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Lo que nos cuesta el Estado de las Autonomías

XXIV Conferencia de presidentes autonómicos (la última por el momento) en Salamanca el pasado verano. (Foto: EFE /  JUANJO MARTÍN / VÍDEO: POOL MONCLOA Y RTVE)
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XXIV Conferencia de presidentes autonómicos (la última por el momento) en Salamanca el pasado verano. (Foto: EFE / JUANJO MARTÍN / VÍDEO: POOL MONCLOA Y RTVE)

LA CRÍTICA, 18 DICIEMBRE 2021

Por Enrique D. Martínez Campos
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Desde que en 1978 se aprobó la Constitución, entre las sucesivas capas de la Administración del Estado que antes de esa fecha conocíamos, se intercaló la de las famosas y fantásticas Autonomías que acabarían al cabo de los años en lo que se han convertido hoy: (...)

... en 17 cantones autonómicos al frente de los cuales se sitúan sus respectivos virreyes, además de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Con 17 sanidades distintas, 17 educaciones diferentes, 17 interpretaciones judiciales de la Ley enfrentadas y 17 legislaciones contrapuestas en virtud de los intereses partitocráticos de cada cantón.

Al margen de las infinitas bondades que los políticos de la época, sesudos pensadores y la práctica totalidad de los medios “nos vendieron” para que los poco leídos y escribidos españoles compráramos mayoritariamente aquella podrida mercancía, esa nueva capa de la Administración, aquellas Autonomías iniciaron inmediatamente en los feudos dominados por los nacionalseparatistas de toda la vida sus políticas de secesión, de separación de España, que es para lo que los nacionalismos nacieron. Y en todas ellas, prácticamente sin excepción, empezaron a producirse hechos de corrupción que degeneraron en auténticos escándalos recogidos por los medios en estos últimos 43 años. Muchos de ellos siguen coleando todavía y aparecen sin cesar otros nuevos.

Todavía hay imbéciles, muchísimos, que nos hablan constantemente de que en esos años España ha avanzado política, económica y socialmente como jamás antes lo había hecho. Que nuestro desarrollo en ese tiempo ha sido el mejor de todos los tiempos. Pero no dicen el porqué. No aclaran lo que debieran explicar. Se callan lo más importante.

No dicen que España, tras su ingreso en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) en 1986, comenzó a recibir fondos de todo tipo para que nuestra Economía pudiera alcanzar el nivel medio de la Economía de la Comunidad. Cuando murió Franco en 1975, nuestra Economía como país desarrollado estaba al 82% de la economía de la media comunitaria. Con la famosa Transición (1976/1982), ese nivel descendió al 74%. Solo cuando ingresamos en la CEE y ésta inyectó fondos a la economía española, fue cuando al cabo de unos 20 años nuestra Economía se puso al nivel de la media comunitaria. Es decir, aquí llegó una especie de Plan Marshall para que nuestro país progresara económicamente y pudieran construirse infraestructuras, comunicaciones y mejoras de todo tipo.

Pero ese maná procedente de Bruselas trajo consigo también enormes problemas para el futuro de los españoles. Por ejemplo, la destrucción de nuestra industria pesada y media. A cambio se instalaron fábricas de automóviles con patentes de los países que los producían. En el campo, la agricultura y la ganadería extensivas fueron también moneda de cambio para ingresar en la CEE. Y hoy están como todos ustedes saben. Y así, nuestro medelo económico se centró básicamente en los servicios, en especial turismo, contrucción y hostelería. Descartando esencialmente la formación profesional dejándola en manos de verdaderos sinvergüenzas.

Por tanto, nuestro modelo productivo quedó expuesto a una situación peligrosísima en cuanto España dejara de ser nación receptora de fondos europeos –de los que muchos se aprovecharon para extender la corrupción-, para pasar a ser nación contribuyente de esos fondos. Fue en la época del presidente Aznar cuando se produjo ese cambio. Y para suplir la falta de fondos, dado el pozo sin fondo de nuestros gastos para mantener el Estado autonómico, el gobierno popular se dedicó a vender empresas públicas, parte de ellas estratégicas. Después, cuando se acabó ese mercado, comenzó el endeudamiento público, que hoy supera el 120 % del PIB.

Con estos mimbres, ¿sabe usted lo que les cuesta a los españoles el mantenimiento de nuestros flamantes Ayuntamientos con todo el personal que trabaja y colabora con ellos?

¿Sabe lo que les cuesta a los españoles las estructuras burocráticas de las Mancomunidades de Municipios?

¿Sabe lo que les cuesta a los españoles las Diputaciones Provinciales que no han desaparecido con la aparición de las Autonomías?

¿Sabe lo que les cuesta a los españoles las famosas, estupendas, carísimas y promotoras en muchas ocasiones de los tremendos escándalos de corrupción de las Autonomías, que han conseguido ya la mayor desestructuración de España rompiendo así su unidad política, económica y social?

¿Sabe usted lo que les cuesta a los españoles mantener el Gobierno de la todavía llamada España –sobre todo este multitudinario socialcomunista- con centenares de asesores en él y miles de ellos en todas estas capas de la Administración estatal?

¿Sabe lo que les cuesta a los españoles el mantenimiento económico de los eurodiputados de España colocados en los diferentes organismos de la UE, así como los destinados en la ONU y otros organismos internacionales?

Pues bien, estas son las principales capas de la Administración del Estado que los españoles estamos manteniendo con nuestros impuestos, así como la infinidad de absurdas pero famosas subvenciones a políticos, sindicatos, patronal, ONGs y organismos diversos derrochando dinero público (el nuestro) para los más insospechados fines.

Solo por lo que se refiere al gasto total del mantenimiento de los cantones autonómicos llamados Autonomías, diversos economistas han cifrado su coste en más de 100.000 millones de euros anuales. ¿Sabe usted lo que podría hacerse con ese dinero si se centrara en alcanzar objetivos concretos que beneficiaran realmente a los españoles? En sanidad, enseñanza, justicia, lucha contra la inmigración ilegal, apoyo a la natalidad, defensa, sector primario, etc.

Pues bien, aun con todos estos datos sobre la mesa, hay todavía millones de españoles contentísimos, orgullosísimos y felicísimos cuando, sacándoles de sus bolsillos dinero sin que no deseen o quieran darse cuenta de ello, están manteniendo este millonario tinglado cantonal de las Autonomías.

Sobre todo, aquellos que viven en territorios cantonales tocados por la varita mágica del nacionalseparatismo, de las prebendas medievales de los conciertos económicos, del secesionismo golpista, de los herederos de los asesinos de ETA, de los populistas rabiosamente izquierdistas, etc., arropados todos, naturalmente, por el PSOE de antes, de ahora y de mañana. Para aprovecharse de la estulticia del resto de los españoles y vivir mejor que todos ellos. Parece inexplicable, pero somos así de masoquistas. Te exprimen como a un limón, te brean a impuestos y encima gritamos ¡vivan las caenas!

Hace pocos días, a instancias de un virrey del Partido Popular, se reunieron siete u ocho de ellos de distintos cantones e ideologías. ¿Para qué? Para que los dineros que puedan llegar de Bruselas para paliar los desastrosos efectos causados por la peste china en la práctica totalidad de los sectores económicos, no se los lleven, en su mayor parte, los socios preferentísimos de este Gobierno, es decir, toda esa gentuza que lo que desea es la desaparición de España.

Y yo, ignorante de todo, poco leído y escribido, me pregunto: ¿por qué en esa reunión de virreyes cantonales no comenzaron con predicar con el ejemplo? Es decir, suprimiendo en sus feudos todo gasto público superfluo, todas las instituciones cantonales inútiles, duplicadas o triplicadas, chiringuitos, asesores y demás especies que les cuesta a los españoles un ojo de la cara y la mitad del otro.

Quizás con la moral y el ejemplo dado, podrían alzar la voz frente a lo que es cierto: que este Gobierno es el principal aliado de quienes desean la desaparición de la nación española. Y será a esos aliados a los que les llegará, con toda seguridad, el maná europeo en su mayor parte. Estoy convencido que ya lo han conseguido con la aprobación de los Presupuestos del Estado –que no se cumplirán porque parten de premisas falsas-, para que el señor Sánchez siga durmiendo en la Moncloa. Y callaremos, y tragaremos, y aguantaremos. Y seguiremos gritando, ¡vivan las caenas!

Si esto es lo que queremos, si esto es lo que soportamos incluso con alegría estúpida, pues viva el cantonalismo. Y sigamos pagando como corderitos para que toda esta gentuza se lleve a sus respectivos cortijos nuestra pasta.

Lo he dicho en más de una ocasión. España se ha convertido, especialmente gracias al PSOE, en un auténtico caos político, económico y social. España, dividida en este Estado cantonal, es un país políticamente ingobernable y económicamente insostenible.

Pero a pesar de todo, ¡vivan las caenas! Y usted, que parece ser feliz cuando le fríen a impuestos para que unos cuántos miles vivan a su costa, siga votando a esos cuántos. Y así, hasta que las costuras revienten por algún sitio y no sepamos ya ni coserlas a máquina.

Enrique D. Martínez Campos

Coronel de Infantería DEM (R) Presidente de la Asociación de Militares Escritores

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