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El Factor I-C-I en la crisis de la Democracia Americana

Manifestantes pro-Trump asaltan el Capitolio en Washington. (Foto: RTVE).
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Manifestantes pro-Trump asaltan el Capitolio en Washington. (Foto: RTVE).

LA CRÍTICA, 7 ENERO 2021

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(...) Escribo esto en vísperas de la polémica certificación de los votos del Colegio Electoral en el Congreso, y en medio del caos provocado por Antifa (infiltrados en la manifestación pro-Trump) del día 6 de Enero. Pasarán muchos meses o años antes de que conozcamos todos los detalles del fraude, la corrupción y los destrozos causados a la democracia constitucional más antigua del mundo. (...)

En Mayo de 2019, con motivo de mi jubilación, di una breve charla a mis colegas en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración, de la Universidad Complutense de Madrid, sobre “El Factor I-C-I en el análisis político” (I-C-I por Inteligencia-Contra-Inteligencia). Pocos días antes había publicado un artículo sobre el mismo asunto (v. Manuel Pastor: “El Factor I-C-I”, La Crítica, 24 de abril de 2019).

Me refería en ambos casos a la importancia de lo que el historiador de la Universidad de Cambridge, Christopher Andrew, reclamó hace años en el título de un libro suyo con David Dilks sobre la materia, “la dimensión ausente” (The Missing Dimension: Governments and Intelligence Communities in the Twentieth Century, 1984) en la historiografía política tradicional.

El profesor Andrew –hoy Emeritus– es autor de una vasta y valiosa obra sobre el Factor I-C-I en la Unión Soviética, el Reino Unido y los Estados Unidos.

Lástima que su prestigio académico haya quedado manchado por un artículo indigno que publicó en el Sunday Times de Londres el 29 de febrero de 2017, acusando falsamente a su ex alumna Svetlana Lokhova (hoy prestigiosa académica británica en estudios sobre el Factor I-C-I) de ser una espía rusa que había seducido mediante un típico “honey trap” al general estadounidense Michael Flynn –director de la DIA (Agencia de Inteligencia de la Defensa, o Inteligencia Militar)–, después de una cena con el propio Andrew y varios colegas en el campus de la Universidad de Cambridge en 2014.

Al mismo tiempo que escribía esto, Svetlana Lokhova resumía así el problema en un tweet (3 de Enero, 2021): “Documentos desclasificados en 2020 muestran al equipo Crossfire Hurricane del FBI, coordinado con el Sen. McCain, Chris Steele y Stef Halper para extender la falsa alegación de que yo era una espía rusa que sedujo al nuevo Consejero Nacional de Seguridad (General Flynn). El objetivo último era Donald Trump.”

He nombrado ya a los primeros responsables de esta triste “soap opera” política: el equipo del FBI encabezado por su director James Comey y el subdirector Andrew McCabe, con los integrantes del grupo golpista (destacadamente Peter Strzok y Lisa Page ) y otros altos funcionarios del departamento de Justicia (matrimonio Bruce y Nellie Ohr, fiscales Sally Yates y Rod Rosenstein).

Asimismo un zascandil RINO y traidor –no precisamente un héroe–, enfermo de envidia y resentimiento, el senador John McCain, experto en diseminar desinformación contra Trump, en este caso la contenida en el falso informe del ex espía británico Christopher Steele (autor del conocido como Steele Dossier financiado por Hillary Clinton).

El miserable papel, antes señalado, del profesor británico Christopher Andrew y del profesor/informador americano Stefan Halper, generando y divulgando la falsa historia del affair Lokhova-Flynn que coadyuvó a la falsa acusación de la “Trump-Russian collusion”, base de la investigación y el ridículo informe del consejero especial Robert Mueller, en cuyas manos estuvo de hecho la continuación del golpe (“paper coup”). Y base asimismo del Fake Impeachment, alentado por los congresistas Demócratas y liderado por el presidente del Comité de Inteligencia en la House, Adam Schiff.

Las investigaciones de Devin Nunes (Nunes Memo, 2018), de Lee Smith (The Plot… 2019; The Permanent Coup… 2020), y de Svetlana Lokhova (Spygate Exposed, 2020), así como la documentación desclasificada en 2020, apuntan a una operación de espionaje y golpismo de la que estaban puntualmente informados también el presidente Obama, el vicepresidente Biden, el director de la CIA John Brennan, el director de Inteligencia Nacional James Clapper, y otros miembros del gobierno obamita (Susan Rice, Denis McDonough, etc.).

Aunque adelanté algunos de estos hechos en un artículo sobre el bravo congresista portugués-americano Devin Nunes* (v. Manuel Pastor: “Un portugués azul en el grupo rojo del Congreso USA”, La Crítica, 25 de Noviembre, 2020), primero en destapar y denunciar el espionaje e intento golpista contra el presidente legítimo Donald Trump por las propias instituciones de la I-C-I estadounidense (FBI, CIA, DNI, FISA), quiero subrayar aquí que toda la operación no fue un mero ataque, por supuesto anti-constitucional, contra la personalidad política y la presidencia de Trump, incluido el intento fallido de un Fake Impeachment (basado en una operación de inteligencia, la desinformación del Steele Dossier sobre la presunta “Trump-Russian collusion”).

Ha sido y sigue siendo –mientras escribo– también una carga en profundidad contra la Democracia Americana, cuyas gravísimas consecuencias son la crisis sistémica, de legitimidad, y crisis constitucional que estamos presenciando en estos días, a partir del gran fraude electoral del 3 de Noviembre pasado, último acto de esta operación sostenida contra la Democracia Americana.

Escribo esto en vísperas de la polémica certificación de los votos del Colegio Electoral en el Congreso, y en medio del caos provocado por Antifa (infiltrados en la manifestación pro-Trump) del día 6 de Enero. Pasarán muchos meses o años antes de que conozcamos todos los detalles del fraude, la corrupción y los destrozos causados a la democracia constitucional más antigua del mundo.

La bibliografía sobre el golpismo y el “Estado Profundo” en los Estados Unidos es ya considerable, y yo mismo he hecho algunas modestas aportaciones de artículos para La Crítica. Lamentablemente la Democracia Americana ha dejado de ser modélica por el alto grado de corrupción que la anega. Los análisis futuros deberán tener más en cuenta el Factor I-C-I para ofrecer explicaciones plausibles a los procesos de degeneración democrática en ella.

Aparte de los integrantes mencionados del Deep State, el espionaje y golpe contra Trump ha sido posible también gracias al apoyo de los medios de comunicación liberal-progresistas (New York Times, Washington Post, CNN, MSNBC…), las grandes corporaciones Big Tech, y los arrogantes y elitistas medios “conservadores” pro-Establishment (Wall Street Journal, National Review…), afectados del TDS-Trump Derangement Syndrome, en sintonía con la tropa de los RINO y los NeverTrump (donde destacan los resentidos y fracasados en sus aspiraciones presidenciales, los senadores John McCain y Mitt Romney, y asimismo los ex gobernadores Jeb Bush y John Kasich), jaleados por políticos desleales, cobardes y oportunistas, de ambos partidos, y toda la patulea de la charca pantanosa y corrupta (The Swamp), e intelectuales super-elitistas, alérgicos al populismo positivo trumpista, tipo George F. Will, Bill Kristol, etc. (a los que hoy ya no lee casi nadie).

La corrupción y el golpismo no son nuevos en la política americana. Sin remontarnos a tiempos más lejanos, 1960 es el punto de inflexión en la política contemporánea con la elección fraudulenta de John F. Kennedy (S. M. Hersh, 1997), y el golpismo “silencioso” contra Richard Nixon años más tarde (L. Colodny & R. Gettlin, 1991; R. Locker, 2019).

Joe Biden encarna perfectamente esa siniestra tradición vinculada al Partido Demócrata. Como senador católico de la Costa Este durante casi medio siglo, de ancestros irlandeses, se encuadra perfectamente en el selecto club de los kennedianos (junto a los hermanos John, Robert y Edward Kennedy, John Kerry, Cristopher Dodd, etc.). No es casualidad que tras la nominación de Obama como candidato presidencial en 2008, con el importante aval del clan Kennedy, la hija del presidente asesinado, Carolina Kennedy, fuera la encargada de seleccionar a Joe Biden como candidato a la vicepresidencia. A pesar de que en las elecciones primarias el senador de Delaware solo había conseguido un ridículo 1% de votos, y además había cometido varios “gaffes”, alguno incluso anti-Obama.

Los analistas políticos e historiadores deben investigar la “missing dimension” del caso Biden, sus sospechosos compromisos con China, Rusia y Ucrania, mediante la corrupción multimillonaria de su hijo Hunter Biden. Tony Bobulinski, socio de Hunter y del hermano del vicepresidente, Jim Biden, en los negocios con China, ha testificado que Joe Biden era perfecto conocedor del asunto y habría comentado cínicamente que su posición de defensa era simple: “negación plausible” (plausible deniability).

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*Mientras escribía esto, aparecía la noticia de la concesión al congresista Devin Nunes de la prestigiosa Medalla de la Libertad por su valiente trabajo como Presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, reflejado en el mencionado Nunes Memo (2018) (v. The Wall Street Journal, Jan. 5, 2021, pp. 1 y 6).

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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