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La Armada dentro de treinta años

El portaviones español LHD Juan Carlos I.
https://www.flickr.com/photos/30944919@N03/3076202469
El portaviones español LHD Juan Carlos I. https://www.flickr.com/photos/30944919@N03/3076202469

5 MARZO 2018

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Antes de intentar predecir los buques, aeronaves y tropas con que la Armada podrá tener en el periodo 2035-2050 será necesario bosquejar una aproximación a la situación estratégica previsible en ese tan lejano periodo. Todo hace pensar que la capacidad de proyección sobre tierra seguirá siendo –como lo es actualmente- la más valiosa aportación de la Armada a la estrategia conjunta. Pero esta proyección del poder naval la podemos contemplar en tres diferentes ámbitos: en el seno de la OTAN, formando parte de una hipotética Defensa europea o en la persecución de intereses propiamente nacionales. Es naturalmente una única fuerza actuando alternativamente en alguno de esos tres ámbitos.

Los buques anfibios son las plataformas básicas para proyectar tropas sobre objetivos litorales y apoyarlas con aviación aunque, eso sí, con una permanencia limitada por el apoyo logístico embarcado disponible. Previsiblemente lleguemos al año 2035 con el LHD “Juan Carlos I” y las dos LPD “Galicia” operativos. El inconveniente mayor de esta estructura de fuerza actual es que depende esencialmente del único LHD para el apoyo aéreo orgánico de la fuerza desembarcada. El contar con un solo buque –no disponible el 100% del tiempo- para una misión esencial, degrada esta aportación en los marcos OTAN y UE al hacer depender el apoyo aéreo de la aviación aportada por otras Marinas aliadas. Y esto en un teatro donde las misiones de apoyo aéreo cercano a las tropas (denominadas CAS) compiten con otras necesidades tales como el reconocimiento, protección de los buques, etc. Especialmente delicado seria el marco UE donde el apoyo aéreo a nuestra Infantería de Marina –caso de no contar con el “JC I”- dependería de los dos únicos portaviones existentes, el francés y el italiano. Adicionalmente, en operaciones OTAN, el apoyo aéreo podría venir de portaviones norteamericanos o británicos pero siempre sería más problemático que el suministrado orgánicamente. Nuestras tropas tendrían más riesgos. Si la capacidad de proyección se utiliza en defensa de unos intereses puramente nacionales y el LHD no está disponible, el radio de acción y los escenarios previsibles se reducen drásticamente por el alcance del apoyo de la Aviación española basada en territorio nacional y sus asociados tiempos de respuesta.

Si la tendencia de las recientes administraciones norteamericanas se mantiene vamos indefectiblemente hacia un mundo multipolar donde existirá una alta conveniencia de que la UE alcance el mayor grado de autonomía factible. Aunque esto se consiga, el marco OTAN continuara siendo necesario en escenarios de estabilidad en el Este de Europa y en otros teatros lejanos que contribuyeran a la gobernanza mundial. La actuación militar de la UE autónoma será más previsible en escenarios africanos y más concretamente sobre el Sahel complementado las medidas de apoyo económico y cultural necesarias para evitar la desestabilización demográfica de esta zona esencial para los europeos. Por ultimo si los españoles tuviéramos que actuar operativamente solos -por las limitaciones futuras de las alianzas a las que pertenecemos, lo que no están bajo nuestro control- se estima que sería en escenarios atlánticos tal como preconiza la reciente Estrategia Nacional de Seguridad, pero no muy alejados o con una entidad moderada de riesgo.

Por todo lo anterior se considera imprescindible la construcción de un segundo “JC I” y la sustitución de su aviación embarcada actual –los Harrier AV-8B- por los F-35B al haber alcanzado los primeros el límite de su vida operativa al comienzo del periodo considerado. El impacto económico de la adquisición de los F-35B, y lo que incluso tiene mayor alcance que es el importe del sostenimiento durante toda su vida operativa, quedaría muy amortiguado si el Ejercito del Aire sustituyera sus actuales F-18A por la versión F-35A que tiene muchos elementos comunes con el modelo B de despegue corto y toma vertical. Este F-35A está siendo adquirido por varias fuerzas aéreas europeas y en nuestro caso supondría mantener la tradición estratégica de nuestro Ejército del Aire de dotar su inventario de cazabombarderos tanto con material norteamericano como europeo, de una manera equilibrada.

Otro elemento esencial de la capacidad de proyección que habrá que sustituir antes del año 2035 serán los helicópteros embarcados. Especialmente los once SH-3D que ya han superado con creces lo que se esperaba de ellos. Los helicópteros son esenciales en los movimientos de tropas desde los buques a las zonas litorales especialmente en los momentos iniciales del desembarco en que los buques anfibios están más expuestos. La versión naval del NH-90 es en estos momentos el sustituto previsto.

El haber mencionado hasta el momento solo la capacidad de proyección de la Armada a mantener y mejorar en el periodo 2035-2050 no significa que la protección de las fragatas o la seguridad que se obtiene del despliegue de los submarinos no sean necesarias también en todos estos escenarios. Es simplemente que se da por supuesto que este gobierno -y los que le sustituyan- van a apoyar tanto la inminente orden de ejecución de cinco F-110 como la ya en vía de ejecución de los S-80A. Lógicamente en el 2035 las otras cinco F-100 estarán todavía operativas aunque para esa fecha su sustitución debería estar ya planeada. La predicción de que alcancen una vida tan prolongada se basa en que el sistema Aegis –el corazón de combate del buque- es esencialmente actualizable al ser reprogramable informáticamente. Pero probablemente las cuatro primeras F-100 deban ser llevadas a la configuración de la F-105 si no queremos perder para su sostenimiento el apoyo técnico de la Marina norteamericana.

En cuanto a la Seguridad Marítima, más BAM –patrulleros de altura para esos escenarios de menor intensidad- serán necesarios para sustituir a las cuatro más que veteranas Corbetas que reconvertimos hace ya tiempo para estas misiones.

Mucho queda por decir: armamento y vehículos para la Infantería de Marina, buques de aprovisionamiento y especiales, misiles y torpedos, unidades aéreas sin piloto embarcadas, protección contra minas, etc. pero las dimensiones de este artículo no permiten cubrirlas. Pero no quisiera finalizar estas líneas dejándoles la impresión de que se ha escrito una carta a los Reyes Magos. Si este gobierno -y los que le sustituyan- cumplen las promesas hechas a la OTAN y a la UE (en el seno de la PESCO) de invertir el 2% del PIB en Defensa antes del 2025, se estima financiable todo lo señalado. Naturalmente manteniendo el % de presupuesto asignado a la Armada y mejorando solo ligeramente los niveles de Personal (Capitulo 1) y actividad operativa actual.

Siento mucho –previsiblemente- no poder ser testigo del cumplimiento de estas predicciones que han sido formuladas con total sinceridad.

Ángel Tafalla

Almirante ( r )
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