita al historiador Richard J. Whalen y a testigos históricos, refiriéndose al “remarkable coup d´Etat” de Joseph Kennedy Sr., “in putting his son into the presidency” (Hersh, p. 71), después de haberlo intentado para él mismo en 1940, y de haberlo pensado para su primogénito Joseph Kennedy Jr. hasta su muerte por accidente aéreo en 1944.

Durante el mandato presidencial de Kennedy, el tándem JFK-RFK (John y Robert) practicaron igualmente los métodos tradicionales golpistas –con aparato militar y de inteligencia- en la política exterior, principalmente en Vietnam (con el asesinato consumado de los hermanos Diem) y en Cuba (con los asesinatos frustrados de los hermanos Castro). El magnicidio de Dallas en Noviembre de 1963 será la consecuencia no deseada de un último intento frustrado de golpe de Estado en Cuba que aparentemente estaba planificado para principios de Diciembre, cuyo líder in situ debería haber sido el comandante Juan Almeida –único mulato en la élite máxima del castrismo (véanse las investigaciones prácticamente definitivas de G. Russo (1998), G. Russo & S. Molton (2008), y L. Waldron & T. Hartmann (2005, 2008).

Pero la tragedia de los Kennedy (tras el asesinato del presidente en 1963 se producirá el de su hermano Robert en 1968, siendo candidato presidencial), propiciará una transformación de la “Escuela Kennedy” y un cambio hacia una nueva forma de “golpismo posmoderno” que aglutinará a distintos kennedianos, resentidos de los sucesivos desastres desde Bahía de Cochinos hasta Dallas, y asimismo oportunistas variados en la órbita del Partido Demócrata o traidores a Richard Nixon: Cyrus Vance, Joseph Califano, Alexander Haig, Melvin Laird, Elliot Richardson, Mark Felt, William Sullivan, Vernon Walters, Fred Buzhartdt, John Dean, Alexander Butterfield, Archibald Cox, etc.

Un papel siniestro y todavía hoy no muy conocido o investigado le corresponderá al “Spy Ring” en la cúpula de las Fuerzas Armadas para deteriorar la presidencia de Nixon, en el que participaron principalmente los almirantes Thomas Moorer y Robert Welander, el general Alexander Haig, el Secretario de Defensa Melvin Laird, el abogado Fred Buzhardt, y el teniente/periodista Robert “Bob” Woodward (éste con su colaborador necesario Carl Bernstein, vástago de una familia comunista, fabricando ambos relatos y Fake News).

Las obras definitivas sobre esta deriva hacia el golpismo posmoderno en EEUU son las de Len Colodny y Robert Gettlin, Silent Coup (1991), y de Ray Locker, Haig´s Coup (2019). En la primera, entre otras cosas, los autores desenmascararon por primera vez el papel de Bob Woodward como miembro del “Spy Ring” y la desinformación acerca del caso Watergate. En la segunda, el autor analiza y documenta minuciosamente el papel de Alexander Haig en la destitución de Nixon, siendo su virtual “Primer Ministro” como Chief of Staff, utilizando el caso Watergate para ocultar la existencia del “Spy Ring” y su personal responsabilidad en la trama (Locker, p. 359).

Asimismo Locker nos describe el nombramiento del fanático kennediano Archibald Cox como fiscal especial para el caso Watergate (a su toma de posesión asistieron varios miembros del clan Kennedy, encabezados por el senador Edward “Ted” Kennedy) simbolizando muy oportunmente la presencia y supervisión de la que he denominado “Escuela Kennedy” en el golpe posmoderno anti-Nixon (Locker, p. 92).

La exaltación ignorante de la obra de los reporteros del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, es un capítulo insuperable del papanatismo periodístico mundial, y particularmente en España con el “pedrojotaismo”. La guinda la representó un tal Ernesto Ekáizer en El País, quien durante más de dos años intentó imitar a los mencionados periodistas americanos construyendo un relato absurdo e inútil de un “nuevo Watergate” anti-Bush Jr.

A diferencia del caso Watergate, el golpe anti-Nixon donde se evitó el procedimiento del Impeachment con la dimisión del presidente, el golpismo posmoderno anti-España en Cataluña no podrá beneficiarse (aparte de la región catalana) de una manipulación y desinformación como la que desplegaron Woodward y Bernstein y diversos medios de comunicación ante la opinión pública nacional. Asimismo el nuevo intento de golpe anti-Trump pergeñado por el “Deep State” con los apoyos mediáticos pro-Establishment (Partido Demócrata con la anuencia del rencoroso sector republicano NeverTrump) de momento ha sido conjurado por la hábil campaña del propio presidente contra las Fake News, y las políticas prácticas que han generado su popularidad innegable en su base electoral de la América profunda.

Además, en el caso del “procés” catalanista la Justicia española ha actuado oportunamente desmontando las triquiñuelas legales y los responsables criminales pagarán un alto precio por sus atentados contra el Estado de Derecho.

La democracia americana precisamente se consolidó gracias a una Guerra Civil ganada por los constitucionalistas liderados por Abraham Lincoln y el Partido Republicano, frente a un golpe de Estado y rebelión secesionista de la Confederación sureña. La democracia española tiene la oportunidad de consolidarse si los constitucionalistas, con el importante apoyo del Rey y de la Justicia, ganan esta Guerra Civil Fría a los golpistas posmodernos involucrados en el reto criminal del separatismo catalán.

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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