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Los primeros y últimos del comunismo español

Yolanda Díaz y Alberto Garzón -vicepresidenta y ministro respectivamente del Gobierno de España-, miembros del Partido Comunista español. (Foto: https://www.vozpopuli.com).
Yolanda Díaz y Alberto Garzón -vicepresidenta y ministro respectivamente del Gobierno de España-, miembros del Partido Comunista español. (Foto: https://www.vozpopuli.com).

LA CRÍTICA, 3 NOVIEMBRE 2021

Por Manuel Pastor Martínez
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No sabemos con seguridad quiénes fueron los primeros, pero nos son muy conocidos los últimos. Éstos, para nuestra desgracia, están ahora todos los días en los titulares de los medios de comunicación.

Los primeros –salvo excepciones– siguen envueltos por las nubes de la clandestinidad y la conspiración política, aunque algunos historiadores se han esforzado en dar a conocer sus nombres y los principales dirigentes oficiales están perfectamente identificados. (...)

... León Trotsky en su autobiografía dedicó un capítulo a su paso por España en 1916, expulsado de Francia tras la conferencia de Zimmerwald (1915), en cuyo manifiesto esbozado por él estaban los gérmenes del futuro comunismo.

Trotsky escribe en Mi Vida (1929) que sus contactos clandestinos en Madrid eran un socialista francés y el socialista español Daniel Anguiano, ambos aparentemente internacionalistas, críticos del “socialpatriotismo” de sus partidos desde el estallido de la primera Guerra Mundial en 1914.

El socialista Daniel Anguiano (Haro, La Rioja, 1882 –Méjico DF, 1963) es por tanto, muy probablemente, el primero en relacionarse ya en 1916 con la conspiración y la génesis del comunismo español. Aunque continuó militando en el PSOE y la UGT, participando en la huelga general de 1917 (existe una foto suya de 1918 con Saborit, Largo Caballero y Besteiro en el penal de Cartagena), está documentado que en 1919-1920 Anguiano solicitó financiación a la recién constituida Comintern en Moscú para realizar actividades propagandistas “terceristas”.

Por las mismas fechas, finales de 1919 y principios de 1920, llega a España Mijail Borodin, agente especial de la Comintern nombrado por Lenin (que en un futuro sería el famoso hombre de Stalin en la revolución china). Venía desde Méjico acompañado del mejicano Manuel Gómez y con abundancia de medios económicos, para realizar contactos con individuos y grupos radicales en Sevilla, Barcelona y Madrid (Dan N. Jacobs, Borodin. The Stalin´s Man in China, Harvard University Press, Cambridge, MA, 1981).

Presumiblemente Borodin respondió a la demanda de Daniel Anguiano, pero es posible según Jacobs que también contactara con personajes violentos del “comunismo libertario” como el anarquista Valentín González El Campesino (1904-1983), con una trayectoria de varios asesinatos.

Asimismo pudo contactar con el pistolero de las Juventudes Socialistas en Vizcaya, posteriormente fundador de las Juventudes Comunistas, Jesús Hernández (1907-1971). Hernández había sido guardaespaldas del dirigente socialista Oscar Pérez Solís (1882-1951), otro de los que serán fundadores del comunismo español en 1921, que más adelante se convertiría al fascismo de la Falange Española. Como tal guardaespaldas Hernández había atentado, sin éxito, contra Indalecio Prieto, en una reyerta interna al estilo mafioso entre socialistas en Bilbao.

Curiosamente desde 1936 ambos, Prieto (PSOE) y Hernández (PCE), serían ministros en los mismos gobiernos del Frente Popular presididos por Largo Caballero y Negrín.

En un congreso ordinario del PSOE en 1920 Daniel Anguiano se había erigido en secretario general, representante de los “terceristas” (con 8.269 votos frente a 5.016 contrarios a la Tercera Internacional y 1.615 abstenciones). Ese mismo año asistió como delegado del PSOE (junto a Fernando de los Ríos) al segundo congreso de la Comintern en Moscú e informó a favor de la adhesión a la Tercera Internacional que provocó la definitiva escisión histórica del socialismo español en un congreso extraordinario (1921): 6.025 votos “terceristas” liderados por Anguiano frente a 8.808 contrarios a la Comintern, por recomendación de Fernando de los Ríos (José Bullejos, La Comintern en España, Impresiones Modernas, México DF, 1972).

Bullejos relata la confusa historia de escisiones y facciones (PCE, PCOE y otras procedentes de las Juventudes Socialistas y de la CNT) y asimismo la lista de nombres de los primeros comunistas españoles, liderados sucesivamente entre 1921-1924 por Daniel Anguiano, Oscar Pérez Solís, Antonio García Quejido, César Rodríguez González, y finalmente el propio José Bullejos. Etapa fundacional previa a la de consolidación durante la Segunda República con el liderazgo de Dolores Ibarruri La Pasionaria y José Díaz.

Tras la Guerra Civil y el Franquismo, durante la Transición democrática, sucesivos líderes del PCE intentaron una democratización del comunismo español –a mi juicio sin convencimiento ni éxito- siguiendo el modelo del PCI y de un utópico “Eurocomunismo”, hasta los primeros años del siglo XXI: Santiago Carrillo, Gerardo Iglesias, Julio Anguita, Francisco Frutos… Una nueva generación de dirigentes (Gaspar Llamazares, Felipe Alcaraz, Alberto Garzón, José Luis Centella, Enrique Santiago, y la increíble Yolanda Díaz), carentes de cultura política y experiencia en la democracia liberal, con un radicalismo ideológico extemporáneo, más propio de la etapa originaria de Anguiano y los fundadores, son los últimos referentes del comunismo español.

Paradójicamente ha sido en esta última etapa cuando el comunismo español ha podido alcanzar el poder ejecutivo en un sistema democrático fallido (claramente imperfecto, disfuncional y corrupto como el español), gracias a la degeneración del PSOE bajo el liderazgo de Pedro Sánchez, con el concurso de su socio Pablo Iglesias Turrión, líder del movimiento populista-comunista Podemos/Unidas Podemos. En la actualidad Enrique Santiago –secretario general del PCE desde 2018– es secretario de Estado para la Agenda 2030; Alberto Garzón es ministro de Consumo; Yolanda Díaz es ministra de Trabajo y vicepresidenta segunda del Gobierno.

La ministra-vicepresidenta Yolanda Díaz, a patadas con la gramática de su “matria”, se ha convertido en una especie de “autoridada” Barbie comunista, vistiendo modelos un poco cursis, empeñada en políticas contra los trabajadores españoles y contra las expectativas de las autoridades europeas, enfrentada asimismo a la Barbie oficial socialista, Nadia Calviño.

El ministro Garzón ha declarado la guerra a las chocolatinas, y el doblemente secretario Enrique Santiago no hace mucho se negaba a condenar los crímenes del comunismo (una cifra de víctimas muy superior a la tópica de 100 millones, más próxima a los 150 según el experto R. Rummel), con increíbles e irrepetibles comentarios.

España es el único país en Occidente que tiene comunistas tan significados y radicales (no solo del PCE, sino también de la secta podemita) en el Gobierno de la Nación.

Un poeta rumano definió al Surrealismo como la etapa superior del Comunismo. En un artículo anterior describí al primer fascista español, Ernesto Giménez Caballero, como un representante del surrealismo literario. Irónicamente, los últimos comunistas españoles son los máximos exponentes del surrealismo político. Un surrealismo, por desgracia, también criminal.

Manuel Pastor

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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