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ESPAÑA, ¿UNA DEMOCRACIA FALLIDA? (2)

ESPAÑA, ¿UNA DEMOCRACIA FALLIDA? (2)
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Miércoles, 29 Junio 2016

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... los líderes de todos los partidos, dados los resultados y la incompetencia que vienen demostrando desde Diciembre de 2015, deberían presentar ya, gradualmente, su dimisión. Y Mariano Rajoy no tendría que ser precisamente el primero. Algunos por bisoñez, arrogancia o histeria. Y otros, los más radicales -como ha apuntado Arcadi Espada- no porque den miedo sino por no tener sentido del ridículo. Yo añadiría: por cursis y macarras.

Tras las elecciones generales del 20 de Diciembre de 2015, en este mismo medio (La Crítica, 24 de Diciembre de 2015), escribí:

“Las elecciones del 20 de Diciembre de 2015 han sido una catarsis y un punto de inflexión. Hemos dinamitado el bipartidismo imperfecto. ¿Y ahora qué? Ya tenemos una fragmentación y un caos políticos que ponen patas arriba y tripas afuera el legado de la Transición. No se trata de iniciar una segunda o nueva Transición (como postuló en su día Aznar y hoy lo hacen los de Podemos), ni de intentar la “revolución pendiente”, sino de resolver algo más concreto y necesario: la CONSOLIDACIÓN PENDIENTE de nuestra pobre democracia, que requiere un riguroso Imperio de la Ley, una justicia independiente, y una cultura democrática, ni autoritaria ni partitocrática. Por supuesto, algunas reformas (a corto plazo, no necesariamente de la Constitución) son urgentes.”

Y más adelante me atreví a sugerir:

“Si España tuviera una cultura democrática consolidada, con experiencia de coaliciones como otros importantes países de nuestro entorno, las combinaciones serían múltiples. Si no somos capaces de aceptar una Gran Coalición, he aquí la fórmula que a mi juicio sería de sentido común, aunque soy consciente de que para este país parecerá excesivamente utópica: un pacto o gobierno de coalición de centro-derecha (PP + Ciudadanos + PNV + CC) con 170 diputados, y una oposición leal de centro-izquierda (PSOE) con 90 diputados. Incluso, superando prejuicios ideológicos poco modernos y disciplinas partitocráticas poco democráticas -como es frecuente en los Estados Unidos, y nadie se escandaliza por ello- 6 diputados de la oposición podrían prestarse, por patriotismo constitucional en aras a la estabilidad del sistema, a apoyar la investidura del gobierno de coalición descrito.

Porque repetir unas elecciones, no nos engañemos, es reconocer la disfuncionalidad o cierto fracaso de nuestra democracia, y al mismo tiempo significaría indignar o aburrir un poco más a los sufridos electores.”

Bueno, pues hubo que repetir las elecciones y nuestra clase política lo ha conseguido: los electores estamos más indignados y aburridos. Después del 26 de Junio, parece que la única fórmula razonable es idéntica a la que sugerí en Diciembre de 2015: un pacto de gobierno o coalición de centro-derecha (PP + Ciudadanos + PNV + CC) con 137 + 32 + 5 + 1= 175 diputados. Ahora solo faltaría un platanito canario más para la mayoría absoluta. La oposición leal la ejercería el PSOE con 85 diputados, evitando que tenga ese importante rol la extrema izquierda, anti-sistema, de Podemos y lo comunistas, que deben permanecer donde merecen estar: con representación testimonial parlamentaria, pero al margen de las instituciones ejecutivas.

Tentado a suprimir ya la interrogación del título de este artículo, lanzo algunos avisos dictados por el sentido común de la mayoría silenciosa:

  1. El sistema constitucional español no puede legitimar a las fuerzas anti-sistema –y eso mientras actúen pacíficamente- a participar en las negociaciones para constituir gobiernos constitucionales.
  2. La única alternativa razonable hoy es una coalición de centro-derecha liderada por el PP.
  3. El PP, para dar ejemplo a los demás, debe iniciar una reforma interna conducente a un partido más democrático, eliminando definitivamente la partitocracia (y su corolario, la corrupción).
  4. La tan mentada reforma del sistema electoral no puede llevar a más proporcionalidad, que significaría más fragmentación e inestabilidad, sino a un modelo mayoritario o de segundas vueltas.
  5. Pedro Sánchez, a mi juicio, ha sido el máximo responsable de la repetición de las elecciones, aparte de los desastrosos resultados históricos del PSOE. ¿A qué están esperando los militantes y los barones para jubilarle?
  6. Hasta que Albert Rivera decida qué quiere ser cuando sea mayor, votar a Ciudadanos es tirar el voto a la basura (que aprenda la lección del CDS, de UPyD, de Vox, etc.). En las democracias liberales avanzadas solo tienen sentido las corrientes internas y críticas dentro de los grandes partidos-coaliciones (de centro-derecha o de centro izquierda).
  7. Su Majestad el Rey debe arbitrar y moderar, actuando como Jefe del Estado y Defensor de la Constitución, no como el Gran Florero de La Zarzuela. Jamás-jamás debe proponer un candidato a la investidura que no acepte firmemente los principios constitucionales y rechace sin tibieza el politiqueo con los anti-sistema, sean separatistas o de ideologías totalitarias.
  8. El “Brexit”, que yo personalmente comprendo y justifico como reacción dolorosa pero saludable contra nuestros eurócratas y federalistas (contra García Margallo y los socialistas de todos los partidos, como diría Hayek), no tiene la culpa de los resultados del 26 de Junio.
  9. Durante un periodo prudencial, hasta que tengamos sociólogos más cualificados, en futuro inmediato no deberíamos fiarnos de las encuestas electorales (así se lo dije a mis estudiantes de Ciencia Política en la UCM y a todos mis amigos antes del 26-J).
  10. Finalmente, como viene sosteniendo Amando de Miguel, aunque solo sea un pensamiento desiderativo (que es como Julián Marías tradujo la expresión inglesa “wishful-thinking”), los líderes de todos los partidos, dados los resultados y la incompetencia que vienen demostrando desde Diciembre de 2015, deberían presentar ya, gradualmente, su dimisión. Y Mariano Rajoy no tendría que ser precisamente el primero. Algunos por bisoñez, arrogancia o histeria. Y otros, los más radicales -como ha apuntado Arcadi Espada- no porque den miedo sino por no tener sentido del ridículo. Yo añadiría: por cursis y macarras.

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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