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LA ESPAÑA INCONTESTABLE

El épico Regimiento Alcántara

'Sables bizarros', de Augusto Ferrer-Dalmau. Lienzo donado por la Fundación del pintor a la Comandancia de Melilla en el homenaje al Regimiento Alcántara, en el centenario de su epopeya. (Foto: https://www.mundiario.com/).
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"Sables bizarros", de Augusto Ferrer-Dalmau. Lienzo donado por la Fundación del pintor a la Comandancia de Melilla en el homenaje al Regimiento Alcántara, en el centenario de su epopeya. (Foto: https://www.mundiario.com/).

LA CRÍTICA, 5 NOVIEMBRE 2022

Por Íñigo Castellano Barón
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La gloria sólo espera a los héroes

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¡Cuántas historias y relatos de carácter épico e incluso mítico se dan en la historia de los hombres! Podría escribirse enciclopedias que nunca terminarían de cantar epopeyas de valor, honor, gloria y solidaridad, demostrando con ello que el ser humano, pese a sus innumerables defectos y miserias, consigue en muchas ocasiones llegar a lo sublime, traspasar la frontera de lo meramente ordinario y remontarse a la altura donde solo el alma se hace protagonista al abandonar el cuerpo a su suerte, sin importarle su destino, tan sólo el cumplir una misión en la que cree con fe indestructible. (…)

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Es deber de los hombres reconocer y recordar a sus compatriotas que en su día supieron cumplir su misión llenando de orgullo nuestros espíritus, así como de aprender, en el recuerdo, a intentar emular determinados comportamientos que redundan en beneficio de uno mismo y de su nación. El sacrificio y el valor, puede que hoy no estén en alza, pero gracias a ellos podemos hablar de nuestro pasado sin abochornarnos, sino al contrario, como una buena lección de historia que nos impulsa a seguir adelante.

El escenario extra peninsular del siglo XX en el que España se movía era muy inestable. Nuestros territorios norteafricanos requirieron de muchos recursos y fe en las misiones encomendadas a nuestros ejércitos. Las posesiones coloniales eran una constante en las naciones de Occidente como el caso de España, una de las más antiguas que poseía de antaño territorios a los que dio su lengua y cultura como también su sangre. Por ello, aunque no siempre con vientos favorables, España no podía renunciar a aquellas colonias que hubieran sido una presa apreciada por otras naciones limítrofes.

La presencia de España en el norte de África proviene de los tiempos de Fernando III El Santo y de su hijo Alfonso X El Sabio que establecieron ciudades en el norte del Magreb con posiciones de vanguardia defensivas en el sur de la península ibérica. Ya en los siglos XIV y XV la entrada de los benimerines supuso un verdadero problema para España. En 1497, el III duque de Medina Sidonia desembarcó en Melilla, entonces casi desierta, con una fuerza de cuatro mil hombres, reconstruyendo las fortificaciones de la ciudad y rechazando un primer ataque musulmán. En abril del año siguiente, la Corona se hizo cargo del sostenimiento de Melilla, que quedó así incorporada a la Corona de Castilla. Al tiempo en 1668 España y Portugal firmaron el tratado de paz de Lisboa, poniendo fin a la Guerra de la Restauración. Se formó un protectorado español de parte del territorio marroquí. Entre otras disposiciones, quedó bajo soberanía española la plaza de Ceuta, portuguesa desde que el rey Juan I la había conquistado el 21 de agosto de 1415. La independencia de Marruecos teniendo a Mohamed V como rey de Marruecos, se reconoció en febrero de 1957.

La segunda guerra de Marruecos llamada del Rif, supuso la sublevación de las tribus de esta región montañosa del norte de Marruecos, contra las autoridades coloniales españolas y el Imperio colonial francés. Esto fue el antecedente de lo que sucedería en el futuro inmediato, teniendo a miles de soldados españoles defendiendo sus posiciones frente a las cabilas moras, y al Regimiento de Caballería Alcántara, protagonista hoy de nuestra historia.

Se decide establecer como base logística un nuevo centro de operaciones, decisión muy controvertida y justificada por alcanzar la posición clave de Alhucemas. Manuel Fernández Silvestre, comandante general de Melilla, decide atacar en condiciones que no aseguran el éxito las fuerzas de Abd el-Krim quien se sublevó siendo el mes de enero de 1921, y tomar el enclave marroquí de Annual, muy lejano de una aguada, posicionado entre Melilla y la bahía de Alhucemas, y controlado por tribus hostiles al avance español. Pese a extensos informes desfavorables de distintos organismos españoles competentes en el asunto y de militares de alta graduación, como también de las ventajas que la toma de Annual reportaría, el comandante Silvestre entra con tres mil militares en la hoya de Annual donde fortifica e instala su centro de operaciones. Los efectivos militares en Marruecos en ese tiempo contaban con casi veinte mil, mientras Francia para mantener su Protectorado contaba con 95 soldados. A Silvestre se le niega los recursos pedidos, pero pese a ello, su empeño sigue adelante.

Se inician una serie de combates con los rifeños que darían lugar al desastre definitivo. Pese a la derrota sufrida en el primer enfrentamiento, Silvestre persiste en sus objetivos y fortifica posiciones muy en vanguardia como Igueriben. Sin agua y soportando un continuo acoso de los rifeños la situación cada día es más desesperada y las ayudas que se pretenden hacer llegar no se logran. La heroicidad y valor extraordinario de los españoles es inimaginable y continuado. Finalmente lo evacuan 33 supervivientes de los trescientos que había en Igueriben. Por entonces Annual comenzaba a ser insostenible pese a que todas las fuerzas de la comandancia de Melilla estaban allí concentradas. Los abastecimientos cortados, escasa la munición y escasez extrema de aguada. La tropa queda a la espera de refuerzos, mientras sus adversarios aumentaban en número y agresividad. Silvestre finalmente decreta la retirada de la costa. El hostigamiento es brutal y apenas hay tiempo ni recursos para una retirada ordenada que se convierte en una fuga desesperada para los españoles. Los 700 jinetes del Regimiento de “Cazadores de Alcántara” nº 14 de Caballería, al mando del teniente coronel Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, intentan cubrir la retirada con acciones de flanqueo y recogida de heridos. Annual estaba rodeada de muchas pequeñas posiciones militares españolas desperdigadas en la árida geografía del Rif. El alto comisario Berenguer, tras recibir el telegrama de Silvestre, ordena al general Sanjurjo que concentre y embarque rápidamente todas las tropas disponibles de la Comandancia General de Ceuta para defender Melilla. Mientras tanto las distintas guarniciones van como pueden abandonando sus posiciones ante la mortífera avalancha que les acecha.

En la mañana del día 25 se inicia la evacuación hacia la playa de Sidi Dris, donde los buques Princesa de Asturias, Laya y Lauria esperan recoger a la tropa. Pero el comandante Velázquez y Gil de Arana ante tantas bajas sufridas por los primeros en salir, suspenden la evacuación y deciden resistir hasta la muerte. La posición es finalmente asaltada, muriendo casi toda su guarnición. Consiguen salvarse tan sólo dieciséis hombres. Entretanto la columna de Araujo, que había partido desde Kandussi para socorrer a Annual, se encuentra en Dar Quebdani con unos 1.000 hombres que llevaban dos días de asedio sin comer ni beber. Finalmente, pese a la negociación pactada con el jefe de la cabila son todos pasados por las armas. Estas dramáticas situaciones van en lo sucesivo repitiéndose y los efectivos españoles derrotados una vez tras otra por no tener los recursos necesarios. Muertes, mutilaciones, inanición, enfermedades, es el parte diario de las distintas posiciones cuyos defensores van cayendo por miles. Solo el valor era el activo que poseían para morir como héroes.

En julio de 1921 comienza la retirada que anuncia el general Silvestre. Entra en acción el Regimiento de “Cazadores de Alcántara” 14 de Caballería, última unidad del Ejército de Tierra español en recibir en 2012 la máxima recompensa, con la Cruz Laureada Colectiva de San Fernando por su extraordinario valor, despreciando cualquier tipo de seguridad y solo con la mente fija en facilitar el repliegue de sus compatriotas que van siendo masacrados en su retirada. Un regimiento reorganizado en 1718 por el rey Felipe V, dándole el nombre de Alcántara por primera vez y correspondiéndole el númeral 7, por ser esta la antigüedad que le concernía, bajo el lema: ¡Mientras la patria exista!

La desbandada es total. El General Navarro ordena a Primo de Rivera apoyar el abandono de algunas posiciones, llegándose a combatir con arma blanca. Los jinetes del Regimiento Alcántara llegan a Dar Drius, el general Navarro ordenó la evacuación de la posición hacia la de El Batel. Recibida la orden, el teniente coronel Primo de Rivera reunido con sus oficiales, les dijo: «La situación, como ustedes verán, es crítica. Ha llegado el momento de sacrificarse por la patria, cumpliendo la sagradísima misión de nuestra Arma. Que cada uno ocupe su puesto y cumpla con su deber».

Los caballos a galope tendido saltaban con sus jinetes sobre los cuerpos yacentes de sus compañeros. Sabían que serían exterminados, pero mientras tanto sus compañeros de armas podrían retirarse y salvarse. El Alcántara protegió los flancos y la retaguardia de la columna en retirada con constantes cargas sobre el enemigo. Cuando se dirigía hacia El Batel, la columna debió cruzar el río Igan, produciéndose un fuerte choque con las fuerzas rifeñas emboscadas allí. El general Navarro ordenó a Primo de Rivera que cargara con sus escuadrones sobre el flanco izquierdo, para conseguir que la columna vadease el río. Éste último, intuyendo lo que habría de pasar, arengó a sus jinetes con estas palabras: «¡Soldados! Ha llegado la hora del sacrificio. Que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas las mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos». Enardecido y con pistola en mano, el teniente coronel Fernando Primo de Rivera, escribe una de las más épicas historias de la Caballería Española.

Los jinetes del Alcántara cargaron hasta cuatro veces contra el enemigo atrincherado, mientras el resto de la columna conseguía atravesar el río. Ante el agotamiento de los caballos, se llegó a combatir, primero al paso y después pie a tierra. Los oficiales veterinarios y los jovencísimos educandos de banda se incorporaron cayendo junto a sus compañeros. Casi 700 hombres formaban el Regimiento al comenzar el día, pero tan solo el teniente coronel Primo de Rivera, dos comandantes, algunos oficiales y unos setenta de tropa sobrevivieron. Al finalizar la jornada, el Regimiento de Alcántara dejó de existir como Unidad. Días después falleció el teniente coronel Primo de Rivera a causa de la gangrena producida al amputarle un brazo tras ser alcanzado por un proyectil de cañón.

En enero de 1922 se inician las negociaciones del Gobierno español con Abd el-Krim para lograr el rescate de los prisioneros hechos tras la derrota de Annual. La liberación no se produciría hasta el año siguiente. España volvía a reescribir la oda de Bernardo López, una de cuyas estrofas dice:

Doquiera la mente mía sus alas rápidas lleva, allí un sepulcro se eleva contando tu valentía. Desde la cumbre bravía que el sol indio tornasola hasta el África que inmola sus hijos en torpe guerra, ¡no hay un puñado de tierra sin una tumba española!

Iñigo castellano Barón

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