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El canto de la calandria

Pedro Sánchez Pérez-Castejón y Joaquín Torra Pla paseando por los jardines del Palacio de La Moncloa. (Foto -frag- Crónica Global)
Pedro Sánchez Pérez-Castejón y Joaquín Torra Pla paseando por los jardines del Palacio de La Moncloa. (Foto -frag- Crónica Global)

10 JULIO 2018

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(...) Que el poder es el poder y, si no, que se lo digan a esos bastantes miles de recién posesionados, para los que su acta bien valdrá un armonioso canto de calandria a su debido tiempo...

Tiene nuestro flamante presidente del Gobierno Pedro Sánchez Pérez-Castejón –que lo es por la legitimidad de unos resultados electorales ejecutados a posteriori a pesar del cuestionamiento de sus oponentes con monumental cabreo incluido– virtudes desconocidas para el seguidor de la actualidad política española de los últimos años y que afloran cada día.

Del inicial sopapo de los suyos que aparentemente le convenció y permitió que el hoy expresidente Rajoy gobernara en precario una temporada, a su exaltación reciente a la Presidencia del Gobierno de España, no es el apoyo de los restos en el Congreso de los Diputados el hacedor de la misma sino su personal decisión de jugar la carta formal de la sorprendente e irrefutable moción de censura. La “moción” por antonomasia.

Esos restos, que durante dos años hicieron del derribo de Rajoy cuestión vital, al unísono con los predicadores del otro lado, si bien estos no por razones políticas sino espurias, siempre han estado –lógicamente– disponibles y, ahora, orgásmicamente satisfechos. Y con razón.

Los primeros pasos del nuevo presidente los marcaron el marketing y el ‘coaching’, afincados ya en otros partidos, que exigen el manejo adecuado de las manos como complemento de ideas y actitudes. Fíjense ustedes en que, desde no hace tanto, hasta los presentadores/as de televisión acompañan las noticias lanzando las manos –unas veces la izquierda, otras la derecha, cuando no ambas–, en direcciones y sentidos más propios del control de un cruce conflictivo que del relato de la previsión del tiempo o de las astracanadas de género propias de nuestros días.

Corto camino, pues, el de las manos del señor Sánchez, que denota su impericia en estas lides, lejos su dominio de los estilos del señor Rivera Díaz, don Alberto Carlos, y de sus clones; de la señora Levy Soler, doña Andrea, y de los suyos; o el de tantos otros recién llegados pero ya aprendidos…

De la exhibición de manos –al señor Sánchez no le satisfizo el invento habida cuenta del jolgorio generado en las redes sociales– derivó al canto de la calandria, mucho más armonioso y adaptativo, que ya saben ustedes, y si no yo se lo cuento, que esta ave adecúa su cantar a las circunstancias simulando el de otras y así, en armonía, poder pasar de “hablar en catalán en la intimidad” a cantar desde su nido en lengua vernácula independentista y se acabó lo que se daba, o se esperaba, que el diálogo en trino luce y embelesa más.

Pero claro, todo pasa en esta vida y sin tardar veremos –así lo creo desde mi corto juicio– adaptar de nuevo el canto y fustigar a los malos con un renovado 155, chulapón y lenguaraz, cuando de votar en “las españas” se trate. Porque será la conquista de esos milloncillos de votos la que consolidará al señor Sánchez en La Moncloa hasta que el Señor, en su infinita sabiduría, decida.

Que el poder es el poder y, si no, que se lo digan a esos bastantes miles de recién posesionados, para los que su acta bien valdrá un armonioso canto de calandria a su debido tiempo.
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