El silencio de Newton y el velo del cosmos
Corría el año 1713 cuando Sir Isaac Newton, el titán de la revolución científica, tomó la pluma para la segunda edición de su obra maestra, Principia Mathematica. A pesar de haber calculado con precisión matemática el movimiento de los planetas y la caída de la manzana, Newton se enfrentaba a una crítica: había descrito cómo funcionaba la gravedad, pero no tenía idea de qué era realmente o por qué extendía sus hilos invisibles a través del vacío. Inmortalizó una frase que resonaría durante siglos: «Hypotheses non fingo» — No invento hipótesis. Newton se negó a adivinar la causa oculta de la gravedad, dejando la puerta abierta para que las generaciones futuras resolvieran el misterio fundamental. (...)