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Cuentos Filomenales

Charlton Heston, Moisés en 'Los Diez Mandamientos'.
Charlton Heston, Moisés en "Los Diez Mandamientos".

LA CRÍTICA, 11 ENERO 2021

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¿Qué pasa cuando se exige a los responsables (de lo que sea) que ‘hagan algo’ para resolver una situación… y resulta que ya lo hicieron, pero no les hicimos caso? Hay un cuento clásico que lo ilustra hasta para los más telealienados, vamos a por ello: (...)

Érase una vez un devoto ermitaño que vivía en un bosque dedicado a la oración.

Le llegan unos vecinos a avisarle de la inminencia de unas graves inundaciones, le advierten que se debe ir de allí con ellos, pero les contesta que está seguro de que El Señor no permitirá que a persona tan piadosa como él le suceda nada malo.

Unas horas después es el ejército el que se acerca a decirle que se vaya con ellos, que vienen inundaciones… se queda: seguro de que Dios le protegerá.

Vienen las previstas inundaciones, el agua inunda su choza y tiene que refugiarse en el tejado, desde donde sigue rezando para que Dios le ayude.

Pasan bomberos en una zodiac, pero sigue convencido: si se queda, Dios le protegerá.

Lo mismo con el helicóptero que se le acerca cuando ya se moja los pies en el tejado: Dios proveerá, está seguro.

En cuanto se aleja el helicóptero, se abren los cielos sobre su cabeza, y aparece una figura con un gran parecido a Charlton Heston en el papel de Moisés (debería parecerse, más bien, al Zeus de Fidias, pero esa referencia se perdió para siempre, y no está disponible para el Imaginario Colectivo) y, con voz tonante, le dice:

  • Pero, ¡vamos a ver! Para salvarte te he enviado vecinos, al ejército, bomberos, ¡y hasta un helicóptero! ¿Qué más tengo que hacer para que te salves?

Esto no es un chiste: se da el caso todos los días, pero de forma mucho más agria.

En estos días filomenales, cuando la tormenta Filomena a muchos nos ha dejado confinados-de-facto sin apelación posible, más de tres claman al gobierno, al alcalde, o a Dios (o a todos a la vez) para que les saquen del apuro en el que se han metido, por ejemplo, por ir en coche y sin cadenas por la M-40 bajo lo peor de la nevada. Y la respuesta que se merecen, por supuesto, es que las mejores medidas que podían tomar… ya las habían tomado días atrás al recomendar a la gente que se quedase en casa.

Después, ya no son soluciones, sino apaños: tener a ejército, bomberos y voluntarios de todos los pelajes trabajando hasta el agotamiento y más allá, en unas condiciones físicas incluso peligrosas, para sacarles del atasco, para llevarles mantas, agua, bocadillos… y para aguantar que ¡encima! les reciban con quejas por llegar demasiado tarde (para sus pretensiones), por lo exiguo de la cena o porque se lo han dado sin un gesto de amabilidad. Si a alguien le parece que esto último son exageraciones, que repase las declaraciones de las que se autodenominan ‘víctimas’ de esa situación en los interminaguantables telediarios de estos días.

Porque las verdaderas víctimas de estos episodios son los servicios públicos que trabajan y sufren (y a veces mueren) para resolver situaciones que podrían haberse evitado, con un poco más de sensatez de unos cuantos ciudadanos demasiado convencidos de ser derechohabientes.

Igual pasa con los socorristas de playas y piscinas, con los guardias de tráfico y, muy de actualidad en estos tremendos días, con médicos, enfermeros y resto de personal sanitario, que pueden, muy justamente, tener la impresión de que, demasiadas veces, están trabajando para que algunos descerebrados sigan cometiendo todo tipo de imprudencias, convencidos (con razón) de que alguien les sacará del apuro.

No olvidemos nunca que los listos son los que consiguen salir de los líos… en los que los inteligentes no se hubieran metido.

Una de las personas más inteligentes que he conocido me dijo una memorable vez (en Vigo, comiendo marisco en el Mercado da Pedra) que los Problemas de España son dos:

1.- Pensar que todo problema tiene solución.

Y 2.- Creer que, en último extremo, el Estado tiene que hacer algo.

El punto 1 es fácilmente rebatible: hay demasiados problemas sin solución como para necesitar ejemplos.

El punto 2… Tanto da si hablamos del Estado, como si el del Ayuntamiento, o del jefe, o de quién sea. Esa creencia es, en cualquier caso, un pesadísimo lastre a la hora de solucionar nuestros problemas. En otras palabras: es lo que nos puede impedir que tomemos las riendas de nuestras propias vidas.

Félix Ballesteros Rivas
11/01/2021
agente.provocador.000@gmail.com
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