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Las claves de la crisis de Ciudadanos (C's) en León (I)

Enrique Mendoza, Sadat Maraña y Enrique Bueno
Enrique Mendoza, Sadat Maraña y Enrique Bueno
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A pocas horas de que dé comienzo el plazo legal de presentación de candidaturas a las Cortes españolas (Congreso y Senado), Ciudadanos en León se encuentra en una situación complicada. Aquí algunas claves.

Sadat Maraña

Renuncia del candidato al Congreso elegido en primarias, tras el furibundo ataque del Diario de León, cuya causa, lejos de ser la aludida de falsedad en el curriculum del candidato, es evidente que esconde algo que no va a ser fácil sacar a la luz, dada la intrincada relación existente en León entre partidos políticos, empresarios y medios de comunicación. ¿Terminará aquí el acoso o quizá la pieza no es el candidato y sí el coordinador o el propio partido de Ciudadanos? Lo veremos los próximos días.

Sea como fuere, y tanto si la caza ha terminado como si no, el problema no hace sino agravarse como consecuencia del deterioro interno generado por este episodio, que viene a sumarse al existente desde hace ya casi un año. El férreo control de la estructura del partido por el actual coordinador y sus más próximos colaboradores, sumado a lo distante que queda Barcelona de la problemática provincial, no favorecen las aproximaciones y soluciones internas, que serían deseables.

Intromisión en la política municipal

Como un despropósito personal de Sadat Maraña –incluso respondiendo a consignas de orden nacional, que no sabemos– fue interpretado de forma generalizada el anuncio simultáneo en León y San Andrés del Rabanedo de no apoyar los presupuestos de ambos ayuntamientos antes de que estos hubieran sido hecho públicos, siquiera de puertas adentro. La tibia aceptación de este embite de Maraña por parte de algunos concejales de su partido afectados escondió una censura más profunda, que se suma al descontento de otros ayuntamientos como Villaquilambre, que vienen sufriendo un intervencionismo desmesurado del coordinador.

Enrique Bueno y Enrique Mendoza

Parece ser, o al menos es lo que apunta el Diario de León, medio que parece tener línea directa con el secretario de Organización de Ciudadanos, Francisco Hervías –cuestión también difícil de entender para el resto de los medios y militantes del partido–, que el nuevo candidato será Enrique Bueno, hombre de confianza del coordinador Maraña.

Aquí la cuestión se "enmaraña". Según nuestras informaciones Ciudadanos realizó unas primarias para elegir al número uno de la candidatura al Congreso. Se postularon (presentaron nos gusta más) dos personas en esas primarias: Sadat Maraña y el abogado y profesor universitario Enrique Mendoza, que lo hizo después de superar inconvenientes organizativos y en el último minuto. Ganó Maraña por sesenta y tantos votos frente a Mendoza que obtuvo treinta y tantos.

Por otro lado Ciudadanos realizó otras primarias para elegir los números del 2 al 5 de la lista al Congreso. Solo hubo una lista que encabezó Enrique Bueno. Y la pregunta del millón es: ¿Quién debe sustituir a Sadat Maraña como candidato número uno al Congreso? ¿Quien pugnó por ese puesto, Enrique Mendoza? ¿El número uno de la lista del dos al cinco, Enrique Bueno?

La primera sería una opción política e inteligente. La segunda, orgánica y de polémico futuro.

La opinión pública, o sea los votantes

Algo tiene que hacer Ciudadanos en León para invertir una opinión generalizada de organización de poca monta y de "camarillas", si quiere atraer el respeto y el voto de los leoneses más allá del tirón de su lider nacional, Albert Rivera, y de sus sonados éxitos en Cataluña.

El episodio del curriculum de Sadat Maraña es una minucia comparado con los que adornan a algunos candidatos de otros partidos en la provincia de León, que darán que hablar más de lo que ellos desearían.

Pero es suficiente el daño hecho a la imagen de Ciudadanos para que el propio coordinador se plantee dar la vuelta a todo este embrollo, en un acto de grandeza, dimitiendo de su cargo y devolviendo a su partido la bandera escondida de la regeneración. Y a la sociedad, porque los partidos políticos no son empresas privadas, aunque sean privadas las personas que los generan y potencian pero que, lejos de ser de su propiedad, son de la sociedad y deben estar al servicio de los ciudadanos que la integran. Y que los pagan con sus impuestos.

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