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Claves ideológicas del Trumpismo… ¿y de Vox?

Foto: Arte y Cultura (Ayuntamiento de Fergus Falls, Minnesota, USA)
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Foto: Arte y Cultura (Ayuntamiento de Fergus Falls, Minnesota, USA)

LA CRÍTICA 9 ENERO 2019

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Escribí esto en los últimos días de 2018, pasando las vacaciones navideñas en una “cabin” junto a un lago en los bosques del Norte de Minnesota, paisaje cercano y parecido al de la pequeña ciudad de Fergus Falls, población ésta hoy ...

... económicamente diversificada pero con larga tradición agraria, de granjeros con aficiones a la pesca en los lagos y a la caza mayor en los bosques (en mi familia americana algunos de mis cuñados y sobrinos también las practican).

Menciono Fergus Falls porque hace pocos días estalló un escándalo periodístico de la revista alemana Der Spiegel, estandarte europeo de la socialdemocracia, y del socialismo/ progresismo, con un reportaje típicamente Fake News de Claas Relotius, conocido y galardonado periodista socialista (favorito de CNN), que relataba la existencia de milicias xenófobas pro-Trump bajo el disfraz de grupos de cazadores en la citada localidad. Resulta que todo era una invención, una gran mentira, y los habitantes de Fergus Falls se han sentido lógicamente indignados. Quizás sea el último servicio propagandístico de Relotius para el SPD antes de ir a parar ambos, como se merecen, al basurero de la Historia.

El escándalo del Der Spiegel nos remite al conocido síndrome NeverTrump. Nuestro embajador en Washington DC ante el NeverTrump-Establishment, Javier Rupérez (espero que mi buen amigo acepte la broma), insinúa en Facebook un parecido de Donald Trump con… Pedro Sánchez (!!!). Siento decirlo, pero no es gracioso, es el tipo de análisis político más absurdo e improcedente, que no ayuda nada a comprender la confusa y grave situación mundial y española en que nos estamos moviendo.

Tras el precedente en España de los “Obamitas” (“liberales” variopintos como Garrigues Walker, Segurado, Moragas, Savater, Rivera, Pedro Jota, etc.) y de los “Hilarios” -partidarios de Hillary Clinton frente a Trump- (“liberales” y “democristianos”: otra vez Garrigues Walker, Segurado, Moragas… y asimismo Esperanza Aguirre, Javier Maroto, González Terón, González Pons, García Margallo, Javier Rupérez, el inevitable Pedro Jota, Inda, Areilza, Pedro Rodríguez y el ABC, Antonio Jiménez y la COPE, Carlos Alberto Montaner y algunos en Libertad Digital, etc.), gran parte de las derechas españolas inclinaron sus simpatías inevitablemente hacia el NeverTrump.

William F. Buckley Jr. y L. Brent Bozell en su polémico pero fundamental y documentado libro McCarthy and His Enemies (1954), proponían muy sensatamente distinguir entre el hombre, el senador McCarthy (con una personalidad cuestionable para muchos liberales), y el ismo, el Macartismo, movimiento popular lógicamente sensible a los crímenes del comunismo y al peligro real de su infiltración en la sociedad americana durante la Guerra Fría.

De manera similar el analista político del Wall Street Journal Gerald F. Seib, durante la campaña presidencial de 2016 propuso distinguir entre Trump y el Trumpismo. Los posibles defectos de la personalidad del candidato no deberían cegarnos sobre la importancia objetiva del movimiento patriótico-popular anti-élites y anti-Establishment que generó. En estos últimos días ha sido necesario recordarle la diferencia al resentido líder actual del NeverTrump, el hipócrita, oportunista y flip-flopper (veleta) senador mormón Mitt Romney.

He señalado en artículos anteriores que el Trumpismo tiene como precedentes inmediatos las campañas presidenciales de Pat Buchanan (en 1992, 1996, y 2000) y de Newt Gingrich (en 2012), y entre uno y otro el movimiento populista Tea Party, con sus estrellas rutilantes Sarah Palin y Michele Bachmann. Pat Buchanan, ex consejero de los presidentes Nixon, Ford y Reagan, fue quien inventó los conceptos claves de “Silent Majority” (en 1968) y de “Culture War” (en 1992), asumidos por el Tea Party y por el Trumpismo (véanse los análisis de Elizabeth Price Foley en 2012, Laura Ingraham en 2017, Salena Zito & Brad Todd en 2018, y finalmente de Steve Hilton, Positive Populism, New York 2018).

Hilton ha verbalizado y documentado lo que yo intuí en 2016 como “populismo positivo”: defensa de los valores constitucionales enunciados en la Declaración de Independencia (“la Vida, la Libertad, y la búsqueda de la Felicidad”), la religión, la propiedad privada, la libre empresa, el mercado libre y la libre competencia. Los valores patrióticos y la Unión Nacional frente a los peligros exteriores (“MAGA” y “America First”), incluyendo factores como las fronteras porosas y la inmigración ilegal que ponen en riesgo la seguridad y la soberanía nacional.

Un especial significado del populismo positivo del Trumpismo lo tiene la protesta social transversal contra la corrupción económica y política de los partidos del Establishment, lo que Adam Smith, George Washington y los Federalistas ya denunciaron como “espíritu de partido” y de “facción”, que hoy popularmente conocemos como partitocracia y partidismo o partiditis (respectivamente, las estructuras objetivas y subjetivas, sectarias, que sustentan la corrupción).

Los europeos no entienden bien el estilo empresarial, dinámico, de Trump al aplicar un método de “ajuste fino” o cambios permanentes a su equipo en la Administración (contra el Estado Administrativo y el “Deep State”). En el momento presente, con el Nuevo Año, ha concluido en la Casa Blanca la fase “directorio militar” inicial (con los generales Flynn, McMaster, Kelly, Mattis…) y se mantiene el grupo civil que en el pasado mostró simpatías hacia el Tea Party o representa mejor a los votante del Trumpismo (Mike Pompeo, John Bolton, Kirstjen Nielsen, Kellyanne Conway, Sarah H. Sanders, Rick Perry, Ben Carson…), depurado y liberado de los representantes del Establishment (Reince Priebus, Rex Tillerson) y de algunos ideólogos radicales (Steve Bannon, Sebastian Gorka).

Además de la conocida e importante influencia de las iglesias evangélicas, no ha sido desdeñable el “factor católico” en el Trumpismo: Pat Buchanan, Newt Gingrich y Callista Gingrich (embajadora de EEUU en el Vaticano), los periodistas Steve Bannon, Laura Ingraham, y Sean Hannity, el vicepresidente Mike Pence, los nuevos jueces en la Corte Suprema Neil Gorsgush y Brett Kavanaugh, los jefes de gabinete del presidente, el general John Kelly y ahora Michael Mulvany…

A propósito del fenómeno Trump/Trumpismo, relataré una experiencia personal en la Facultad de Ciencias Políticas de Madrid: frente a la defensa que Jorge Verstrynge hizo del populismo de Podemos y del Frente Nacional francés, yo postulé un populismo alternativo, positivo, del Tea Party y del Trumpismo (en una entrevista para La Razón, en Marzo de 2016, aventuré que era muy posible un triunfo de Trump). También valoraron positivamente la candidatura de Trump en los medios españoles -merecen ser nombrados-, apenas “cuatro gatos”: Carlos Esteban, Antonio Camuñas, Rafael Bardají… y pocos más, principalmente en el Grupo Intereconomía y en Vox.

Precisamente Vox es hoy el objetivo de la propaganda insultante, “cordones sanitarios” y Fake News -como lo viene siendo el Trumpismo-, por parte de “progres” y “liberales” del PP, Ciudadanos y desechos socialistas europeos como Manuel Valls. Quizás haya que habilitar también en España, como proponía humorísticamente Rob Long en Estados Unidos para los anti-Trumpistas (National Review, October 29, 2018), servicios y terapias especiales en las clínicas mentales para tratar los síndromes de “ansiedad progre y desórdenes relacionados”, como NeverTrump, para nuestro castizo club NuncaVox.

Siempre habrá idiotas políticos, incluso académicos, como el novelista Arturo Pérez-Reverte que con su peculiar concepto de la democracia afirmaba en la COPE: “Es triste que Vox crezca, pero lo que es más triste es que le den herramientas, armas, argumentos para crecer. Es terrible, eso es terrible.” (cit. por ABC, 11 de Diciembre de 2018). A mí me parece triste y terrible que a un personajillo así (que para el colmo va de republicano y no católico) le den herramientas la Real Academia, la COPE y el ABC.

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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