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Los Candidatos Manchurianos

Los Candidatos Manchurianos
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La Crítica, 9 Agosto 2017

Por Manuel Pastor Martínez
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“Don´t let them immanentize the escathon”

William F. Buckley Jr.

¿Han abandonado las izquierdas la fe religiosa y los valores occidentales? Es una cuestión de actualidad que, al menos en los Estados Unidos de América, se ha replanteado con intensidad tras el magnífico –aunque polémico para algunos– discurso del presidente Trump en Varsovia el pasado 6 de Julio. Peggy Noonan, por ejemplo, lo comparaba con otro discurso en 1979 del Papa Juan Pablo II en el que afirmaba: “La exclusión de Cristo de la historia del Hombre es un acto contra el Hombre”. Y Trump afirmaría: “Occidente no es solo una entidad política sino cultural por la que merece luchar. Es algo real, tiene enemigos reales y radicales, y debe ser preservada.” (“A Pope and a President in Poland”, The Wall Street Journal, New York, July 8-9, 2017). Respecto a la izquierda americana al menos, con evidencia consolidada, podemos decir que ha asumido lo que irónicamente llamaríamos los “valores manchurianos”.

Desde las elecciones presidenciales del año 2000 los candidatos demócratas Al Gore, Barack Obama y Hillary Clinton, bromas aparte, han presentado ese perfil. Aplicando a esos candidatos el concepto que el crítico literario Leo Braudy usó para describir el estilo de la famosa novela thriller de Richard Condon, The Manchurian Candidate (1959), asimismo destacado por el historiador David W. McCullough, comprobamos lo apropiado de la expresión: “surrealismo paranoide” (Cit. por D. W. McCullough, prólogo a la reedición de The Manchurian Candidate, Mysterious Book Club, New York, 1988, p. xi). Por cierto, noción no muy alejada de lo que nuestro genial Salvador Dalí llamaba el método surrealista “paranoico crítico”.

Aceptemos el concepto genérico de “Candidato Manchuriano” referido a cualquier candidato apoyado, mediante variados métodos de “collusion” e impostura (por ejemplo, según el acrónimo para la inteligencia/contra-inteligencia MICE: Money, Ideology, Compromise, Ego…), por una potencia enemiga, formal o informal (Rusia, China, Corea del Norte, Cuba, Irán… el terrorismo de cualquier signo, el jihadismo y el islamismo radical, etc.) contra la cultura política de los Estados Unidos y de Occidente.

Creo que fui el primero, al menos en España, en calificar a Al Gore Jr. como posible “Manchurian Candidate”, siguiendo las informaciones inquietantes de Edward Jay Epstein y otros investigadores sobre los estrechos y prolongados vínculos (desde 1950) de la familia del senador Albert Gore Sr. con el agente de influencia soviético –desde la Cheka hasta la KGB– Armand Hammer (véase: M. Pastor y A. Golmar en La Razón y Libertad Digital, 4 de Noviembre, 2007; E. J. Epstein, Dossier. The Secret History of Armand Hammer, Random House, New York, 1996). Respecto a Barack Obama, aparte de varios artículos míos, debo recordar que se publicó una biografía crítica suya precisamente con ese título: Aaron Klein & Brenda J. Elliot, The Manchurian President: Barack Obama´s Ties to Communists, Socialists and Other Anti-American Extremists, WND Books, New York, 2010).

El clima paranoico que han creado el equipo de Hillary Clinton y el partido Demócrata, con la colaboración de los progresistas en las élites burocráticas, intelectuales y mediáticas (el Deep State, el Establishment, los RINO –Republicans In Name Only– y la mayoría de los medios de comunicación) contra el presidente Trump y su presunta “collusion” con Rusia para influir en las elecciones de 2016, probablemente es la mayor “fabrication” imaginable para desinformar y distraer sobre las documentadas relaciones reales del clan Clinton con China (desde los años de la presidencia de Bill Clinton, en particular el escándalo Chinagate de la campaña presidencial de 1996) hasta las recientes con los países árabes, los Hermanos Musulmanes, y con la misma Rusia.

Si algún día el Congreso, el Departamento de Justicia, los jueces o un fiscal especial se deciden a investigar las andanzas de Ms. Clinton como Secretaria de Estado durante la presidencia de Obama, con los resultados altamente beneficiosos para la Fundación Clinton de tratos con regímenes islámicos y los Hermanos Musulmanes (a través de las conexiones familiares de su secretaria y consejera Huma Abedin), o directamente con Vladimir Putin en el especial trato Uranium One mediante el cual se proporcionaba a Rusia el 20 por ciento de la producción de uranio estadounidense, con el consiguiente flujo de donaciones a la mencionada Fundación Clinton, asimismo acompañado de un incremento sustancial de los emolumentos para el ex presidente Bill Clinton por sus charlas o discursos en aquel país, etc. Entonces descubriremos pruebas materiales de “collusion” y sospecharemos razonablemente que Ms. Clinton puede haber sido la última y auténtica candidata “manchuriana”.

El libro de David Horowitz y Richard Poe (The Shadow Party: How George Soros, Hillary Clinton, and the Sixtis Radicals Seized Control of the Democratic Party, Nelson, Nashville TN, 2006) ya reveló hace una década la gran impostura del partido Demócrata bajo el control de George Soros y Hillary Clinton. El más reciente de Dinesh D´Souza (Hillary´s America. The Secret History of the Democratic Party, Regnery, Washington DC, 2016) proporciona mucha más información actualizada y una cierta perspectiva histórica poco conocida por el gran público, no solo en Europa sino también en los Estados Unidos.

Sobre Soros y compañía (los “Sorosoids”) seguiremos investigando y escribiendo mientras continúen su vampirización del partido Demócrata, y sus intentos de minar a las sociedades abiertas o condicionar la transición de los países del Este de Europa tras el hundimiento de la Unión Soviética (véase, por ejemplo, Jay Nordlinger, “Homage to Macedonia”, National Review, June 1, 2015).

Respecto a los Estados Unidos, el problema más urgente es frenar al Deep State y neutralizar la epidemia de filtraciones que tratan de debilitar la presidencia de Donald Trump. El problema más grave por su complejidad y trascendencia es la politización de la inteligencia y contra-inteligencia (factor I-C-I), que comenzó con la administración Obama y la destitución del general Michael T. Flynn como director de la DIA (Agencia de Inteligencia de la Defensa) y ha continuado hasta su dimisión reciente como consejero de Seguridad Nacional de Trump, se sospecha que víctima de las maquinaciones de los responsables de la mencionada politización obamita: James Clapper, John Brennan, Susan Rice, Samantha Powers, etc., y, sí, también el ex director del FBI James Comey (véase Bryan Crabtree, “Obama´s Political Weapon gainst Trump”, Townhall, July 10, 2017; y Andrew C. McCarthy, “Collusion Confusion”, National Review, August 14, 2017).

Los candidatos manchurianos no solo son culpables de debilidad ante las presiones de potencias extranjeras, en muchos casos para recibir donaciones millonarias ilegales a sus campañas electorales, sino que suponen un riesgo real contra la cultura política de la democracia y las libertades, con sus valores religiosos y familiares tradicionales, en los Estados Unidos. William F. Buckley Jr., destilando la filosofía política de Eric Voegelin, acuñó la expresión –enigmática para algunos- “Don´t let them immanentize the escathon”, que metafóricamente y con una gota de humor quería decir: no permitáis a las izquierdas radicales que nos prometan el cielo en la tierra.

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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