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¡Que viene el fascismo!

Foto: https://www.caracteristicas.co/lobo/
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LA CRÍTICA, 25 MARZO 2019

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¿Recuerdan el cuento del pastorcillo mentiroso Pedro y el lobo, que gritaba “¡Que viene el lobo!”?...

... Como en los remake cinematográficos modernos, ahora está de moda el nuevo cuento en que otros mentirosos tratan de asustarnos con “¡Que viene el fascismo!”.

El propio Trotsky en sus numerosos escritos sobre el Fascismo italiano y el Nacional-Socialismo alemán advertía acerca del error de la Komintern (Internacional Comunista) de conceptuar o llamar fascismo a cualquier gobierno derechista o régimen de corte conservador y autoritario, porque desarmaba ideológica y políticamente a las masas ante la eventualidad del fascismo real (véanse múltiples citas de Trotsky al respecto en mi Ensayo sobre la Dictadura (Bonapartismo y Fascismo), Madrid, 1977).

Los análisis (más bien propaganda/desinformación) de la Komintern en realidad redujeron progresivamente el diagnóstico de “fascismo” a todas las formas ideológicas y políticas variables del anticomunismo.

Véase sumariamente las variables y contradictorias versiones del antifascismo de la Komintern y posterior Kominform: 1. 1922-25 (confusión de Fascismo y todas las dictaduras militares o derechistas); 2. 1925-27 (excepción en China: la Komintern colabora con el Kuomintang); 3. 1927-34 (teoría del “social-fascismo” y del “liberal-fascismo”: el socialismo y el liberalismo, hermanos gemelos del fascismo); 4. 1934-39 (Frentes Populares con los socialistas y liberales contra el fascismo); 5. 1939-1941 (Pacto Totalitario con los nazis y fascistas contra las democracias liberales: único período sin agit-prop antifascista); 6. 1941-45 (Gran Alianza con las democracias liberales contra el Eje nazi-fascista-japonés); 7. 1945- (Guerra Fría, combinación de las versiones 1 y 3).

Durante los Procesos de Moscú y la Guerra Civil española se llegaría al absurdo de acusar de fascistas a los comunistas anti-estalinistas (por ejemplo los trotskistas y el POUM: “¿Dónde está Nin? En Salamanca o en Berlín”). Durante la Guerra Fría, todo anticomunismo se calificará de fascista: Franquismo, Salazarismo, Peronismo, conservadurismo, liberalismo, socialismo (nuevamente “social-fascismo”), etc. Incluso el Papa Pío XII (el “Papa de Hitler”) y el Macartismo en EEUU, falsificando groseramente la historia: en realidad Pío XII había conspirado contra Hitler y McCarthy era considerado en EEUU un héroe de la guerra contra el Eje. Insinuaciones parecidas de fascismo que llegan hasta el Tea Party y el Trumpismo.

En realidad la Komintern/Kominform contribuyó en gran medida a que el calificativo “fascista” perdiera progresivamente su significado y valor descriptivo o explicativo, convirtiéndose en un mero insulto para descalificar a los enemigos políticos, como es hoy habitual por parte de toda la propaganda de las izquierdas y de grupos progresistas.

Soy testigo directo de una anécdota reveladora. Cenando con el intelectual polaco Adam Schaff, reputado como comunista “liberal”, y con el entonces presidente del PSOE Ramón Rubial, en Carmona (Sevilla) en Septiembre de 1990 (asistíamos a un homenaje a Julián Besteiro organizado por la Fundación Sistema) nos describió a Lech Walesa, líder de Solidaridad en Polonia, como un “fascista”. Si un prestigiado intelectual marxista como Schaff se expresaba en tales términos, no es extraño que la inmensa mayoría de los que comulgan con el marxismo vulgar, especialmente los políticos y militantes comunistas y algunos socialistas, hagan lo mismo.

Los ejemplos de tal distorsión histórica son continuos e innumerables en los relatos de las izquierdas de todo el mundo. En España, solo en la última semana antes de escribir este artículo, he podido detectar varios casos sobresalientes: el impresentable diputado independentista catalán Rufián reivindicando en Salt (Gerona) el “antifascismo” de ERC; grupos anarquistas y radicales anunciando un “Alerta Antifascista” contra Vox; el director del CIS, el sociólogo socialista Tezanos, insinuando que las derechas españolas pueden compararse con los nazis; el comunista Llamazares asegurando que Vox es fascismo “neonazi” tipo Ku Klux Klan; etc.

El populista gobernador y senador del Estado de Luisiana en los años 1930s Huey Long (rival de Roosevelt dentro del partido Demócrata, asesinado en 1935), al ser acusado de “fascista”, respondió que en EEUU el auténtico fascismo se iba a disfrazar de “antifascismo”, con lo que previó la emergencia de movimientos violentos como los Panteras Negras, SDS con sus ramificaciones terroritas, y los actuales Antifa o BLM. Al ignorante Rufián hay que recordarle que precisamente el “antifascista” ERC integró mediante sus Juventudes (JEREC) a uno de los primeros grupos fascistas en España antes de la Guerra Civil, los Escamots dirigidos por Dencàs y los hermanos Badia.

Me considero un modesto estudioso y conocedor del fenómeno fascista, discípulo del gran experto mundial en la materia, el historiador Stanley G. Payne. Soy autor de una tesis doctoral, dos pequeños libros (Los orígenes del fascismo en España, Madrid, 1975, y el antes mencionado Ensayo sobre la Dictadura. Bonapartismo y Fascismo, Madrid, 1977), y más de una veintena de artículos o ensayos sobre Fascismo, Bonapartismo, Autoritarismo y Totalitarismo.

En mi opinión el peligro de fascismo en España -y en general en Occidente- es hoy inexistente, aunque los riesgos de cierta involución estatista autoritaria por parte de ciertos movimientos populistas de izquierdas son evidentes. Y conviene recordar que Mussolini y los núcleos ideológicos originales del Fascismo italiano y del Nacional-Socialismo alemán eran de izquierdas anti-sistema, anti-capitalistas y anti-liberales.

El desprestigio de los que niegan o justifican el Holocausto y el Gulag (en el último caso menos demonizados por la opinión pública “progre”, como quedó ilustrado en nuestro país con la infame crítica del novelista Juan Benet a Solzhenitsyn en 1976) es una cierta garantía de salud democrática liberal-conservadora. No obstante nos obliga a ser vigilantes contra los excesos retóricos y propagandísticos antifascistas de lo que irónicamente he descrito en alguna ocasión como un Little Dirty Secret, el fenómeno ideológico sincrético del fascismo-leninismo, o como denunciaba Trotsky con ingenua fe marxista-leninista en La Revolución Traicionada (1937), la simetría estalinismo-nazismo que predecía el Pacto Totalitario de 1939.

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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