Para supervivir en el campo de batalla transparente —una «zona de muerte» que atrapa al combatiente en el abismo del miedo y la impotencia— se precisan soldados sacrificados y capaces de emplear la tecnología más avanzada, bien soterrados durante largos períodos de tiempo o en arriesgadas operaciones ofensivas. La sensibilidad mostrada por China, Rusia, Irán y Corea del Norte para que sus efectivos adquieran las citadas destrezas contrasta con la pasividad de un Occidente lastrado por las inercias de los modelos tradicionales. (...)