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Ricardo Gullón, novelista

Ricardo Gullón y Manuel Pastor, Madrid 1988 (Foto: Ann M. Brown)
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Ricardo Gullón y Manuel Pastor, Madrid 1988 (Foto: Ann M. Brown)

La Crítica, 12 Julio 2017

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(con la colaboración de Manuel Pastor)

En relación con el próximo congreso Ricardo Gullón, crítico literario, "(...) estoy de acuerdo con mi amigo el profesor Javier Huerta Calvo en corregir por inexacto e injusto el anuncio de que es la primera vez que se rinde homenaje a Gullón en Astorga..."

Leo en la prensa astorgana que en la segunda quincena del próximo Agosto tendrá lugar en la vieja ciudad natal de don Ricardo un congreso sobre su obra bajo el título Ricardo Gullón, crítico literario, lo que no puede ser más que motivo de celebración, y por ello felicito a los responsables de la iniciativa.

No obstante, estoy de acuerdo con mi amigo el profesor Javier Huerta Calvo en corregir por inexacto e injusto el anuncio de que es la primera vez que se rinde homenaje a Gullón en Astorga (J. Huerta Calvo, “Ricardo Gullón: El olvido está lleno de memoria”, Astorga Redacción, 23/05/2017), y soy testigo de ello porque participé en el ya famoso simposio sobre La Escuela de Astorga, celebrado en Astorga los días 29 y 30 de Abril de 1993, con una ponencia titulada precisamente “Ortega y la teoría de la novela en Ricardo Gullón”. Aparte de algunas aportaciones dedicadas al grupo astorgano en general (las de Luis Alonso Luengo, Lorenzo López Sancho, Valentín García Yebra, Antonio Pereira, José Antonio Carro Celada, Augusto Quintana Prieto y Manuel Ballesteros Alonso), otras ponencias se dedicaron específicamente a Ricardo Gullón: las de Javier Blasco, Juan Pedro Aparicio, Darío Villanueva, Epícteto Díaz, José Ramón González, y la mía antes mencionada (véase J. Huerta Calvo, coordinador de la edición, La Escuela de Astorga. Luis Alonso Luengo, Ricardo Gullón, Leopoldo Panero, Juan Panero, Ayuntamiento de Astorga-Diputación Provincial de León, Astorga, 1993).

Hubo otro congreso o seminario internacional sobre Gullón en 2008 que tuvo sesiones en Madrid y Astorga (Universidad Complutense, Casa de León en Madrid, Ayuntamiento astorgano), en el que no participé pero contribuí modestamente con un artículo en el librito colectivo publicado posteriormente sobre el mismo: J. Huerta Calvo, ed., Ricardo Gullón: Crítica Literaria y Modernidad (Ediciones del Orto, Madrid, 2010).

El título del próximo congreso en Agosto es Ricardo Gullón, crítico literario, lo cual es congruente con la actividad intelectual principal desarrollada por el ilustre astorgano, pero me gustaría recordar que su vasta obra no se limitó a la crítica literaria. Como ensayista abarcó un campo amplísimo dentro del ámbito de las artes plásticas, el cine, etc., asimismo explorando la política y el pensamiento, como traté de resaltar en mi artículo “Notas sobre Ricardo Gullón como crítico de la cultura, la sociedad y la política” (Debate Abierto, 9, Madrid, Primavera de 1993). Además, y el objeto de estas notas es recordar una faceta suya menos conocida por el gran público, experimentó con la ficción, es decir, no solo fue un teórico de la novela de prestigio internacional, sino que también, modesta y brevemente, fue un novelista en ciernes.

En 1933 funda en Madrid con Ildefonso-Manuel Gil la revista Literatura, en la que desde el primer número, aparte de notas de crítica literaria, publicará breves relatos o fragmentos de novelas, como “Fin de semana” (Literatura, 1, 1933), y “Dámaso y los espejos” (Literatura, 3, 1934). Separadamente publicará dos novelas cortas: Fin de semana (Madrid, 1934; segunda edición Diputación Provincial, León, 1992) y El destello (Madrid, 1948; segunda edición Universidad d Cantabria, Santander, 2003).

Aunque el propio Gullón en sus últimos años reconoció que “siempre he tenido la convicción de que jamás llegaría a escribir grandes novelas”, algunos críticos literarios como José María Merino, Epícteto Díaz y José Ramón González han mantenido que especialmente Fin de semana mostraba lo contrario.

Novela “deshumanizada” en el sentido orteguiano, “vanguardista” alejada de la narrativa realista, perfecta expresión de “un arte hermético e intrascendente”, apuntando a lo que posteriormente se llamará “novela lírica”, son algunas de las explicaciones que ha merecido.

Como sostuve en mi ponencia de 1993, Fin de semana pertenece al tipo de subgénero que proponía Ortega en su ensayo La deshumanización del arte. La acción y el diálogo están reducidos al mínimo y el tiempo está limitado aproximadamente a veintisiete horas. El estilo poético, en el que abundan los símbolos y las metáforas, refleja la escritura intelectualizada y deshumanizada proclamada por Ortega. El lector de Fin de semana asume un trabajo difícil: distinguir entre el pasado y el presente; los sueños, la imaginación y la conciencia; el mundo exterior y el mundo interior del protagonista. Es un ser agónico, patético, en una sociedad burocratizada y deshumanizada. La estructura, el ritmo y el espacio están cuidadosamente trabajados con el fin de reflejar el puro vivir y estar del personaje. Hay páginas en las que, a través del monólogo interior, el tiempo parece inexistente: los pensamientos del personaje siguen encadenados, uno tras otro, ininterrumpidamente. Fin de semana pone en práctica todas las teorías novelescas que Ortega había formulado nueve años antes: primero, “es la metáfora el más radical instrumento de deshumanización” y segundo, “…consiste en un simple cambio de la perspectiva habitual (…) Para satisfacer el ansia de deshumanizar no es, pues, forzoso alterar las formas primarias de las cosas. Basta con invertir la jerarquía y hacer un arte donde aparezcan en primer plano, destacados con aire monumental, los mínimos sucesos de la vida” (J. Ortega y Gasset, Obras Completas, tomo III, Alianza Ed., Madrid, 1983, p. 374). Es evidente que la palabra deshumanización, aplicada a esta novela, debe restringirse a la forma: al cambio de perspectivas, al ritmo lento y al lenguaje poético. En Fin de semana Gullón nos hace ver lo más común desde una perspectiva distinta: el mundo de una oficina, el viaje en un tranvía o el ambiente en un restaurante.

En el año 1945 Gullón publica un libro titulado Novelistas ingleses contemporáneos en el que refleja una actitud muy diferente con respecto a la intelectualización de la novela. Hace una crítica de Joyce, y sobre su extremada intelectualización dice textualmente: “Esa complejidad de influencias y matices resulta excesiva para el lector medio…etc. (…) El intelectualismo más hiriente constituye el cimiento de tal obra (Ulises)… etc.”

Este cambio hacia la claridad expresiva aleja a Gullón y a sus contemporáneos de las teorías de Ortega en al menos este aspecto importante. Incluso años después Gullón hará una crítica sobre la obra de Benjamín Jarnés; porque para el crítico astorgano tanta preocupación con la técnica, típica de aquella época, limitó demasiado las posibilidades de escritores con talento como el propio Jarnés.

En el año 1948 Gullón publicará su segunda y última novela, El destello, en la que elige una forma menos complicada, con trama, incluyendo más acción y suspense. Con esta novela se observa ya ese distanciamiento: de la extremada intelectualización pasa a una claridad expresiva mayor. Ambas novelas del autor se corresponden, por tanto, con la trayectoria de sus propios planteamientos teóricos como crítico literario de la novela.

No es mi intención plantear aquí -mucho menos desarrollar- una tesis o hipótesis, sino sugerir a los jóvenes investigadores la conveniencia de profundizar en este capítulo de la biografía intelectual de Ricardo Gullón como novelista, y su relación o paralelismo, como crítico literario, con el análisis de la estructura a veces antinómica texto/contexto.
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