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Primarias vs. Partitocracia

Candidatos a presidir el PP. (Foto: RTVE).
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Candidatos a presidir el PP. (Foto: RTVE).

LA CRÍTICA, 6 JULIO 2018

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El bochornoso espectáculo de las “primarias” en España, primero en el PSOE y ahora en el PP, los dos partidos fundamentales del Establishment de la Transición, nos confirman lo que he venido señalando reiteradamente...

El bochornoso espectáculo de las “primarias” en España, primero en el PSOE y ahora en el PP, los dos partidos fundamentales del Establishment de la Transición, nos confirman lo que he venido señalando reiteradamente: la consolidación pendiente de nuestro sistema democrático por la ausencia de una cultura política democrática y liberal, o dicho en otros términos, la democracia –hasta ahora- imperfecta, por no decir fallida, que nos ha llevado a la crisis política e institucional presente: corrupción generalizada de los partidos, secesionismos periféricos, partidos/movimientos anti-sistema, déficit de legalidad y sobre todo de legitimidad.

La defensa efectiva de la Constitución y del Imperio de la Ley ha quedado limitada y reducida al Rey como Jefe del Estado y a un sector del Poder Judicial.

Sabemos que la partitocracia es consustancial a los partidos de izquierdas, que en su forma extrema y brutal históricamente definió al Totalitarismo marxista-leninista: el Partido se impone y desplaza al Estado, modelo de los partidos comunistas que inspiraron también al Fascismo y al Nazismo, en distinto grado. La expresión de este hecho quedó reflejado en el comentario cínico de Lenin en 1918 a propósito del polémico Tratado de Brest-Litovsk con Alemania: el Estado Soviético lo ratificaba, pero el Partido Comunista no quedaba vinculado al mismo y podía romperlo cuando conviniera. Siguiendo la lógica de Lev Trotsky y de Max Eastman, la “dictadura del proletariado” era sustituida por la dictadura del partido y del secretariado, y en última instancia por la dictadura del líder (que desde Stalin será el secretario general).

La figura y el poder del Secretario General del Partido será asumida en los esquemas organizativos de los partidos comunistas, socialistas, y en general de todos los partidos de izquierdas, incluidos los de estilo populista, a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI.

Aunque los partidos de derechas han sido inmunes a este problema relacionado con la Secretaría General, en otros aspectos han claudicado y caído también en la partitocracia (corolario de la Ley de Hierro de la Oligarquía según R. Michels), que en todos los casos conduce a la falta de democracia interna y a la corrupción, entre otros motivos por la necesidad de la financiación de los propios partidos.

Desde finales del siglo XIX disponemos de una teoría consistente y plausible sobre la partitocracia, con autores ilustres como M. Ostrogorski, R. Michels, M. Duverger… o los españoles J. Costa y G. Fernández de la Mora (éste precisamente autor de una monografía, la primera, con el título La Partitocracia, IEP, Madrid, 1977).

Como es sabido, las elecciones primarias (incluso las llamadas “primeras primarias”, cuyo índice es la competencia entre los candidatos por la financiación de las primarias propiamente dichas), es un producto del sistema democrático en EEUU que se van afianzando desde principios del siglo XX, iniciándose en Minnesota y Wisconsin, y que han resultado un eficaz si no único antídoto contra la partitocracia.

Lo que muchos europeos ignoran es que las primarias genuinas que han proliferado en la cultura política norteamericana, en primer lugar son obligatorias por ley estatal, no por decisión de los partidos, en los Estados que las han adoptado, frente al sistema tradicional de los caucus(es); y en segundo lugar, tienden a ser “abiertas”, no solo a los militantes sino –lo que es más importante- a los electores.

El resultado ha sido un sistema electoral más plural y participativo de los electores, y una limitación progresiva de la importancia de los partidos, a favor de una bipolaridad basada en dos grandes coaliciones continentes de diversos partidos y corrientes internas. Por ejemplo, como hemos visto en las últimas elecciones presidenciales de 2016, la gran coalición del Partido Demócrata promovió en las primarias la candidatura del socialista Bernie Sanders, senador de Vermont, frente a la candidata del Establishment Hillary Clinton, senadora de New York.

En las elecciones primarias del Partido Demócrata para las próimas elecciones Midterm en Noviembre de 2018, el reciente 26 de Junio en un distrito electoral de New York, una joven latina (portorriqueña) casi desconocida, “organizadora comunitaria” siguiendo el precedente Obama, Alexandria Ocasio-Cortez, miembro del partido Democratic Socialists of America (Socialistas Democráticos de América: obsérvese, como siempre ha subrayado su líder Bernie Sanders, socialismo democrático, no mera social-democracia), ganó frente al incumbent congresista Joseph Crowley, veterano dirigente demócrata que se postulaba como futuro Speaker en al Congreso, avalado por el gobernador Cuomo, el alcalde Blasio, los senadores Schumer y Gillibrand, entre muchos otros altos cargos en el Estado y la Ciudad de New York.

El fenómeno Trump/Trumpismo, como he venido explicando en los últimos años, ha sido también producto de unas primarias en la que los candidatos del Establishmnt GOP fueron derrotados en el seno del propio Partido Republicano, un fenómeno de regeneración populista liberal-conservador (no izquierdista y anti-sistema, como muchos populismos europeos, españoles e hispanoamericanos), que lo ha transformado, como ya observaron hace tiempo Pat Buchanan y Newt Gingrich, en Partido de Trump.

La Constitución española, pese a que prohíbe expresamente el “mandato imperativo” de los representantes en el parlamento (Art. 67.2: “Los miembros de las Cortes Generales no están ligados por el mandato imperativo”), el sistema electoral que faculta a los dirigentes de los partidos elaborar listas únicas, cerradas y bloqueadas, de hecho ha quebrado la citada prohibición, permitiendo el “mandato imperativo partidista”, una marca indudable de la partitocracia.

La moda reciente de las primarias en el PSOE y ahora en el PP, organizadas muy imperfectamente y pese al defecto esencial de prescindir de la voz de los electores, muchísimo más importante y decisiva que la de los militantes (realmente insignificante numéricamente), pueden ser el principio de una larga y compleja labor de regeneración política frente a la partitocracia y la concomitante corrupción.

Escribo esto el 4-5 de Julio, desde la lejanía y celebración de la fiesta nacional de los EEUU. La Crítica publicaba ayer mismo oportunamente (4 de Julio, con la carta anexa de Pedro Villanueva) un importante editorial sobre la corrupción de Ciudadanos en la provincia de León (espero que los dirigentes nacionales Nart y Girauta recuerden las señales y advertencias que les hicimos algunos), que junto a las primeras informaciones sobre el caso Enredadera afectando al PP y al PSOE en la misma provincia, ilustran algunas de las consecuencias del cáncer político de la partitocracia.

En pocas horas conoceremos los resultados de este primer experimento de elecciones primarias en el PP, y no oculto que la única esperanza realista y plausible – como decía, larga y compleja- de regeneración política, en mi opinión pese a algunas reservas la representa la candidatura de Pablo Casado.

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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