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Masonería y Poder. (El verdadero secreto masónico)

Foto: https://www.portaluz.org/
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LA CRÍTICA, 17 ABRIL 2019

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Hace ya tiempo y en distintos foros, pronuncié algunas conferencias sobre la Masonería, e incluso también publiqué un amplio ensayo. Por ello hay personas que todavía me preguntan, interesándose en este tema que suscita mucha curiosidad por su secretismo no exento de un cierto morbo. ...

... La verdad es que la Masonería, a estas alturas de la Historia, ya no es ninguna sociedad secreta, sobre todo en su estructura, formas y procedimientos. Autores muy cualificados, como el jesuita Ferrer Benimeli, el también sacerdote Manuel Guerra Gómez, la escritora María Dolores Gómez Molleda o el historiador Ricardo de la Cierva, han investigado y dado a conocer en sus numerosas publicaciones, los pormenores de la Masonería Especulativa, desde su fundación en el siglo XVII, hasta la actualidad.

El interesado podrá encontrar en estos expertos la contestación precisa y determinada al tema masónico como fenómeno social, político y, en cierto modo (solo en cierto modo) religioso.

Pero el conocimiento de los procedimientos y reglas de las Logias, de los Grandes Orientes, ritos, obediencias, triángulos, etc. etc., aporta más bien poco a la esencia profunda de la Masonería, porque toda la decoración de mandiles, espadas, antorchas y vestimentas que se estilan en las “tenidas” (que así llaman los masones a sus conciliábulos) son simplemente eso: pura decoración para revestir de un cierto empaque el entramado masónico. Este todavía presume de guardar un secreto inaccesible a quienes no pertenecen a su hermandad y que, como antes decía, a estas alturas y en la que llamamos “Era de la Información”, no hay secreto que resista a una investigación medianamente seria y rigurosa, como la de los expertos citados.

Por ello se deduce fácilmente que en las Logias masónicas ni se debate ni se toma decisión autónoma sobre ningún secreto importante.

Los masones, como es sabido, tienen una serie de grados. Se empieza entrando en la Logia como por Aprendiz, luego se asciende Compañero y seguidamente Maestro y, a partir de aquí continúa la ascensión hasta el Grado 33, que es, según ellos, el sumun de la sabiduría masónica y al que llegan, relativamente, bastantes hermanos, tras haber pasado por los pomposos grados de Venerable, Caballero del Arco Real y un largo etcétera de calificativos bastante pretenciosos y, por qué no decirlo, también bastante desfasados en el tiempo.

Pero todo ello no contesta a la pregunta de lo que es en realidad la Masonería. Esta pregunta importante podría condensarse en una sola frase: ¿Quién manda aquí?

Yo tengo amigos que han sido masones y que ahora están fuera de la Hermandad Masónica y ninguno ha sabido decirme a quien obedecieron en realidad de verdad…

Las Logias, ciertamente tienen sus “tenidas” en las que se toman decisiones sobre determinadas líneas de conducta. Así por poner un ejemplo, en España durante los años 26 al 36, apoyaron y trabajaron por la implantación de la Segunda República y por el triunfo electoral de las izquierdas, pero el misterio paradójicamente, es a la vez complejo y muy sencillo de plantear: ¿Quién toma las decisiones de las diversas Logias que ya vienen predeterminadas por los grandes Orientes, y las distintas “obediencias”? Porque estas, a su vez, no son más que la correa de transmisión de consignas que interesan a una minúscula élite de poder, que desde el más absoluto anonimato, mandan sobre los Grandes Orientes, las Grandes Logias y los máximos órganos de gobierno masónicos.

Y este y no otro es el verdadero secreto de la Masonería, lo demás es puro ritual, pura vestimenta, que enmascara intereses reservados a un escasísimo número de personas.

En tanto, los que asisten a las tenidas de las Logias, llamándose “Hermanos Masones” con sus vestimentas, grados, títulos y demás parafernalias, no son más que figurantes obedientes y no saben de las intenciones de sus escasísimos superiores más de lo que sabemos los que no pertenecemos a esa asociación, y que precisamente por esa no pertenencia, nos llaman “profanos”, un tanto despectivamente.

Fernando Álvarez Balbuena
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